Pasados cien días de cuarentena, muchos comerciantes, empresas de servicios e industriales de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense se encuentran ante un dilema difícil de resolver: tirar la toalla o seguir remando.

Gran parte de esos empresarios vienen aguantado estoicamente desde el 20 de marzo. Algunos, como los gimnasios, nunca pudieron abrir y su facturación se limitó a lo que generaron a través de clases online. Pero esos ingresos ni siquiera alcanzan para pagar el alquiler de locales, impuestos, servicios y sueldos. Ni el salvavidas del Gobierno, con ATP y créditos subsidiados incluidos, sirve para paliar la situación. Muchos de esos comercios no esenciales ya dejaron de existir.

Otras empresas, como las de ventas de indumentaria y calzado, obtuvieron el permiso para reabrir a principios de mes. Lo que parecía una buena noticia, rápidamente se convirtió en un dolor de cabeza. Los empresarios que pudieron volver a reactivar sus locales, rápidamente se dieron cuenta que la demanda no traccionaba. Esos comercios hoy venden entre 5% y 20% de lo que facturan en 'épocas normales'. Incluso, aquellos que se subieron de urgencia al comercio electrónico y las redes sociales para surfear la pandemia, tampoco logran cubrir los gastos. Y para colmo, la ‘nueva normalidad’ no se divisa en el horizonte y los empresarios no sólo tienen que subir la cuesta de la cuarentena sino también la del consumo deprimido pre aislamiento.

Por eso, aunque hasta ahora seguían activos, muchos de esos comerciantes decidieron no seguir perdiendo dinero. Están optando por entregar la llave del local a sus dueños, pagar las indemnizaciones a sus empleados e irse a su casa. Por supuesto, la profundización de la cuarentena, que sólo en la Ciudad de Buenos Aires afectará a miles de locales no esenciales que hasta ahora estaban abiertos, también ayudará a más empresarios a tomar la decisión de darle fin a su emprendimiento. La Federación de Comercio e Industria (FECOBA) estima que, a mediados del mes que viene, casi 28.000 comercios porteños estarán cerrados en forma definitiva.

Muchas fábricas y empresas de servicios pequeñas, medianas y grandes  tienen panoramas similares, cada una a su escala. Algunas pagan alquileres siderales por plantas, depósitos y oficinas y enfrentan grandes facturas de servicios e impuestos.  Sus dotaciones de trabajadores significativas también impactan fuerte en el costo laboral.

A medidas que se extiende la cuarentena, son cada vez menos los que tienen espalda económica para seguir subsistiendo. Por eso, todos aquellos que ven la orilla demasiado lejos, ya decidieron dejar de remar.

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Gustavo Grimaldi

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