Para el gobierno electo de Alberto Fernández, el primer paso económico será reestructurar la deuda externa. En el equipo de Alberto saben que es imposible bajar la pobreza o hacer crecer de vuelta el país si primero no se resuelve un plan de pagos con los acreedores. La razón es simple: la herencia que le deja la administración Macri es la más desastrosa que recibirá un gobierno peronista en toda su historia, por lo que reestructurar es el primer paso necesarios pero no suficiente para ordenar todas las variables macroeconómicas. Los números muestran la magnitud del endeudamiento: el gobierno entrante deberá enfrentar vencimientos por US$223.000 millones, de los cuales 173.000 millones están nominados en moneda extranjera, lo que hace que sea imposible para la Argentina pagarlos. En este contexto, los vencimientos de deuda de algo más de US$ 50.000 millones que deberán ser devueltos al FMI (préstamo que va hacia una segura refinanciación) se concentran en 2022 y 2023, cuando se deberán desembolsar unos US$45.000 millones. Un escenario de catástrofe si no se llega a un acuerdo preliminar antes del segundo semestre de 2020.

Pero lo cierto es que el Fondo no es el verdadero problema -organismo multilateral que al fin y al cabo tiene un rol mas geopolítico que financiero y que acordará según lo que se decide entre sus accionistas en su oficina central de Washington-, sino los acreedores privados, quienes fueron la gota que horadó la piedra de las arcas argentinas en casi todas las cortes del mundo occidental. Lo sabe sobre todo Alberto Fernández, quien recuerda cómo fue la etapa de la reestructuración que culminó en el canje de 2005, cuando él era jefe de Gabinete de Néstor Kirchner durante la primera oferta de canje en septiembre de 2003, en la cual se reconoció como "deuda elegible" un monto de US$81.800 millones, compuesta por 152 bonos, emitidos bajo ocho legislaciones (Argentina, Estados Unidos, Inglaterra, Japón, Alemania, Italia, España y Suiza) y nominados en seis monedas distintas (peso argentino, dólar estadounidense, euro, yen, libra esterlina y franco suizo).

¿Que hará Alberto? Aún nadie lo sabe con certeza. Pero quizás tengan un indicio los abogados Cleary Gottlieb Steen & Hamilton, quienes representaron al país en la disputa entre los fondos buitres y los holdouts en Nueva York durante buena parte del kirchnerismo y que de acuerdo a fuentes del mercado, ya estarían analizando escenarios posibles para los fondos de inversión. La estrategia a seguir, afirman quienes saben, no distara demasiado de la llevada adelante en 2003-2005: los negociadores argentinos procurarán generar divisiones y acentuar las diferencias tanto al interior del grupo de bonistas, como entre estos y el FMI.

Divide y reestructurarás

La madre de todas las batallas será la negociación con los privados. Y para eso el gobierno de Alberto y Cristina Fernandez seguiránn el "manual de Néstor": invitar al diálogo a numerosas organizaciones -incluso las más pequeñas- y poner en tela de juicio la representatividad de las mayores como táctica para mantener los reclamos atomizados y debilitar así la posición y el poder de negociación del conjunto. Quizás inlcuso vuelva la teoria del "bolsillo único" del entonces ministro de Economía, Roberto Lavagna, quien mostraba la contradicción de intereses de los bonistas, la cual justificaba la oferta de canje "poco amigable". Lavagna sostenía en ese momento que cualquier mejora que atendiera los pedidos de los acreedores implicaría una afectación del ritmo de cancelación de vencimientos con el propio FMI, debido a que el país no podía afrontar simultáneamente ambas obligaciones financieras sin afectar el carácter privilegiado del organismo multilateral. Un argumento que ahora parece tener más peso que en 2003, ya que la Argentina es el mayor deudor del mundo del FMI. Esa realidad, parece favorecer cada vez más a la Argentina en el nuevo Fondo Monetario de Kristalina Georgieva, que mira con lupa la cuenta que dejó sin pagar su antecesora Christine Lagarde.

Jugar a la grieta = no es con todos

En el mercado ninguna deuda es abstracta y los acreedores siempre tienen nombre y apellido. Y mas allá de los gastados nombres de los fondos buitres - con Paul Singer a la cabeza- el grueso de la reestructuracion se decidiraá como en 2005, por tres grandes grupos y abogados de tenedores de deuda: los minoristas autoconvocados (guiados durante el primer canje de deuda por letrados como Mauro Sandri, que representaba a mas de 100.000 bonistas), los minoristas con representación mediada (como los patrocinados por Nicola Stock, quien representaba a 420.000 bonistas y reclamaba el pago de 13.000 millones de deuda) y los acreedores institucionales con representación directa (como el argentino Carlos Peguet o el estadounidense Hans Humes, quienes entre los dos reclamaban casi 24.000 millones de dólares).

Los nombres de los abogados, claro está, pueden y van a cambiar. Pero en este contexto es probable que todos los acreedores privados mantengan la estrategia que alguna vez sostuvo Mauro Sandri, abogado italiano que inició más de 2500 juicios contra la Argentina, quien manifestaba que "para recuperar el dinero hay que llenar los tribunales".

En esa realidad, es también probable que la estrategia de agrietar política, judicial y financieramente a los acreedores tenga un sentido. Y que a diferencia de lo que plantean el eslogan oficial, en materia de deuda y para lograr una quita superior al 50%, nunca es ni será "con todos".

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