Con la supercrisis adquiriendo ritmo de vértigo por las magnitudes alcanzadas en los desequilibrios fiscal y externo, el Gobierno trata de apagar el incendio que provocó. Pero, apelando a sus habituales dosis de impericia e improvisación, arroja agua mezclada con aceite.

Con la escasa adhesión política que le resta escurriéndosele entre los dedos, el oficialismo avanza en la dirección que amenaza en derivar en un colapso institucional.

Hace más de un año, en el artículo "Ay Patria mía" 1, advertíamos que nuestro país transitaba un camino que, desde la Supercrisis y vacío de poder político mediante, podía derivar en una Hipercrisis que no es otra cosa que el funcionamiento anómico del "todo social".

En la actual coyuntura, dicha situación límite se está materializando. El gobierno actual se acabó, pero no se ha ido, y el que le sigue no ha sido aún legalmente elegido.

Buscar los equilibrios macroeconómicos es inequívoca responsabilidad de las autoridades, pero, aun bajo el audaz supuesto de que quisieran y supieran cómo hacerlo, ya no pueden. Por lo tanto, esa tarea debe ser completada por el conjunto de los sistemas institucionales, gubernamentales o no, asumiendo un cometido que no admite ser diferido.

La última milla
Mucho antes del acto eleccionario, se vislumbraba que bajar el Déficit Fiscal Total (DFT)2 mediante la disminución del gasto público, propuesta que el oficialismo acordó con el FMI, resultaría de imposible cumplimiento en el entorno de una economía recesiva.

A tal punto, que durante los primeros siete meses del año se verificó una pérdida interanual de recaudación, en términos reales, que se hubiera visto agravada de no ser por las modificaciones del régimen de retenciones y la tasa de estadística. La merma refleja claramente el menor nivel de actividad económica, siendo el porcentaje de caída de la recaudación mayor que el que se registra en el gasto público.

Por su parte, al capitalizarse la tasa de interés de niveles estrafalarios, la "bomba" de las Leliq siguió creciendo ($1.274 billones al 6/8/19) hasta prácticamente equiparar la base monetaria ($1.350 billones a la misma fecha), lo que implicaba la continuidad de la tendencia creciente del ya desmesurado déficit cuasifiscal.

En síntesis, en ese período, el DFT no sólo no se redujo, sino que se incrementó notablemente.

Buscar los equilibrios macroeconómicos es responsabilidad de las autoridades, pero no pueden

En simultáneo, el circunstancial saldo positivo de la Balanza Comercial, edificado sobre la caída de las importaciones producto de la recesión, resultaba insuficiente para compensar el negativo en el resto de los rubros que integran la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos.

En ese contexto de desequilibrios macroeconómicos extremos, tanto del sector fiscal como del externo, llegaron las PASO.

A tontas y a locas
Las medidas implementadas post elecciones no hacen más que agudizar esas inconsistencias, mostrando la desesperación del oficialismo, que parecería estar actuando en estado de "emoción violenta"3.

En materia fiscal, el incremento del gasto no se corresponde con uno equivalente de los ingresos y, dado a su vez que algunas de aquellas repercuten en los recursos coparticipables, los gobernadores alertaron sobre tal situación.

Curiosamente, el flamante Ministro de Hacienda sostuvo en su discurso de asunción que el proceso inflacionario beneficia las arcas del Tesoro, violentando los principios básicos de la disciplina económica.

En efecto, el costo fiscal, calculado por el gobierno, alcanza aproximadamente los $40.000 millones, pero allí se incluye sólo la primera parte del paquete (suba del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias, pago extra a empleados estatales y a beneficiarios de la AUH, facilidades impositivas para las PYMES, subsidios para los aportes personales, etc.). Posteriormente, las autoridades anunciaron otras medidas complementarias, entre ellas la suspensión del IVA para 24 alimentos básicos hasta fin de año.

En tanto, en términos externos, a la imposibilidad de equilibrar el flujo de la Cuenta Corriente, se le adicionan ahora los problemas en la Cuenta Capital5 (incluso con la duda sobre la efectivización del próximo desembolso del FMI de más de US$5.000 millones) dado que los principales de la deuda que van venciendo, no son renovados por los acreedores.

Durante los primeros siete meses, la pérdida de recaudación refl ejó el menor nivel de actividad

Estas perspectivas llevaron a la espiralización del riesgo país y la consiguiente baja, por parte de dos calificadoras internacionales, de los bonos argentinos casi a niveles de default.

Hagamos piso
Queda claro que el actual diseño del sistema electoral ha provocado un vacío de poder, tan insólito como peligroso, en las cruciales instancias que atravesamos.

La Supercrisis, largamente advertida, requiere de correcciones en la macroeconomía de extrema complejidad técnica y también política ya que, al tiempo que resulta imprescindible proteger los intereses de los sectores populares, se debe:

  • detener y revertir el proceso de dolarización de las carteras de inversión,
  • equilibrar la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos y,
  • alcanzar el equilibrio fiscal mejorando los ingresos, preservando de esta manera los aportes del FMI.

Para ello, los espacios políticos, las instituciones de gobierno de todos los niveles y el conjunto de organizaciones representativas del quehacer nacional, deben preparar este plan de contingencia, así como ofrecer a sus mejores cuadros para ejecutarlo.

Sería muy injusto endilgarle semejante peso exclusivamente al próximo gobierno electo, al tiempo que también desatinado, ya que se lo sometería innecesariamente a un desgaste político prematuro.

Es indispensable una transición, desde el descalabro actual hacia los imprescindibles equilibrios macroeconómicos, a fin de que la nueva administración pueda iniciar la reconstrucción del aparato productivo argentino.

La anunciada convocatoria del gobierno a los economistas de todos los espacios opositores podría convertirse en una oportunidad de ponerla en marcha.

Nota de autor: Se entiende por anomia al conjunto de situaciones que derivan en la disolución de las normas sociales.

1-BAE Negocios, 7-5-2018.
2-El DFT incluye los déficits de la Nación, provincias y municipios, así como el cuasi fiscal generado por los pasivos remunerados del BCRA, principalmente por las Leliq.
3-Para muestra, basta con mencionar el intento de congelamiento del precio del combustible, sin ningún tipo de acuerdo previo con las empresas del sector, e invocando la ley de derechos del consumidor.
4-Aquí llamamos Cuenta Capital a lo que, en el manual de Balanza de Pagos del FMI, y en algunas publicaciones oficiales, se denomina Cuenta Financiera.

*MM y Asociados

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