Tecnología, importaciones y PYMES: cóctel que pone en jaque al trabajo argentino
Las importaciones, sin reglas claras y sin una política de desarrollo productivo, están rompiendo el mercado interno
La Argentina atraviesa una paradoja difícil de explicar, pero muy fácil de vivir para quienes producimos y trabajamos todos los días. Mientras el mundo avanza a una velocidad inédita en materia de tecnología e inteligencia artificial, nuestro entramado PYME se achica, el mercado interno se desploma y el empleo se pierde a razón de más de 10.000 puestos por mes.
No escribo desde la teoría ni desde un escritorio. Escribo desde la experiencia real de ser industrial y comerciante PYME, de hablar todos los días con proveedores, empleados y colegas que están al límite. De ver fábricas con máquinas paradas, comercios históricos vacíos y empresarios que, después de décadas, se preguntan si vale la pena seguir.
Hace poco, un proveedor con más de 30 años en el rubro me dijo una frase que resume el momento:
Cerré un poco por falta de trabajo, pero además cerré porque dejé de ser competitivo
No por mala gestión, no por falta de ganas. Cerró porque hoy compite contra productos importados que entran a precios imposibles, muchas veces más baratos que el costo de producción local.
Las importaciones, sin reglas claras y sin una política de desarrollo productivo, están rompiendo el mercado interno. Compiten contra PYMES que pagan impuestos, cargas sociales, servicios dolarizados y financiamiento inexistente. El resultado es simple: el producto importado gana, la PYME local pierde y el empleo desaparece.
En este contexto aparece otro factor que genera incertidumbre: la inteligencia artificial. Automatización, software, procesos inteligentes que prometen eficiencia, reducción de costos y mayor productividad. Para muchos trabajadores, la IA suena a reemplazo. Para muchas PYMES, suena a algo lejano, caro o inalcanzable
El problema no es la tecnología. El problema es cómo llega y a quién beneficia.
Mientras las grandes empresas incorporan IA, automatizan procesos y ganan competitividad, miles de PYMES siguen resolviendo su día a día como pueden, sin capacitación, sin crédito y sin acompañamiento. Así, la brecha se agranda: importaciones baratas por un lado, tecnología concentrada por el otro, y en el medio las PYMES, que son las principales generadoras de empleo del país.
El dilema es brutal: cerrar o reconvertirse. Pero reconvertirse no es un slogan. Requiere formación, acceso real a tecnología, políticas públicas inteligentes y una mirada que entienda que no hay desarrollo posible sin producción local.
La inteligencia artificial podría ser una aliada de las PYMES: mejorar procesos, optimizar ventas, reducir desperdicios, abrir nuevos mercados. Pero si no se democratiza su acceso, si no se capacita a trabajadores y empresarios, terminará siendo otro factor de exclusión.
Hoy el cóctel es explosivo: caída del consumo, importaciones sin equilibrio, pérdida de empleo y tecnología que avanza sin red.
El resultado ya lo conocemos: más cierres, menos trabajo y un tejido productivo cada vez más frágil.
La pregunta que deberíamos hacernos no es si la tecnología avanza -porque eso es inevitable- sino si vamos a permitir que las PYMES queden afuera. Cuando una PYME cierra, no se pierde solo una empresa, se pierde trabajo, conocimiento, comunidad y futuro.
