El guardián del orden mundial rediscutirá su poder interno el martes 3 de noviembre. Como cada 4 años, Estados Unidos concurre a las urnas para elegir a los habitantes de la Casa Blanca, la totalidad de su Cámara de Representantes y un tercio del Senado. A eso se suman distintas elecciones estatales. Las cámaras de la pelea se las llevaránla tensa disputa entre el actual presidente republicano, Donald Trump, y su principal competidor, el demócrata Joe Biden.Y hay que ver 3 claves centrales de este proceso electoral.

No es una elección, son 51

El sistema político norteamericano se construyó desde fines del siglo XVIII sobre la base de tres principios: liberal (derechos, libertades y obligaciones para todos sus ciudadanos), republicano (balance y equilibrio de poderes) y federal (equidad de los Estados constitutivos de la nación). Hoy en día esos principios siguen siendo la piedra fundamental de un complejo sistema institucional a través del cual se ejerce el poder político.

El proceso electoral, sin embargo, ponen en tensión esta tríada. La elección presidencial no depende de la mayoría del voto popular a nivel nacional (principio liberal de igualdad), sino de que cada candidato obtenga la mayor cantidad de electores por cada uno de los 51 distritos que los designan (principio federal de equidad): llega a la Casa Blanca quien alcanza 270 electores. No importa que ganes votos, importa que ganes Estados.

La polarización

La política norteamericana tiene su propia grieta entre demócratas y republicanos, los principales partidos que han dominado la historia política de EE.UU.: cada vez más se han alejado en cuestiones sensibles como la agenda económica, la internacional, la institucional y, sobre todo, la social. Los puntos de disputa han aumentado en intensidad y en cantidad, dejando poco espacio para el consenso y el acuerdo.

Este es un proceso que ha ido in crescendo desde comienzos de la década del ‘80, como bien indicó Martín Schapiro recientemente. Y ha llegado a un pico durante el último mandato de Trump. La propia Casa Blanca, que había sido diseñada institucionalmente para moderar pasiones y tensiones, hoy en día está en el centro de la grieta, alimentándola y reforzándola. La campaña electoral ha sido testigo de ello.

El proceso electoral

Y el propio proceso de elección de autoridades también. Según datos publicados recientemente por Pew Research Center hay diferencias importantes entre votantes de Trump y votantes de Biden sobre la gestión del proceso electoral, la transmisión de la información y la legitimidad del resultado final. Apenas el 55% de los trumpistas encuestados confían en que, cuando todos los votos se cuenten, quede claro quién ganó la Casa Blanca, frente al 76% de los bidenistas. A eso se suma que apenas el 37% de los seguidores de Trump creen que los votos anticipados emitidos por correo serán contados como corresponde, mientras que del lado de Biden lo hace el 77 por ciento.

Dado el escenario descripto, podemos esperar que el martes electoral sea uno largo, tenso e inflamable. No será uno más en la historia norteamericana. Será, sin dudas, único.

 

* Coordinador Académico Licenciatura en Gobierno y Relaciones Internacionales de UADE