Aquí parafraseamos a Sherlock Holmes en El Misterio del Valle Boscombe y aplicamos la frase para refutar a los prejuicios mas sempiternos y conspicuos de la economía: los efectos perjudiciales de los salarios mínimos. Estos reiterados argumentos derogatorios, en variadas formas y contextos, retornan una y otra vez, haciendo olvidar el cúmulo de evidencia contraria reciente. Hoy, y no solo en Argentina, en el medio de la pandemia, este debate toma una nueva variante sobre el viejo tema.

El salario mínimo se aplica solo a los formales

Es un argumento que repiten a menudo los detractores o críticos de la medida, y muchos de ellos con buenas intenciones, pero como se dice habitualmente, nunca pagaron una quincena. En efecto, el salario mínimo es una disposición legal, que aplica a todos aquellos que tienen una relación laboral, independientemente de que esta haya sido declarada o no ante las autoridades. Una cosa es infligir la registración de un trabajador, el pago de las cargas sociales, o demás beneficios, y otra es la violación de la norma de contrato de trabajo. Son dos infracciones (delitos?) que se suman. Uno no contiene al otro. 

El SM aumenta las rigideces en el mercado de trabajo

El salario mínimo, definido legalmente, es una norma tutelar destinada a proteger a aquellos más vulnerables. Es la única referencia que tienen los trabajadores, particularmente los de menor calificación relativa, y empleadores -en especial los PyMEs- para iniciar una negociación. Es la única información fiable del mercado de trabajo con la que cuenta, por ejemplo, un trabajador eventual, estacional, por tarea, por pieza, de plataforma, o cualesquiera de las nuevas formas que esta tomando el trabajo ahora, a la hora de cobrar su salario e inclusive calcular el costo de su servicio. Es bastante frecuente encontrar empresas que, a pesar de no registrar la relación laboral, pagan el salario mínimo. En especial en localidades de menor tamaño relativo. Países que se basaban en la negociación paritaria solamente y consideraban al SM como de poca utilidad (Alemania por 70 años, hasta 2015), decidieron utilizarlo de manera activa.

El SM desalienta la contratación

Reiterado argumento contra fáctico nunca verificado. El salario mínimo debe considerar tres pilares básicos: contemplar las necesidades de los trabajadores y sus familias; en un contexto compatible con empresas sustentables y de crecimiento del producto con elevados niveles de empleo. Dentro de estos parámetors, no tiene por que afectar la contratación: Si es determinado en base a evidencia empírica e indicadores fiables para calcular los mismos (tema de otro análisis más detallado) hasta promueve el empleo. En nuestro país se ha verificado inclusive en contextos de elevado desempleo.

El único requisito ex-ante es el de tener un cierto nivel de capacidad instalada ociosa para reducir las presiones inflacionarias. Desempleo Keynesiano se le dice en la jerga, o sea que exista espacio para incrementar la producción. Los aumentos en el salario mínimo rápidamente se traducen en incrementos en la demanda doméstica, empujando a toda la actividad económica. La salida de la pandemia del COVID, que generó un doble crisis de oferta y demanda, es un contexto propicio para el uso de SM en la recuperación.

El SM aumenta los costos de producir

Esto es evidente pero solo si son analizados de manera estática, con aritmética precaria. Pero, en un contexto de crecimiento empujado justamente por el incremento en el poder de copra de los salarios, la mayor utilización de la capacidad instalada tiende a reducir el costo total por unidad, ya que el margen de contribución de cada unidad producida a cubrir los costos fijos, es menor.

Además, por que tanta queja acerca de los aumentos de SM, que en general son proporciones relativamente bajas de los costos totales -en especial en la manufactura- y no igual reacción a la valorización de los activos financieros en general.  Alquileres, costos financieros  o de amortización del los bienes de capital tienen efectos, como mucho, neutros en las ventas de los productos de consumo, pero un peso en la estructura de costos que supera los laborales. ¿Será por que contra estos no se pelea por principio?

El SM desalienta la negociación colectiva

Este argumento es escuchado de boca de dirigentes sindicales que prefieren aumentos porcentuales generales, o en su defecto, espacio para negociar sus propios convenios. No deja de ser un argumento atendible, ya que tanto empresarios como trabajadores giran su mirada al SM antes de abrir las negociaciones paritarias.

Pero el SM estatutario puede tener dos efectos -no excluyentes y muchas veces complementarios- de empujar los salarios más bajos, incluidos los de los informales, para reducir la polarización en relación a los más dinámicos. Así es que países como Holanda y Francia ajustan sus SM en relación a las remuneraciones de los trabajadores formales con convenios colectivos y negociación paritaria.

Pero en los casos, muchas veces el de nuestro país en tiempo de alto desempleo, el SM dispara la negociación salarial a partir de empujar hacia arriba el piso, compactando la pirámide de remuneraciones y reactivando la negociación, en especial para aquellos segmentos que aspiran a mantener la estructura anterior. 

El SM es el más poderoso, eficiente y efectivo instrumento de política de ingresos sin tocar los ingresos del Estado. En contraposición al famoso "rebalse y goteo" tan en boga como sabiduría canónica del Consenso de Washington, esta permite "inundar" por abajo, que de todos modos, en el mediano plazo, evapora hacia arriba. Allí es donde se impone la política impositiva. El único problema es que, sabiendo de sus ventajas, nadie quiere ser el primero en pagarlo, pero si apropiarse de sus beneficios.

* Especialista en economía laboral