Una mañana de julio de 2014 un empresario bonaerense discute con un asesor técnico del entonces Ministerio de Industria de la Nación. "í¿Para qué voy a invertir en innovación si a mí ya me va bien"?! El fabricante metalmecánico había convertido la empresa familiar de su papá en una pyme con más de 40 empleados. Durante los años de derrame inducido, consumo interno y control de importaciones del kirchnerismo, renovó máquinas y matrices con el Programa de Acceso al Crédito y a la Competitividad y amplió su fábrica con el programa Mi Galpón, ambos del Ministerio. Luego de unas horas de reunión, el empresario aceptó desconfiado el plan de asistencia técnica de ingenieros, diseñadores industriales y gráficos que durante varios meses ordenaron su oferta productiva, hicieron más eficientes los procesos, diseñaron nuevos productos y desarrollaron estrategias de comunicación.

A partir de 2017 el maltrato se agravó y comenzaron a desfi nanciarse los programas de asistencia

Lamentablemente ese tipo de programas eran espasmos estratégicos de poco presupuesto, que alcanzaron a un puñado de empresas en el marco de una política económico-productiva cortoplacista, que supo crear 200.000 pymes en 12 años pero que no pudo hacer crecer el magro porcentaje de empresas argentinas que invierten en investigación y desarrollo, que no llega ni al 1%.

Si bien durante esos años hubo un proceso de reindustrialización y redistribución, la dependencia tecnológica del proceso 2003-2015 sólo generó autonomía técnica y comercial en empresas productoras de bajo valor agregado. Como señala Matías Kulfas, ex subsecretario pyme entre 2006 y 2007, en su libro "Los tres kirchnerismos", la reestructuración del Estado en materia industrial luego del desmantelamiento neoliberal fue tibia e informal, se fortaleció superficialmente lo que existía y no se generaron nuevas instituciones.

Errores, no objetivos. ¿Errores? No, objetivos

En su plataforma de campaña de 2015 Mauricio Macri pugnaba por 40 millones de emprendedores, un posicionamiento aparentemente desarrollista que encubría el desprecio por la matriz productiva nacional, mediante la militancia de un individualismo auto-explotado. Las agresiones empezaron de a poco con la destrucción de la histórica Secretaría Pyme, que se convirtió en la Secretaría de Emprendedores y Pymes, conducida por el abogado lobista de las puntocom y ex funcionario porteño Mariano Mayer.

Mayer trabajó en una política nacional de emprendedores para la campaña macrista de 2015, pero luego del triunfo le agrandaron el combo y le agregaron "pymes" a su raviol. Así, como un aditamento, como si no hubieran heredado una Argentina con más de 600.000 pymes, uno de los ecosistemas productivos con más tradición del continente.

A partir de 2017 el maltrato a los industriales se agravó y, por orden expresa del Jefe de Gabinete del Ministerio de Producción, Ignacio Pérez Riba, se empezaron a cerrar o a desfinanciar todos los programas de asistencia, como PAC empresas, Fondo Semilla, Innovación Social, Expertos Pymes, entre otros. En todos los países donde se promovió exitosamente la cultura del "emprendedurismo" se necesitó tiempo, mucha inversión del Estado y, sobre todo, nunca se desatendió la estructura productiva existente. La mejor manera de percibir que el gobierno no entiende o no quiere entender el nuevo capitalismo internacional -que es el de la uberización y financiarización pero también el de la industria 4.0- sea, tal vez, el diálogo de su candidato a vicepresidente con un capitalismo que ya no existe. Del amarillo moderno al amarillento viejo.

El kirchnerismo no tuvo una Secretaría de Transformación Productiva. El macrismo, sí. La STP se hizo famosa en febrero de este año por una presentación que mostraba a siete personas rubias y trajeadas sosteniendo sobre sus hombros a un centenar de morochos y morochas. Entre sus tareas se encuentra la elaboración de datos industriales ûsiempre negativos para el gobierno- y las mesas sectoriales, definidas por muchos empresarios como "una gran pérdida de tiempo".

Pero lo más impactante sin dudas es su Programa Nacional de Transformación Productiva, que ofrecen a las cámaras y a las empresas con insistentes llamados. El formulario de inscripción solicita "detallar si el proceso requiere una relocalización, el cierre o redimensionamiento de su planta actual" seguido de casilleros a llenar con "cantidad de empleados a retener". En persona son más directos: "si te va mal, despedí, vendé todo y ponete a importar".

Pero la transformación productiva no tiene porqué ser un eufemismo de desindustrialización. Si bien el presidente que asuma en diciembre encontrará pocos recursos en el Estado y en las empresas, lo cierto es que con un despliegue centralizado de asistencias técnicas de bajo costo podrá obtener resultados escalables de alto impacto que encaminen a las empresas argentinas en el sendero de la industria 4.0, el patentamiento y la exportación.

Reemplazar las inútiles misiones comerciales por misiones de posicionamiento con marcas sectoriales denotaría un desarrollo tangible e intangible. Como afirma Fernando Peirano, ex subsecretario del MinCyT entre 2011 y 2015, "todas las áreas de gobierno deberán tener su programa I+D" con misiones específicas que articulen la relación público-privada. ¿Podrán las cientos de miles de unidades productivas de la economía popular que existen en el país, por ejemplo, dejar de hablar exclusivamente con actores públicos vinculados a desarrollo social y empezar a tener interlocutores en áreas de producción y de innovación? ¿Será posible pensar la producción pública de medicamentos con objetivos sociales y económico-productivos a la vez? ¿Podrán las pymes prender sus máquinas con vocación transformadora para que esta vez no se acabe la nafta ni metafórica ni literalmente?

Tal vez la clave sea dejar de preguntarles qué hacen o exigirles que cambien y empezar a pensar con ellas qué pueden hacer. Hay que entender, con responsabilidad compartida, que de esa transformación productiva depende la transformación del país.

* Especialista en innovación productiva. Profesor (UBA). Integrante de Agenda Argentina

Ver más productos

Macri planea resolver la transición por decreto

Macri planea resolver la transición por decreto

El Vaticano contra “la manipulación de la religión”

El Vaticano contra “la manipulación de la religión”

Ver más productos