El Gobierno tiene todo el andamiaje electoral armado pensando en confrontar con Cristina Fernández de Kirchner. Espera sólo media palabra más de la ex mandataria para empezar a profundizar la estrategia de polarización que es parte de la campaña permanente del macrismo. Cristina provoca efectos en los principales actores partidarios y actúa como ordenadora de las candidaturas: le facilita el discurso a Cambiemos pero también interpela al peronismo en sus diferentes variantes, acelera las decisión y a la vez angosta el margen de acción de los postulantes de ese espacio porque los obliga a generar un discurso propositivo y no anti. El trofeo del discurso antimacrismo recae sin dudas en Cristina, aún sin anunciar su postulación. Y el macrismo se lleva las parrafadas de la herencia recibida, no volver al pasado y las construcciones discursivas complementarias para sostener la polarización. Un problema para el peronismo alternativo, el que plantea que “hay otro camino”.

¿Quién quiere ser acuerdista?

A esta altura del cronograma electoral, el planteo oficial de alcanzar un acuerdo de diez, nueve, ocho o cuatro puntos parece haber sido una cortina de humo. El Gobierno consiguió su principal objetivo, que fue sacar por unos días del centro de la escena la discusión del tema económico. No fue causal el momento elegido. Fue justo en la previa de la presentación del libro de Cristina Fernández en la Feria, con lo cual forzó a la ex presidenta a responder, a su manera, claro: citando a José Ber Gelbard y convocando a un “contrato social” en lugar de un “pacto de caballeros”. Con ese esquema, Cristina contrapuso la fraternidad dirigencial con el acuerdo “popular”, el palacio y la calle, un espacio que disfruta y maneja con soltura, como se vio cuando dirigió la batuta de la gente coreando el pedido de que se postule.

Lo extraño no fue que Cristina, como Roberto Lavagna y Sergio Massa, huyera de la foto del acuerdo sino que fueran otros aspirantes a cargos electivos por la oposición, en plena campaña. “El juego de los políticos es diferenciarse, no homogeneizarse. No es el momento para convocar a un acuerdo; estamos un año tarde o un año temprano”, razonó el politólogo Gustavo Marangoni, ex presidente del Grupo Provincia, en diálogo con el programa “Números Primos” de radio AM Con Vos.

El planteo de Marangoni, quien fue estrecho colaborador de Daniel Scioli, tiene otro condimento: si el gobierno de Mauricio Macri y Marcos Peña estuviera realmente convencido de que ante una crisis hay que hacer un frente común con sectores de la oposición, hubiese realizado la convocatoria antes de acudir al auxilio del Fondo Monetario Internacional (FMI). Claramente, se trata de un decisión que compromete a más de de una gestión de gobierno, se reelija o no, y se hizo en 2018, un año libre de definiciones electorales.

El Gobierno hizo un gran esfuerzo para colocar la política en la centralidad de la agenda, que inevitablemente volverá esta semana a los números cuando se conozca la cifra de inflación de abril y se pondere el derrotero de los productos esenciales, precios cuidados y otras muletas para hacer andar el programa económico, a pesar de que Macri insista en que “es por acá”.