La pandemia del coronavirus (Covid-19) y la cuarentena golpearon fuertemente a la economía argentina: el PBI cayó cerca del 10% en 2020 y entró a 2021 con dos grandes interrogantes: el frente cambiario y el frente sanitario. En un año electoral, el Gobierno apuntará a atrasar el dólar oficial para moderar la inflación apostando a una abundante liquidación de agrodólares y al control de cambios e importaciones. Por otro lado, el Ejecutivo apuntalaría el gasto de las familias a través de financiamiento barato, como por ejemplo con el plan Ahora 12. Veamos entonces qué le espera a cada sector en este año electoral, tan heterogéneo como complejo.

Motores de la recuperación

Los bienes durables son los principales favorecidos por el escenario económico descripto. En efecto, tras sufrir un fuerte golpe en el momento más complejo del aisamiento, las ventas de electrodomésticos, autos, motos, muebles e insumos vinculados con el mantenimiento y reparación de la vivienda han venido mejorando sensiblemente, traccionando distintas ramas industriales. Si bien este "veranito" del consumo sería de corto aliento, de no mediar una corrección cambiaria abrupta -algo que no prevemos en el corto plazo- la reactivación de estos sectores se extendería.

Ahora bien, dado que una parte de este crecimiento obedeció al adelanto de compras al exterior en vistas de una devaluación, es probable que la demanda modere su ritmo. En igual sentido, las restricciones de oferta registradas en algunas cadenas de comercialización, además de la incertidumbre cambiaria -no solo sobre el precio del dólar oficial sino también sobre el acceso al mercado de cambios- presionaron a la inflación en los últimos meses. En este marco, el endurecimiento de los controles a las importaciones y a la compra de dólares para la producción frenaría la recuperación de algunas de estas actividades, tal el caso de la electrónica.

Por su parte, la construcción se perfila como otro de los motores de la recuperación. Las menores restricciones a la actividad permitirán que una mayor cantidad de compañías reanuden paulatinamente sus obras en un contexto en que el costo de construcción al tipo de cambio financiero mantiene un gran atractivo. A la vez, se sumará el impulso de políticas públicas como el Procrear y la obra pública jugará a favor: esperamos que los gastos en capital crezcan en torno del 50% en términos reales en 2021, a lo que se suma la ley para promover las inversiones en el sector mediante incentivos fiscales y el blanqueo de capitales.

No obstante, la demora en las aprobaciones de proyectos de obra producto de las limitaciones que imponen la pandemia y la cuarentena, el golpeado nivel del salario real y el complicado acceso al crédito hipotecario seguirán operando como trabas para que la demanda se recupere de manera sostenida.

Por último, la industria automotriz también estará entre los sectores favorecidos. Por un lado, porque crecerá la participación de la producción local en los patentamientos frente a la recuperación de la demanda doméstica en un contexto de restricciones a las compras externas y de dólares oficiales. Más un repunte en las ventas al exterior a partir de eliminación de las retenciones para las exportaciones que superen los niveles de 2020 y el mayor dinamismo del mercado brasilero.

Sectores con realidades dispares

La agroindustria se enfrentará a dos efectos contrapuestos en 2021. Durante 2020, los principales cuatro cultivos (trigo, girasol, soja y maíz) sufrieron una merma de 3,7% en la producción, en tanto que la campaña en curso augura una nueva caída en la cosecha (-8%) debido a los efectos de la prolongación de la escasez de precipitaciones sobre las intenciones de siembra y los rendimientos. Sin embargo, las lluvias registradas en enero y febrero parecen ponerles un piso a los rendimientos, evitando una sequía de la gravedad de la de 2018. Además, desde hace meses los precios internacionales de los commodities agrícolas repuntaron considerablemente. En un contexto de restricciones cambiarias y mejores condiciones de financiamiento, la mejora en los ingresos sostendría elevada la demanda de maquinaria agrícola, aunque no ocurrirá lo mismo con el transporte de carga, golpeado por los menores volúmenes de la cosecha.

Por su parte,el sector de petróleo y gas recuperó el ánimo inversor: la actividad del fracking en Vaca Muerta en el primer mes del año fue la más elevada desde agosto de 2019. Este repunte responde, en parte, a la demorada puesta en marcha del nuevo Plan Gas. YPF anunció su intención de duplicar este año la producción de gas no convencional. De todas formas, aun mediando un repunte en la demanda de hidrocarburos por la mayor actividad económica y los nuevos incentivos, la extensión de las restricciones al transporte y una menor movilidad general de la población impedirán recuperar los niveles prepandemia.

Sectores que no se recuperarán del impacto de la pandemia

Los sectores más castigados en la era Covid, como turismo, gastronomía, entretenimiento, cultura y servicios personales, seguirán operando por debajo de los niveles previos a la pandemia, incluso cuando la vacuna llegué masivamente a la población y las restricciones se relajen sensiblemente. En este sentido, es probable que la recuperación total en estos servicios no se observe hasta 2022.

En contraste con lo esperado para el consumo durable más arriba, las perspectivas para el consumo masivo son desfavorables. Esta dinámica obedeció a la ampliación del menú de gastos de las familias tras la salida de la cuarentena en un contexto de fuerte deterioro del poder de compra (caída del salario real acompañada de destrucción de puestos de trabajo).

Finalmente, otros bienes de consumo semidurables, como indumentaria, textil y calzado, tampoco lograrán despegar significativamente. En 2021, la suerte de estos segmentos seguirá condicionada por las posibilidades de recuperación del ingreso real, la normalización de los protocolos de venta al público y la menor cantidad de reuniones sociales en relación con la prepandemia: la gente no renueva el guardarropa para estar de entrecasa.