Aunque el tango diga que 20 años no es nada, para el sector turístico, sólo uno fue muchísimo; a tal punto de casi no tener resto para afrontar esta segunda ola. Pero a pesar de la crisis, podemos decir que si algo hemos aprendido en este periodo, es a caminar juntos Estado y privados, y a entender que si no es

juntos, será imposible salir adelante.

Por eso, analizando lo hecho y sobre todo pensando en las próximas vacaciones de invierno, se debe apuntar a nuevas estrategias conjuntas, claras y precisas. Ya no hay margen de error.

En 2020 el plan de ayuda Estatal, ha sido de gran importancia para el sector. No siempre alcanzó para subsanar la totalidad de los problemas, pues el caos fue mayúsculo, pero sin dudas sirvió para paliar la situación. La aplicación del ATP, en el marco de la emergencia, ayudó de gran manera, sumado a una reducción en los básicos del 25%, para los establecimientos cerrados, y generando una nueva escala salarial para el costo más importante de la industria: el recurso humano.

Las líneas de crédito blandos y con gracia, también fueron muy bien recibidas, a las que se sumaron moratorias, planes de pagos y la suspensión de los embargos. Sin embargo, parte de esa ayuda podría haber sido más profunda, teniendo en cuenta que el 40% de la hotelería ha cerrado sus puertas. Por otra

parte, se regularon los despidos con doble indemnización, un tema que en el corto plazo y con la ayuda recibida, era sensato. Pero hoy, después de un año y en muchos casos, con plantas de empleados que nunca más podrán sostener, comienza a dejar de ser razonable.

Pre viaje, una opción para replicar  

El pre viaje, fue de mucha ayuda en un momento muy complejo. De aplicación eficiente y con muy buena comunicación en relación a su funcionamiento, este tipo de iniciativas permitieron que una parte del sector haya visto la luz gracias al mercado interno. Y podría aplicarse nuevamente para estas vacaciones de invierno.

El transporte fue todo un tema, ya que faltó unificación de criterios en cuanto a la circulación. Queda claro que en las primeras reaperturas todo estuvo focalizado en la prevención, pero pasamos de controles extremos al extremo de ningún control,  de un día para el otro. Esta situación no debería repetirse.

Los desafíos 2021

El sector que opera en las ciudades: agencias emisivas, prestadores de servicios para estas operaciones y todo lo vinculado al segmento de convenciones, está realmente muy complicado y necesita recursos para sostenerse y reinventarse con una mayor flexibilización de la que cuenta.

Absolutamente nadie en el sector quiere despidos, pero debería habilitarse alguna alternativa para empresas cerradas o con una caída importante de sus actividades, que no tienen chances de sostener las plantas pre pandemia. 

Otra medida que podría implementarse es la suspensión en el cobro de impuestos y tasas que no son de fondo y se vuelven insostenibles en medio de la pandemia. La industria no debe endeudarse tomando crédito para pagar impuestos.

De la mano, se impone un pacto de esfuerzo conjunto: mientras dure la crisis, los empleados deberían recibir sus sueldos de bolsillo completos en establecimientos abiertos. Pero excepto obra social y seguro, se debería suspender todo tipo de cargas laborales y aportes sindicales que aumentan el costo laboral y que permitirían, a su vez, reducir los despidos.

Es fundamental ir volviendo a la normalidad en los vuelos interprovinciales, armando circuitos y burbujas geolocalizadas, que permitan un resurgir más rápido. Es necesario seguir trabajando en los controles sanitarios para viajar y planes de pago sin intereses para los pasajes.

En 2020 se tomaron decisiones urgentes que ayudaron a muchos a llegar a la otra orilla. Algunas sirvieron y otras no tanto, pero lo más importante es poder sacar conclusiones teniendo mucha más información. 2021 requiere un formato y una relación Estado/Privados de mayor diálogo y proyección a largo plazo. Eso demostrará si aprendimos o no, y si, a pesar de todo, podremos salir adelante.

*  Consultor en Hospitalidad y Management Hotelero