El salario mínimo debería ser consistente con tres pilares fundamentales: satisfacer las necesidades de los trabajadores y sus hogares; la sustentabilidad de las empresas; y con crecimiento económico y pleno empleo.

Como observamos, los tres pilares obedecen a esferas o ámbitos diferentes: el primero el del bienestar de la población; el segundo la esfera microeconómica centrada en las empresas que dan empleo; mientras que el tercero la macroeconómica. Si alguna de estas es soslayada, la consistencia general del SMVM se debilita. En definitiva se depende de un solo instrumento para alcanzar objetivos múltiples, algo que desafía el postulado de Jan Tinbergen acerca de la planificación económica.

¿Ahora, como se hace para que un SMVM alcance los objetivos que lo convirtieron en un instrumento en el 90% de los paises? La Organización Internacional del Trabajo OIT, en su Convenio 131 de 1970, denominado “Convenio sobre la fijación de salarios mínimos” dice en su Artículo 3: “Entre los elementos que deben tenerse en cuenta para determinar el nivel de los salarios mínimos deberían incluirse, en la medida en que sea posible y apropiado, de acuerdo con la práctica y las condiciones nacionales, los siguientes:

  • (a) las necesidades de los trabajadores y de sus familias habida cuenta del nivel general de salarios en el país, del costo de vida, de las prestaciones de seguridad social y del nivel de vida relativo de otros grupos sociales;
  • (b) los factores económicos, incluidos los requerimientos del desarrollo económico, los niveles de productividad y la conveniencia de alcanzar y mantener un alto nivel de empleo.

Como se observa, estos conceptos, reafirmados en la Recomendación 135, incluyen contundentemente conceptos referidos a los tres pilares que comentamos al comienzo, pero que a la hora de transformarlos en indicadores basados en la evidencia empírica, se vuelven un poco más borrosos, aquellos vinculados a las esferas micro y macroeconómica.

Consumo y necesidad de ingresos

Las necesidades de los trabajadores y de sus familias parten del establecimiento de un mínimo estándar de vida, socialmente aceptable, y ajustado con los cambios que se suceden en los patrones de consumo de la población, esto es, incorporando las nuevas necesidades que van surgiendo de manera cada vez más dinámica. Por esto también se sugiere considerar el costo de vida y sus cambios, para mantener -al menos- el poder de compra del SM. Como vemos, aquí está la razón de la denominación que se usa en Argentina, a diferencia de otras latitudes, de Salario Mínimo, Vital y Móvil.

También recomienda tener en cuenta el nivel general de salarios en el país, para reducir los procesos de polarización que se han venido sucediendo de manera dramática, no solo en nuestro país o países periféricos, sino también en el mundo desarrollado. Pero esta relación también debe ser conservada con otros grupos sociales dentro del país, como pueden ser los productores agropecuarios, jubilados y pensionados, trabajadores autónomos, etc.

Promedio, mediana y canasta básica 

Todas estas variables se determinan o calculan de manera cuantitativa con relativa facilidad, aunque la discusión pasa a ser que porcentaje del salario promedio o de la mediana de salarios -el valor que divide el 50 % de los asalariados- es el recomendable; o que componentes incluir en la canasta básica de un asalariado y su familia, pero estos son problemas manejables. Donde aparecen las dificultades, y la discusión se torna un tanto metafísica, es en el segundo grupo de componentes.

¿Como se determinan los denominados “factores económicos”? ¿Cuales son los requerimientos del desarrollo? ¿Cual es el nivel de productividad del trabajo deseado, y como es en relación a la de otros factores productivos como el capital? Asimismo, el debate sobre la productividad -que dejaremos para otra oportunidad en más detalle- es como el “Santo Grial” de la economía: Todos saben que allí está la solución, pero nadie sabe como encontrarlo.

Estas son las discusiones de política económica que pueden dar respuesta a la determinación racional y consistente de un SMVM, pero siempre y cuando se basen en la observación empírica de lo que sucede, en la evidencia existente de las estadísticas. Para ello es fundamental el diseño y construcción de un tablero de control que de cuenta de las diferentes dimensiones involucradas: la macroeconómica, la microeconómica, el empleo, el bienestar, la equidad, y la dimensión fiscal con sus indicadores relevantes. Solo así se podrá avanzar en una discusión en el contexto del diálogo social tripartito, que permita aproximar el SMVM a un valor que se apoye en los tres pilares mencionados al comienzo.

Hay que transformar el proceso de diálogo social del partido de truco, “blufeador” que es ahora, en uno de ajedrez, donde el tablero y las fichas están expuestas, y todo dependerá del talento de cada sector para moverlas.