En estos días de convulsión otra vez en el mercado cambiario es central buscar referencias para determinar en qué medida existe atraso cambiario, antes de tomar decisiones apresuradas.

La primera aclaración relevante es que el tipo de cambio de equilibrio o sustentable es el que, con el nivel de precios actuales, permitiría equilibrar la cuenta corriente del balance de pagos (es la que computa todo el intercambio de bienes, servicios, rentas y transferencias con el resto del mundo) o que arrojaría un nivel de déficit que podría ser financiado, sin complicaciones severas, a través de la cuenta financiera o el ingreso de capitales por inversión extranjera directa.

En la actualidad, dado que el Riesgo País tiende a subir (ronda los 900 puntos) por el alto grado de endeudamiento y deterioro productivo reciente, el tipo de cambio de equilibrio debería eliminar el déficit de cuenta corriente dado que no existe prácticamente margen de financiamiento.

El último dato oficial del INDEC reveló que el rojo alcanzó 3.849 millones de dólares en el primer trimestre de 2019, que anualizado implicaría un déficit equivalente a alrededor del 3% del PBI. Si no pudiera revertirse el saldo negativo, las reservas comenzarían a caer para financiar el desequilibrio y ese escenario no podría sostenerse por mucho tiempo debido a que generaría una salida de capitales que acentuaría la inestabilidad y, por lo tanto, las posibilidades de superarlo.

Ahora bien, mientras haya financiamiento por parte del FMI y un elevado nivel de reservas como el actual, hay ingresos de capitales financieros internacionales para aprovechar las muy altas tasas que paga el país y, de esa forma, la inconsistencia no queda expuesta tan brutalmente. Por supuesto, esta dinámica no es sustentable y provoca una mayor tensión que en el futuro desencadenará aún peores corridas cambiarias y una crisis de mayor envergadura. Por lo tanto, es central preguntarse cuál sería el dólar de equilibrio para poder dimensionar qué tanto atraso se viene acumulando.

El tipo de cambio a julio debería ser $54,70, pero no significaría equilibrar las cuentas externas

Para hallar el último período extenso (al menos de un año) con una cuenta corriente equilibrada hay que remontarse al año 2012, cuando el déficit había sido inferior al equivalente del 0,4% del PBI de ese período. Desde ya, los elevados precios de los recursos naturales, en especial de la soja (en promedio, en 2012, cotizó a 590 dólares por tonelada y, en el primer semestre de 2019, su precio medio fue de 365 dólares), contribuían en cierta medida a ese buen resultado. Además, en ese año ya regía la administración cambiaria, conocida como cepo, que generaba ciertas distorsiones de precios que complejizan la comparabilidad y la administración de las importaciones era mucho más restrictiva que la actual. Para encontrar un período con una cuenta corriente equilibrada, precios de los recursos naturales en niveles no tan alejados a los del último semestre y una regulación macroeconómica no tan diferente al estándar actual, habría que tomar como referencia el año 2010. El tipo de cambio (pesos/dólares) promedio anual de ese año fue de $3,97 y el precio de la soja promedió 449 dólares por tonelada.

Entonces, con los precios actuales de los principales productos de los mayores complejos exportadores de origen primario, ¿cuál sería el tipo de cambio de equilibrio?

El tipo de cambio de equilibrio, a julio de 2019, debería ser de $54,70. Es muy importante considerar que el mismo no implica que, si llegara a ese valor, se equilibrarían las cuentas externas. Es un valor hipotético que da cuenta del atraso relativo del valor del dólar en cada momento respecto al resto de los precios de la economía. En la práctica, el equilibrio no se alcanzaría con un corrimiento del tipo de cambio vigente al valor del tipo de cambio de equilibrio, dado que ese movimiento desencadenaría otros ajustes bruscos de precios. Es un valor teórico que sirve para observar la magnitud del atraso cambiario y, por consiguiente, las necesidades de financiamiento que requerirá el país si no se producen cambios relevantes en el funcionamiento de la economía. Estas modificaciones no necesariamente deben referirse a ajustes de la demanda para comprimir las importaciones y generar algún saldo exportable mayor, sino que también pueden implicar cambios distributivos en favor del desarrollo productivo que permitan un incremento de las inversiones y, por consiguiente, de la productividad.

El tipo de cambio que realmente equilibraría el resultado externo no es un valor posible de calcular dado que, en un sistema dinámico, el ajuste de los precios es interdependiente y está sujeto a fuerzas de mercado que responden a factores políticos que no se pueden matematizar.

No obstante, en el siguiente gráfico puede apreciarse claramente que en los últimos años ha habido períodos de atraso cambiario considerablemente más importantes que el vigente hasta julio de 2019. Sin embargo, haber atrasado el tipo de cambio casi 22 puntos en los últimos diez meses es un fenómeno que, por su intensidad, no se había presentado en los últimos años y que da cuenta de la enorme volatilidad que sufre la economía nacional actualmente y que ha provocado que el dólar haya regresado a casi $46,70.

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