Puede que la situación de estrés, el encierro, los cambios de hábitos y el miedo al contagio, puedan disparar ideas obsesivas en las personas, algunas de limpieza, otras de orden y/o temores, que generan nuevos contextos y conductas. Mucho se conjetura sobre los cambios conductuales generados por la pandemia y la cuarentena. Se instalan algunas modificaciones de los hábitos pudiendo generar secuelas emocionales en personas normales o agravamientos en quienes padecían problemas en su salud mental. Se puede observar así, aumentos de estrés postraumático, problemas alimentarios, psicosis, fobias, depresiones y trastornos obsesivos compulsivos.   

Las obsesiones leves pueden suceder en personas como rasgos normales. Dentro de este grupo existen personas con rasgos "lógicos" que requieren de mayor ordenamiento. Estas personas cuando son afectadas por el estrés agudo y crónico, como sucede en tiempos de pandemia, pueden disparar un trastorno obsesivo-compulsivo.

Estos trastornos obsesivos compulsivos, en general, alteran la toma de decisiones. Además de que las decisiones en cuarentena son muy complejas, los especialistas aconsejan generalmente no tomar definiciones de importancia en estos momentos de estrés, dado que pueden perder asertividad. El nivel de estrés cronificado, la falta de movimiento, las dificultades subjetivas de espacio y temporalidad, así como la pedida de gran parte del libre albedrío por el confinamiento, son condicionantes que dificultaran una correcta elección.

Trastornos de ansiedad 

El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) es un trastorno de ansiedad, caracterizado por pensamientos intrusivos, recurrentes y persistentes, que producen inquietud, temor o preocupación asociado a conductas repetitivas denominadas compulsiones, dirigidas a reducir la ansiedad asociada. Pero, una vez realizadas las compulsiones, generan mayor ansiedad ante la sensación de fracaso pues las personas con trastornos obsesivos tienen conciencia de realidad y situación. Las ideas obsesivas le generan angustia y conflicto con su self, llamada sensación egodistónica pudiendo estas obsesiones y compulsiones ser desde muy leves a muy graves llevando a la discapacidad en algunos casos.

Las ideas obsesivas son entonces idaes displacenteras que las personas conocen como anormales. Es decir surge una idea que el mismo sujeto considera atípica o sobredimensionada, como lavarse las manos excesivamente, hacer rituales permanentes, ponerse alcohol en todo momento o tener una cábala antes de salir de la casa o buscar simetrías espaciales o numéricas, entre otras. Si no se realizan las compulsiones en general terminará sintiendo que algo malo ocurrirá. Por las dudas, entonces se realizan.

Estos pensamientos son egodistónicos, es decir disruptivos emocionalmente. Luego de haber realizado un acto que se sabe es anormal generará una conducta de angustia ansiosa. Cuando sucede se generará más ansiedad, lo cual puede disparar una nueva idea obsesiva.

Obsesión y circuito de retroalimentación negativa

Así se produce un circuito de retroalimentación negativa. Es decir idea obsesiva puede disparar un movimiento compulsivo reparador, que puede ser una trampa que generará otra idea patológica.

Muchos pensamientos obsesivas modificarán hábitos. Los procesos habituados son actividades no pensadas, pero controladas por nuestra corteza cerebral en las cuales ahorramos energía consciente, dado que son rutinas que realizamos todos los días. Es por eso que el sistema nervioso no gasta en pensamientos colaterales que enlentecen y dificultan acciones conocidas. En el TOC sí se gastará más energía.

Finalizada la pandemia, muy posiblemente se suspendan la mayoría de los hábitos pero puede volverse a otro anterior olvidado, confirmando que las conductas habituales están mucho más arraigadas en nuestra memoria que lo que generalmente se considera. Esto puede no suceder en personas con rasgos obsesivos o que hayan disparado un TOC.

Algunas ideas obsesivas pueden ser hipocondríacas temerosas. El miedo es considerado como una función básica que marca una conducta instintiva de supervivencia. Sin embargo, en el humano debe pensarse que este instinto es modificado por la inteligencia y las funciones cognitivas, asignándole subjetividad.

Ese temor puede tener dos respuestas de aprendizaje asociativo. Una es la "sensibilización", es decir aumentar la respuesta emocional ante cada noticia, comunicación oficial o información o por lo contrario producir la otra conducta, la "habitación"; que ante cada estímulo se produzca respuesta emocional.

El temor genera una respuesta emocional y una conducta posterior de supervivencia que puede conducir a la huida o a la detención de una acción que hubiera puesto en riesgo la vida o por lo contrario a una conducta que avanza sobre un objetivo, pero luego de haberlo supervisado 

El proceso del miedo es un instinto básico de supervivencia, algunos componentes fóbicos pueden tener su base en ideación obsesiva de temores, como por ejemplo a las enfermedades. Parte del éxito de una cuarentena es el temor como aliado para el cumplimiento de la misma.  

Todos los instintos de supervivencia especialmente en el humano son modificados por el aprendizaje. Es así que se pueden tomar decisiones diferentes ante el mismo episodio, en diferentes lugares y tiempos. La memoria emocional amigdalina regirá la emoción temerosa que le otorgaremos a ese evento, y la corteza prefrontal contralará nuestra respuesta, mientras pueda.

El episodio del Covid-19 es un aprendizaje nuevo. En él se practica el ensayo- error como una evaluación permanentemente, lo que sirve para un ejercitar un concepto médico sustancial: el de "riesgo-beneficio".

El "síndrome de la cabaña"

Los miedos obsesivos generan una respuesta emocional desproporcionada a un evento. Esto puede suceder como novedad en las personas o agravar un cuadro ya existente. Un síndrome bastante mencionado actualmente, es el del acostumbramiento hogareño, que genera quedarse confinado en la casa, por los temores que produce retomar la actividad llamado "Síndrome de la Cabaña".

El homo sapiens se enfrenta entonces a grandes problemas adaptativos, que llevan a aumentar la susceptibilidad psicológica y física; además de padecer nuevas enfermedades por contaminación del medio ambiente o la exposición rápida a nuevos gérmenes. El miedo es un proceso complejo de las especies desarrolladas, mucho más en el humano. Pues agrega carga subjetiva, cualquier estadística de una enfermedad que produce mortalidad, genera grandes temores. Esta pandemia cuenta además, con la carga de la incertidumbre, lo novedoso y el riesgo de acumulación de pacientes en forma repentina.

Existe un contínuum de las ideas problemáticas, siendo la "obsesiva" la más leves. Si esa idea se transforma en irreductible o fundamentalista y no es reconocida como tal por el sujeto, podrá considerarse una idea "fija". Más problemática aún será la idea "delirante", base de las patologías psicóticas. 

Las ideas y pensamientos en situación de incertidumbre y de estrés crónico pueden agravarse, pasando a empeorar dentro del devenir de las mismas. Es aconsejable prevenir los actos y consecuencias, que producen los pensamientos de estos tiempos.

* Doctor en Medicina y en Filosofía. Director del Dto. Psiquiatría y Salud Mental de la Fac. de Medicina-UBA

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Ignacio Brusco

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