Nadie entendió muy bien por qué estaba ahí, pero todos acudieron solícitos a la convocatoria de Santiago Cafiero. Caía la tarde del sábado en Congreso y los aspirantes a una silla en el primer gabinete del Frente de Todos empezaron a entrar en la sede de la Universidad Metropolitana (Umet), el edificio donde juegan de locales Nicolás Trotta y su jefe, Víctor Santa María. Era todo risas y augurios de paliza para el día siguiente hasta que se llenó la sala. Entonces llegó el mensaje de que Alberto Fernández no participaría.

Había unas 40 personas. Dos de los presentes incluso se habían tomado aviones para llegar a tiempo. Tras un breve murmullo de decepción por la ausencia del líder volvió el triunfalismo. Cafiero avisó que de esa sala saldrían los nombres del gabinete. Había economistas como Matías Kulfas, Miguel Pesce, Cecilia Todesca, Paula Español, Mercedes Marcó del Pont y Guillermo Nielsen, pero también otros dirigentes como Felipe Solá, Carlos Heller, Leonardo Santoro, Malena Galmarini, José de Mendiguren y Vilma Ibarra.

Los objetivos del encuentro eran tres. Definir a los encargados de pilotear la transición, identificar a todos los "ministeriables" y advertirles que después de cerrados los comicios se les aplicaría un cepo mediático. Para hablar con periodistas, a partir de entonces, debían pedir permiso al equipo de prensa del ahora presidente electo.

No todos hicieron caso. Al fin y al cabo, la relación con la prensa también es un factor que inclina el equilibrio de fuerzas dentro del Frente de Todos. Tampoco hubo reproches demasiado airados contra los insumisos, como cuando reinaban con puño de hierro Alfredo Scocimarro o el camporismo comunicacional. Resultaría disonante; al día siguiente, en pleno búnker, el propio Fernández se fotografiaba con Vanesa Noble Herrera, nuera de la extinta dueña de Clarín.

La danza de nombres del gabinete va a continuar, pero toda la semana sonaron fuerte Guilermo Nielsen para Economía y Claudio Moroni para Trabajo. A Marcó del Pont, fuentes del albertismo le auguraban anoche un futuro en la AFIP. Más firmes aparecen otras probables designaciones: Felipe Solá en Cancillería, María Eugenia Bielsa en Vivienda y Daniel Arroyo en Desarrollo Social. Las mismas fuentes mencionan al massista Diego Gorgal como posible encargado de Seguridad, aunque no está claro si seguirá siendo un Ministerio o si se convertirá en un Consejo.

A dos voces

En el mundo empresario, mientras tanto, el festival de garrochazos no tiene fin. El industrial textil Teddy Karagozian, dueño de la mayor hilandera del país, llevó la conversión a su paroxismo: el martes voló a Tucumán para ver reasumir a Juan Manzur como gobernador y sacarse su primera foto con el recién electo Fernández y el miércoles lo acompañó a la fábrica de un cliente suyo en el partido bonaerense de San Martín, donde aprovechó para anunciarle la reapertura de una de las plantas que él mismo cerró durante el macrismo. Miembro de ProTejer y de la influyente Asociación Empresaria Argentina ( AEA), Karagozian fue entre 2015 y 2017 uno de los más entusiastas defensores de Mauricio Macri. "Como en 2017 no estaba en el país, me salvé de cometer el error de volver a votarlo", dijo el mismo miércoles a Radio Con Vos.

Más impactante resulta el despegue de quienes bancaron a Macri hasta el último aliento. Como Alec Oxenford, heredero del imperio de la refrigeración Sullair y creador de los sitios DeRemate.com, DineroMail.com, OLX y LetGo. Inspirador del grupo de whatsapp "Nuestra Voz", Oxenford decidió el lunes invitar a todos sus miembros a reunirse para redefinir el rol de la agrupación. "Nos debemos una discusión sobre los nuevos objetivos y la estrategia futura de NV", escribió. Y argumentó: "Desde las PASO hemos visto una caída fuerte en la actividad del grupo y ya hemos perdido varios miembros".

"Esto (las deserciones) no debería sorprendernos porque el grupo NV nació con la premisa operativa de un segundo mandato de Cambiemos y este escenario cambió radicalmente, pero no ajustamos todavía nuestra estrategia", abundó Oxenford.

Guilbert Englebienne, co-fundador de Globant, propuso una síntesis. Y tipeó: "Nuestra Voz fue inspirado por el silencio que guardaba la clase empresaria. Muchas veces callamos aún ante situaciones que no parecen tener sentido cuando se las ve desde nuestro punto de vista. Somos gente de trabajo, que invertimos, creamos empleo, pagamos impuestos. Si algo no tiene sentido seguramente repercutirá en nuestras decisiones y no será bueno para el país. Entonces ¿por qué callar?"

Como si el grupo no hubiera propalado sin chistar las consignas que le transmitió en varias ocasiones Marcos Peña (como cuando exigieron que se designen los jueces que quería nombrar Macri) o como si no hubiera pasado de impulsar en junio el hashtag #NoAlDerrocheX PASO a proponer en julio que #NoPasesLas PASO, simplemente porque había variado la conveniencia para Cambiemos, Englebienne procuró disipar cualquier filiación con el oficialismo saliente. "Algunos eligieron pensar que este era un grupo de tono partidario. Nunca fue esa la intención. Como indican nuestras reglas, buscamos un grupo apartidario y plural", escribió.

Fernández necesita mostrar más casos como el de Karagozian o el de Rubén Cherñajovsky, quien ayer también le llevó un proyecto de reapertura de una de sus fábricas de electrodomésticos y le regaló una foto optimista. Los empresarios lo saben. ¿Aceptarán sacrificar rentabilidad para recomponer ingresos en el marco del pacto social que empuja el presidente electo?

El chancho y el dueño

Aunque todavía no se instaló en las nuevas oficinas cuya dirección se reveló la semana pasada en esta columna, el delegado permanente del Fondo Monetario en Buenos Aires se sobresaltó ayer al enterarse de la primera protesta callejera frente al edificio de Paraguay 1178 donde tendrá su despacho. Movimientos sociales y organizaciones de desocupados no alineados con el Frente de Todos marcharon a la Plaza Libertad y montaron ahí un "polentazo" para reclamar por incumplimientos de la emergencia alimentaria.

Lo que se preguntan en Washington y en Wall Street es en qué orden se propondrá renegociar Fernández la deuda que hereda de Macri, impagable en los plazos previstos. La retórica de confrontación con el FMI que mantuvo antes de las elecciones hizo saltar a su principal accionista apenas 72 horas después de cerrados los comicios. El secretario del Tesoro de Donald Trump, Steve Mnuchin, le recordó que el pago no es opcional. "La Argentina tiene un compromiso con el FMI. Nuestra expectativa es que este gobierno cumpla con ese compromiso, y si solicita cambios, como cualquier otro país, el Fondo considerará su solicitud como parte de su plan económico", advirtió.

Los hermeneutas más lineales del peronismo interpretan el viaje de Alberto a México para reunirse con Andrés Manuel López Obrador como una evocación de aquel frente con Lula y Chávez para resistir la avanzada de George W. Bush sobre Sudamérica en los primeros años 2000. Sueñan con una "tercera vía" latinoamericana, ni madurista ni trumpista. Pero AMLO no es Lula y México no es Brasil. El mexicano se jacta de no haber salido de su país en más de un año de gestión y no se muestra demasiado interesado en la política internacional. Ni siquiera viajó a la cumbre del G20. Para peor, sufre el bullying permanente de Trump en una sociedad tóxica con Estados Unidos que no puede abandonar sin que el PBI de su país se desplome. Una relación que Fernández teme que anticipe la que mantendrá él con el brasileño Jair Bolsonaro.

La gira mexicana de Alberto fue organizada por el chileno Marco Enríquez-Ominami, miembro del Grupo de Puebla, aunque también hubo consultas con el eterno embajador del peronismo, Juan Manuel Abal Medina (padre). El veterano exdirigente montonero está instalado en Buenos Aires desde hace unos años por una afección pulmonar que no le permite vivir en la altura del DF, pero mantiene a la distancia su amistad con el magnate Carlos Slim, dueño de Claro, que recibirá allá a Fernández. Incluso aunque se convierta en sponsor de la renegociación, tampoco parece una carta ganadora.

El impulso decisivo que espera el peronismo en la pulseada con Trump para estirar los pagos al FMI es el de Europa. El problema es cuánto le cobrarán por ese apoyo los europeos, que también conservan intereses estratégicos en Argentina. Por ejemplo, en las empresas del sector energético. Las mismas a las que el Frente de Todos prometió congelarles las tarifas.

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