"Con el macrismo no había solo un Estado ausente. Había un Estado bígamo, que se había casado primero con la administracion pública y después con los bancos, las cerealeras y las energéticas. El tema es que se casó con las dos, pero la fiesta de casamiento con las empresas se pagó con el presupuesto nacional. Ahora que el padre de la novia estatal cambió y le llega la cuenta del casamiento, los privados no quieren pagar ni el catering". La humorada del diputado peronista a este cronista funciona perfectamente como metáfora del enojo que desperto entre los agroexportadores la reciente suba de retenciones, la continuidad del cepo o la desdolarización de tarifas en marcha .

Pero lo cierto es que la situación de los recursos del Estado se parecen bastante a los del chiste justicialista, o al menos así lo muestran las cifras de cómo el estado macrista planifico el gasto público. Sus ajustes y expansiones son una muestra evidente del futuro posible que deseaba la alianza Cambiemos para la República Argentina a través de la intervención en el Estado. Así, durante los ultimos cuatro años, la administración Macri redireccionó gran cantidad de recursos presupuestarios -casi el 40% del PBI- para transformar el mapa del gasto público que habia heredado después de 12 años de kirchnerismo. De esta manera, en 2019, el 49% de los recursos se gastó en seguridad social (jubilaciones y pensiones), 4,5% en educación y cultura, 2% en salud, 5% en subsidios energéticos, 2% en subsidios a transporte, 20% en pago de la deuda y 10% en pago de salarios. En 2014 la situación era bien distinta, y el gasto del Estado nacional se repartía en un 43% dirigiendose a la seguridad social, 5,5% en educación y cultura, 2% en salud, 9% en subsidios energéticos, 4% en subsidios al transporte, 7% en pago de la deuda y 10% en pago de salarios.

¿Adónde fue el gasto público de Cambienos entonces y qué clase de nueva alianza social revela? Como se ve, aumentó al pago de la deuda (pasó de 7% a 20%) y la seguridad social (43% a 49%),recortándose fuertemente los subsidios a los transporte y energía que bajaron de 13% a 7%. No fueron tampoco los fondos a la educación y la cultura, que cayeron de 5,5% a 4,5%.

Es facil observar entonces que las ganancias extraordinarias no fueron producto de la libre competencia, como en cualquier estado capitalista virtuoso, sino de los intereses del Estado bígamo del último lustro, que pagaba la luna de miel con la esposa privada ajustando la vida de la cónyugue pública. Por caso, vale señalar cómo se beneficiaron las energéticas con la quita de subsidios y la dolarización de las tarifas. Los bancos, locales e internacionales, con la colocación de los bonos de deuda externa y los intereses derivados, sumándosele a esas ganancias las astronómicas tasas de interés que pagaban las Lebac primero y las Leliq después. Y por ultimo el complejo agroexportador, que debido a la baja de las retenciones a las exportaciones de 16% en 2014 a 5% en 2018 -año a partir del cual asciende hasta recuperar los niveles de 16% del total en 2019 para pasar ahora, con el nuevo gobierno, a los 30% de la soja y 12% del maiz y el trigo- , la reduccion de bienes personales -de 0,75% a 0,25%- y el irrisorio impuesto inmobiliario rural en todo el país, que no alcanza a ser el 0,4% del PBI, se vio fuertemente beneficiado por los cariños del Estado bígamo.

Una alianza social sin luna de miel ni retenciones

Pero este acuerdo social que se vio representado en las urnas y que logró un 40% de los votos, que ocupa todas las provincias de la pampa húmeda, algunas del litoral y cuyo, y que reúne al 5% más rico del país y más de 2 millones de ciudadanos, parece estar entrando otra vez en disputa con el Estado bígamo. Y es que las nuevas decisiones de Alberto Fernández parecen pegarles donde más les duele: la recaudación impositiva. Poco importa si gran parte de las 200.000 familias que se oponen a los derechos de exportacion son parte o no de las 1.303 familias de la pampa húmeda dueñas de 11.081.138 hectáreas. Y es anecdótico que la única tierra que posean sea la de sus canteros y macetas. Lo importante para la política es la identificación que los reúne: ser "el campo" y reclamar para sí ser la conyugue favorecida del Estado bígamo, a pesar que el 40% de los argentinos viva en la pobreza y se concentre en la provincia de Buenos Aires, donde en su zona nucleo del norte la soja rinde cuatro toneladas por hectárea, numeros que no se igualan en las tierra de mayor fertilidad de los Estados Unidos.

Pero al parecer, ese tiempo ya pasó. Y la esposa que alguna vez fue forzada al ajuste, reclama al Estado bígamo lo mismo que la cónyugue favorecida: tener más plata en el bolsillo. El Estado, en tanto, comenzó a hacerle caso, y esta empezando a cambiar la composición impositiva y planea desgravar los impuestos al consumo, sacar el impuesto al débito y al crédito bancario que castiga a las Pymes y reducir Ingresos Brutos.

Un escenario complicado para la esposa mas favorecida con el Estado bígamo, que de tanto acostumbrarse a vivir una vida privilegiada, olvidó entre otras cosas que la bigamia, en nuestro país, es un delito.

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