Mucho se conjetura sobre los cambios de conducta generados por la pandemia y la cuarentena. Es probable que se instalen algunas modificaciones de los hábitos, especialmente tecnológicos; también secuelas emocionales normales o directamente problemas como el estrés postraumático, fobias y depresiones

Terminada la pandemia, muy probablemente no se produzcan grandes cambios de la conducta social aunque sí  existirán modificaciones culturales. Incluso se observan ya actitudes paradojales, personas que se liberan, incumpliendo las consignas preventivas, como puede observarse en algunos grupos alocados de la población, que desobedecen  las premisas de contagio. 

Los procesos habituados son actividades no pensadas, pero controladas por nuestra corteza cerebral en las cuales ahorramos energía consciente, dado que son rutinas que realizamos todos los días. Es por eso que el sistema nervioso no gasta en pensamientos colaterales que enlentecen y dificultan acciones conocidas. Que los actos sean inconscientes, favorece su operatividad y velocidad al no tener la intromisión del pensamiento.

Los hábitos son actividades complejas que realizamos de forma inconsciente: una vez aprendidas ciertas conductas, pueden ser pensadas como comunes. Se trata de actividades que pueden ser tanto positivas (realizar actividad aeróbica, bañarse en forma rutinaria, etc.) como perjudiciales (jugar compulsivamente con el celular o fumar o lavarse patológicamente las manos).

Se coincide por lo general que todo hábito implica una primera toma de decisión consciente, que luego se va transformando en un pensamiento inconsciente aprendido e incorporado en la subcorteza cerebral (cuerpo estriado). Esto permite realizar actividades complejas sin tomar conciencia de ello, como por ejemplo ponerse un barbijo o manejar un auto, lavarse con alcohol las manos, sin pensar demasiado.

Qué pasará cuándo se flexibilice la cuarentena

Pero finalizada la cuarentena, muy posiblemente se suspenda la mayoría de los hábitos pero puede volverse a otro anterior olvidado, confirmando que las conductas habituales están mucho más arraigadas en nuestra memoria que lo que generalmente se considera.

La pandemia impacta en todas las culturas del mundo como nunca. Aunque ya se observan diferentes respuestas regionales. La Investigación Cerebral Transcultural es un área que investiga hasta dónde y cuánto influyen los marcos culturales, por cierto muy disímiles 

Decía el novelista y ensayista francés André Maurois que la cultura es lo que queda después de haber olvidado lo que se aprendió. En cierto modo eso es cierto, pues la cultura es un proceso social que interrelaciona lo aprendido y a la vez esa sociedad transfiere las informaciones aprendidas a través de la copia y la innovación posterior; es decir un aprendizaje nuevo que vuelve a transmitirse.

Diferentes culturas pueden enmarcar su cognición general sin grandes modificaciones entre regiones. Sin embargo existen diferencias cognitivas específicas interculturales.

El confinamiento, una medida adecuada y exitosa, no es la única posibilidad. Una vez agotada la habituación social para su cumplimiento estricto existen otras dos, barreras mecánicas y testeos de poblaciones. 

Existen varios estudios que han planteado diferencias entre oriente-occidente. La cultura oriental en diferentes estudios muestra a las personas con un pensamiento holístico destinado a lo general. Mientras en el funcionamiento occidental se prioriza lo singular e individual por sobre lo grupal. Quizá esta conducta grupal se observe en la aceptación general del barbijo y medidas de distanciamiento e higiene. Aceptadas masivamente en las culturas occidentales, sean de capitalistas o no.

Esta pandemia no será eterna y probablemente pase al olvido, como sucedió en otras pandemias; "muerto el perro se acabara la rabia".

La nueva normalidad y la historia

Hemos pasado muchas pandemias en la humanidad, el genial Pericles, el gran emperador romano Marco Aurelio, el Rey español Alfonso XI, murieron por graves epidemias. También el Artista Gustav Klimt por gripe española, Fredy Mercury por HIV, murieron en respectivas pandemias del siglo pasado, así como otras millones de personas. Superadas estas, no existieron grandes cambios en las conductas de la población, volviendo a la normalidad anterior.

Una última gran pandemia mundial fue la del 1981 cuando se descubre el Sida. Con casi el cien por ciento de letalidad en su momento, con grandes cambios de hábitos coyunturales. Hoy ya pocos la recuerdan, sin embargo no existe y no se produjo una vacuna. Lo tratamientos adecuados disminuyeron la letalidad y el contagio, la población casi lo olvido. A pesar que todavía deberíamos recordar los métodos que se manejaron para evitar que el HIV se difunda.

Primero, la protección mecánica en este caso el preservativo, sería equivalente el Barbijo. El cual increíblemente desaconsejó la OMS en personas asintomáticas en el comienzo de la pandemia. Segundo el distanciamiento, equivalente a la limitación de las relaciones sexuales, evitando la mayor cantidad de contactos y con personas desconocidas, algo equivalente al "distanciamiento social".

Por último los testeos, fuertemente propuestos en la pandemia de Sida a través de anticuerpos o la identificación directa del virus, cuestión de la cual la OMS no presentó como una política demasiado activa para el diagnóstico correcto y el aislamiento de los positivos. Algo sucedió que no se generaron pautas similares a la gravísima pandemia que fue la del HIV.  

De todos las medidas se aposto fuertemente a la segunda como distanciamiento, que debió llamarse físico; pues si algo no debemos perder es la importancia de lo social. Pues las palabras importan y más en cuestiones repentinas, emocionales y con impacto en toda la sociedad.

El confinamiento, una medida adecuada y exitosa, no es la única posibilidad. Una vez agotada la habituación social para su cumplimiento estricto existen otras dos, barreras mecánicas y testeos de poblaciones. 

El covid-19 es una enfermedad con gran prensa y difusión. Esto generó un gran impacto cultural con cambios en los aprendizajes. Pero sufrió de infodemia, sobrecarga de información y miedo, generando sensibilización social y dirigencial.

No debe prejuzgarse a la población con respecto a la capacidad de aprender nuevos hábitos. El uso generalizado del barbijo casero ha demostrado que tenemos armas sociales con muy buen respuesta poblacional. A pesar de algunos mensajes confusos como nombrar como "tapaboca" a un elemento mecánico de debe también tapar la nariz. 

El manejo de un lenguaje comprensible es muy importante para la trasmisión de los hábitos sociales Barbijo social o casero podría ser más adecuado. Distancia física y no social haría más comprensible las consignas para el entendimiento de la necesidad de hacer una barrera mecánica pero a la vez estar más conectados que nunca en esta pandemia, en especial con los adultos mayores.

El manejo de los hábitos se torna imprescindible a la hora de tomar las barreras mecánicas y el distanciamiento como prioritarios. Comprendiendo que esto no será eterno y que no cambiara nuestras costumbres sociales en forma eterna.  

Otro hábito mecánico que han adquirido las poblaciones de trabajadores de las salud es la máscara, que sumado al barbijo aumenta la protección y genera cuidado de los ojos, otro zona de contagio. Es de bajo costo y duradera.

Quizás debería plantearse su utilización en otras poblaciones vulnerables como son los trabajadores esenciales en su viaje. Quizá una posible barrera mecánica, todavía no explorada masivamente en personas expuestas en viajes en el trasporte público.

*    Doctor en Medicina y Filosofía. Prof. Titular UBA. CONICET

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