En la zona de definición de un campo de golf, llamada green, los deportistas deben extremar su precisión para embocar la bola en el hoyo. Es una área muy sensible del campo y, por lo tanto, puede suceder que los jugadores no concreten el objetivo en un solo tiro, realizando golpes que pueden quedar cortos o largos antes de conseguirlo. Gracias al sistema de handicap, en ciertos torneos, jugadores de un nivel intermedio pueden competir con otros mejores sin una clara supremacía en el resultado de unos sobre otros. Cada uno tiene un nivel de handicap, según sus resultados históricos y, en base a esa puntuación, a los de mayor capacidad se les descuentan tiros al inicio del partido para equilibrarlos con los de menor nivel y así todos los participantes pueden ser competitivos.

Al trasladar ese esquema a nuestra economía y, en particular, a las proyecciones que realizan las consultoras más difundidas en los medios de comunicación podemos hacer una analogía. A fin de cada año, los consultores comienzan a hacer públicas sus proyecciones de inflación (y de las principales variables macroeconómicas) para el siguiente año. Lo que viene sucediendo, en los últimos cuatro años proyectados (2016, 2017, 2018 y 2019), es que los pronósticos de todos los participantes, reconocidos como economistas serios, siempre se quedan muy cortos y, a diferencia de los golfistas profesionales, van necesitando demasiados golpes para ir acercándose al valor definitivo. Siempre se van arrimando poco a poco en una misma dirección, como haría un principiante en el golf que sea extremadamente temeroso al llegar al green.

En definitiva, a pesar de haber estudiado la materia y ser reconocidos como expertos, carecen de mayor capacidad de proyección que alguien sin estudios universitarios.

Pero más notable aun es el efecto contagio porque todos los participantes, aun los de mayor experiencia y reconocida trayectoria, actúan de una manera siempre errática en igual sentido. En este caso, un sistema de handicap, posiblemente podría posicionar mejor a muchos consumidores o empresarios que, sin un profundo conocimiento de teorías económicas y del comportamiento histórico de la economía nacional, podían sospechar, por ejemplo, que tras la suba del dólar de alrededor de un 40% a fines de 2015 y, con anuncios de quitas de subsidios y fuertes aumentos de tarifas de servicios públicos, la inflación superaría el rango de 28%/33%, como en ese momento las consultoras difundían.

También era raro que, tras el 41% de inflación de 2016 (valor registrado por las Cuentas Nacionales del INDEC), todas las consultoras proyectaran niveles inferiores al 20% en el siguiente año cuando todavía quedaban importantes subas de tarifas y una inercia inflacionaria muy relevante. Y lo de 2018 ya fue un horror. Después de quedarse muy cortos dos años consecutivos, en el tercero, con el mismo gobierno a cargo de la administración, subestimaron todavía muchísimo más la problemática inflacionaria. A fines de 2017, todas las consultoras que difundían sus proyecciones en los medios de comunicación calculaban entre 14% y 18% de inflación y terminó siendo tres veces mayor en 2018 (47,6%).

Es muy extraño que ninguna consultora en los cuatro años de gobierno de Cambiemos se haya quedado larga a la hora de proyectar la inflación

Por último, las proyecciones de 2019 tampoco fueron influidas por los tres antecedentes más cercanos de haber sobreestimado la capacidad del gobierno para bajar la inflación y volvieron a errar en el mismo sentido. O sea, como golfista temerosos, sus golpes siempre fueron demasiado suaves. Así, de vuelta, en los últimos meses registraron márgenes enormes de diferencia entre lo que proyectaban a fines de 2018 y lo que estiman ahora. En diciembre pasado, difundieron proyecciones con un rango entre el 25% y el 29% y, como los años anteriores, vienen mes a mes subiendo su estimación y ya dan cuenta de un nivel más realista en torno al 40%. En este último caso, los errores son aun peores no solo por reiterar los golpes débiles, sino porque no se registraron cambios en el escenario global o local relevantes que hayan cambiado sustancialmente las condiciones económicas, como sí ocurrió en 2018 por la sequía y la abrupta fuga de capitales de inversores internacionales.

Es muy extraño que ninguna consultora en los cuatro años de gobierno de Cambiemos se haya equivocado en sentido contrario y el valor registrado oficialmente haya quedado por debajo de la proyección. Desde ya, la economía nacional es muy volátil y, por lo tanto, es complicado realizar proyecciones que después se materialicen, pero alguna influencia debe operar para que el sentido de la equivocación siempre sea el mismo. En especial, porque, durante el gobierno anterior, las proyecciones también eran erradas pero en la dirección opuesta (eran como golfistas fornidos sin capacidad para controlar su fuerza), considerando, por supuesto, indicadores alternativos a los del INDEC que no ofrecía cifras para nada confiables.

Es así que todo indica que predomina un interés particular por encima del rigor profesional o aplican marcos conceptuales que no aplican a nuestra economía.

Lo triste y que requiere la mayor atención es que no sea una verdad revelada esa clase de comportamiento y que empresarios de todo tipo, medios de comunicación, políticos y consumidores que buscan información para evaluar sus decisiones sigan tomando como referencia válida a esas proyecciones sin los cuestionamientos más elementales.