El gobierno argentino está en pleno proceso de renegociación de la deuda. El martes pasado el presidente Alberto Fernández emitió el decreto que – junto a la Ley de Restauración de la Sostenibilidad de la Deuda Pública – habilita el comienzo de la negociación de la deuda argentina que fue emitida bajo legislación extranjera.

El monto a negociar es cercano a los 69.000 millones de dólares y engloba un amplio conjunto de bonos, algunos con vencimiento en pocos meses y otros que deberán pagarse dentro de casi 100 años. Sin embargo, esto no es todo. Hay otros acreedores excluidos de esta etapa de negociación que son los organismos internacionales (principalmente el FMI) y los bonistas tenedores de deuda emitida bajo legislación local.

Estos dos grupos se resolverán más adelante.

La negociación no será sencilla ya que presenta al menos estas siete dificultades:

1- Mantener el déficit fiscal. El país hizo un esfuerzo enorme de reducción del déficit primario, del 4,2% del PBI hace tres años, a 0,4% en 2019. Sin embargo persiste un desequilibrio fiscal: la administración pública todavía gasta más de lo que recauda. Según el gobierno, reducir este gasto no es el camino correcto en el corto plazo ya que sólo traería mayor recesión y por eso no llegaría al equilibrio hasta 2023. El desafío a la hora de negociar la deuda es poder mantener esta postura ya que los acreedores seguramente se resistan dado que asegura que nuestro país necesite seguir endeudándose por tres años más hasta poder generar un superávit y comenzar a reducir sus deudas.

2- Falta de tiempo para negociar. Argentina no tiene tiempo para resolver la negociación. La falta de recursos, junto a un cronograma de pagos abultados e inminentes, presionan a resolver la negociación pronto para evitar el default. Esto pone en ventaja a los acreedores, que saben que cuanto más dilaten la negociación menos margen tendrá nuestro país por lo que deberá ser más generoso con la oferta que les haga para conseguir llegar a un acuerdo.

3- Argentina debe lograr varias mejoras. El monto (es decir, conseguir una quita), el plazo (es decir, patear para adelante los vencimientos), y la tasa (es decir, el interés que pagamos) son las principales características de los bonos que se negociarán. Al menos dos de estas tres deben ser mejoradas a favor del país, aunque mejorar los plazos será lo más importante porque el gran problema de Argentina no es tanto el monto total de la deuda como porcentaje del PBI, sino el ajustado esquema de pagos de este año y los próximos más cercanos.

4- El orden de la negociación. Una negociación prolija debería primero llegar a un acuerdo con el FMI, después con los acreedores con bonos de ley extranjera, y por último con los acreedores locales. Esto es así porque un acuerdo con el Fondo incluiría una aprobación del plan económico de nuestro país y supondría su sostenibilidad. A los ojos de los inversores extranjeros, esto sirve de aval y mejora la aceptación de la propuesta argentina.

La dificultad radica en que la situación financiera fuerza a ir en sentido inverso ya que la deuda bajo ley local (que debería ser la última en resolverse) representa el 85% de los pagos de capital que hay que hacer este año. Por otro lado, con el FMI (que deberían ser los primeros) el país no enfrenta pagos fuertes hasta los años 2022 y 2023.

5- Condiciones de emisión de los bonos extranjeros. Los bonos con ley extranjera incluyen la Cláusula de Acción Colectiva (CAC) que establece que los términos de la negociación deben ser aceptados por una mayoría ampliada para la totalidad de los 69.000 millones de dólares pero además por una mayoría simple para cada uno de los distintos bonos. Aunque pueda tratarse de una emisión pequeña en relación al total del monto en negociación, si no se consigue la aceptación de los nuevos términos de uno sólo de los bonos, falla la totalidad.

6- Amplitud de los bonos. De la mano de lo anterior, el abanico de bonos a negociar es muy amplio por lo que no se puede hacer una única propuesta igual para todos. Esto dificulta la negociación ya que seguramente el país deba hacer una negociación más compleja, por tramos. Una vez más, todas las propuestas de todos los tramos deben recibir una aceptación de la mayoría de cada uno de los bonos.

7- El impacto del coronavirus. Lamentablemente el contexto global tampoco ayuda. Los inversores de todo el mundo están saliendo de los activos más riesgosos y yéndose a los más seguros. En este marco, los bonos argentinos al estar catalogados como activos riesgosos se encuentran en el grupo del que los inversores quieren deshacerse.
Finalmente es importante remarcar la importancia que tiene para nuestro país el éxito en la negociación. Una resolución positiva es condición necesaria (pero no suficiente) para conseguir estabilizar las variables macroeconómicas y sentar las bases para un crecimiento que no se nos da en una década.