Hemos tratado en otras oportunidades, el proceso en curso de transformación de las relaciones económicas y financieras entre las naciones -y de los modelos de acumulación de capital al interior de estas- que evidencian el surgimiento de un Nuevo Orden Internacional (NOI).

Atrás queda la globalización que, como orden hegemónico excluyente durante tres décadas, en términos de representaciones políticas, predominantemente se expresó a través de formaciones de identidad neoliberal o socialdemócrata, que disputaron el acceso a las riendas de los estados en el marco de las democracias representativas, como tendencia general.

Reaccionando al aumento de la desigualdad por la brutal concentración de la riqueza y el ingreso, los grupos sociales perjudicados (o directamente excluidos) fueron poniendo límites al antiguo orden, determinando la emergencia de nuevas expresiones políticas, generalmente de sesgos nacionalistas.

Los enfoques que hoy parecen erigirse como caminos de superación de los antiguos idearios representan, esencialmente, la posibilidad de la restitución de las esperanzas del bienestar para los contingentes castigados en el pasado reciente.

Pero, en no pocas oportunidades, esta aspiración a la ampliación de la prosperidad demarca también una nueva línea imaginaria que, establecida desde determinadas visiones ideológicas, define a priori a los actores que serán excluidos de la distribución de los beneficios: total, como no los merecen, no participarán de la distribución de los dólares.

Y no hablamos del papel moneda (aunque quede abarcado), sino a su conversión en bienes y servicios.

Esta visión, factor común con el globalismo hoy en retirada para nada es novedosa, como quedó palmariamente graficado en las expresiones de un ex presidente del Banco Central de la República Argentina, sobre que no es posible, para un empleado medio, que su sueldo sirva "para comprar celulares, plasmas, autos, motos e irse al exterior".

Estos tiempos de redefinición de las representaciones entrañan tanto la posibilidad de irrupción de los nacionalismos de exclusión1, como la oportunidad de parir proyectos nacionales integradores e inclusivos.

Nuestra Patria seguramente no quedará ajena a estos itinerarios.

Lo que fue fue

El sustrato en términos económicos de la globalización, principalmente, lo constituyó el aumento de la productividad que algunos grupos empresarios lograron mediante la internacionalización de las cadenas de producción, que aprovechando los bajos salarios pagados en otras partes del mundo, abarataban sus mercancías, aumentaban la producción y la comercializaban en un único mercado que abarcaba el orbe.

Como mencionamos, ese esquema no estuvo exento de perjuicios, afectando incluso a aquel país que aparentaba ser el principal beneficiario, provocando una profunda crisis en sus complejos industriales locales e impactando, como correlato, en el ámbito de la representación política.

En este marco debe leerse la irrupción de D. Trump en la presidencia de los Estados Unidos, que termina de consolidar la direccionalidad definitiva del Nuevo Orden Internacional, basado en modelos desarrollo que, poniendo en valor sus propios vectores nacionales, expresan en términos políticos (con sus matices) la reconfiguración de los actores sociales y las nuevas alianzas en las que convergen.

Civilización y barbarie

La recurrente experiencia argentina de los ciclos de stop & go lleva implícita la disputa entre diferentes grupos sociales por la distribución de "los dólares", que recrudece en los momentos de evidente restricción externa.

En la medida que la apropiación de las divisas es ilimitada para los sectores de mayores ingresos, se experimenta, como contrapartida, la inaccesibilidad para otros segmentos poblacionales.

Esta fue la disputa que dio paso al gobierno que hoy termina, que mantuvo la premisa, hasta donde pudo, de suministrarlas en forma irrestricta a los sectores más pudientes.

Bajo ese común denominador se desarrollaron tres etapas distintas durante el gobierno de Cambiemos:

  • la inicial, de sesgo oligárquico, que culmina con el cierre de los mercados voluntarios de crédito en abril de 2018 y la reimplantación generalizada de los derechos de exportación;
  • la neoliberal, nacida del acuerdo Stand By firmado con el FMI hasta su derrumbe en las elecciones PASO, y
  • esta última etapa, que sólo puede definirse por su incoherencia e improvisación.

La probada impericia del "mejor equipo de los últimos 50 años", se superpuso con un equivocado diagnóstico de los acontecimientos mundiales, que condenó al fracaso a los tres períodos descriptos.

Del ciclo de la Alianza Cambiemos podemos extraer, en síntesis, dos conclusiones destacadas, posibles orientadoras de acciones futuras:

  • sobre la base de la identificación de sectores sociales a excluir del consumo, ha sido posible construir, aun conteniendo intereses contrapuestos en su seno, primeras minorías políticas circunstanciales, y
  • ningún esquema económico basado en el libre flujo internacional de bienes y servicios es viable en la actualidad para nuestro país.

Debemos estar todos los que somos

Como venimos describiendo, los modelos exitosos del presente se encarnan bajo la identidad del nacionalismo, que también, en sus variadas versiones, expresan la tensión entre enfoques en que "los dólares" son sólo para algunos y aquel que, como han sostenido tradicionalmente los movimientos populares argentinos y en el plano internacional promueve el papa Francisco, pugna para que todos accedan al consumo de bienes y servicios esenciales.

Es necesario recordar que, pese al desastroso panorama económico dominante, hubo una notoria recuperación del oficialismo saliente en el período transcurrido entre las elecciones PASO y las Generales, que le permitió captar 2,3 millones de nuevos votos.

Este fenómeno tuvo, entre otros factores determinantes, un decisivo aporte del endurecimiento de un discurso "supremacista y agresivo" hacia los actores que no acompañan a su alianza, ratificando la posibilidad, en términos políticos, de emergencia de mayorías circunstanciales capaces de imponer proyectos de exclusión.

Así será el "carácter" de la oposición en el período que se abre.

Si el esquema económico vuelve a asentarse en los perimidos postulados del "Consenso de Washington", no hay dudas que sus posibilidades de materialización son nulas.

Pero, el verdadero desatino para nuestra Patria, sería la emergencia de un proyecto de nacionalismo excluyente que, asentado en una mayoría que corte transversalmente a la Argentina, construya un modelo económicamente viable pero socialmente selectivo, profundamente injusto y moralmente inaceptable.

De allí que el diseño y puesta en marcha de un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS), con orientación a la producción, capaz de objetivar un nacionalismo de integración e inclusión, resulta más que urgente: indispensable.

*MM y Asociados