La discusión acerca del rol del Estado perdió sentido en la última semana. Suspensión de clases, medidas sanitarias, acciones para moderar el impacto económico, sanciones para quienes incumplen la "medida excepcional en un momento excepcional" y finalmente, la cuarentena más severa que se puede imponen en la Nación. Todas medidas tomadas por el gobierno nacional con acuerdo de legisladores y mandatarios en busca de contener el avance de la pandemia de coronavirus en el país.

El presidente Alberto Fernández, flanqueado por el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof; por el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta y por los gobernadores de Santa Fe, Omar Perotti, y de Jujuy, Gerardo Morales, hizo el anuncio más dramático. Oficialistas y opositores dando una lección de convivencia y de sostén de un Estado presente.

El Gobierno tuvo la virtud de informar con solidez, con altura, sin discusiones personalistas, y puso a sus ministros como las caras visibles de todas las decisiones de gestión. Fernández incluso, se hizo cargo de lo que falta: el sector informal, el más débil en la cadena de protección. Medidas de protección social, sanitaria, económica. Sectorizadas y generales. 

El Estado cobró protagonismo para fijar precios máximos, garantizar el abastecimiento, organizar la repatriación de argentinos en un escenario de cierre global de fronteras y limitar los movimientos de quienes, en forma increíble, consideraban todavía que el país estaba en un fin de semana largo como cualquier otro. 

Gobierno y oposición se anticiparon a las demandas de protección de la sociedad. Esta vez, la dirigencia política estuvo un paso adelante.