Como la "guerra contra la inflación" que anticipó el martes 15 de marzo y que ya había perdido para el viernes 17, cuando se decidió a declararla formalmente, el Presidente volvió a mostrar las cartas antes de jugarlas. Esta vez fue con el paquete económico lanzado ayer descoordinadamente, en medio de rumores de más renuncias y desplazamientos, sin ingredientes que sorprendieran y con tanto preanuncio en off que volvió a dar tiempo a los jugadores más experimentados para practicar el deporte de moda en la City: saquear las reservas del Banco Central.

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No es casual que la inflación de alimentos haya marcado 2,8% solo durante la primera semana de este mes, según la consultora LCG. El anterior pico semanal, del 2,9%, fue después de aquel tropezón metafórico cuando empezaba la invasión rusa a Ucrania. Varios importantes fabricantes de alimentos y bebidas (como Arcor) aprovecharon aquellas 72 horas para remarcar hasta el 10% las listas de precios que envían a los supermercados. Esta vez fueron los importadores, exportadores e intermediarios del comercio exterior los que movieron primero.

Las grandes acopiadoras de granos y cereales, que ya venían de registrar fuertes ganancias por la disparada del trigo, redujeron a la mitad sus liquidaciones de divisas al precio oficial. De un promedio diario de USD200 millones en lo que iba del mes bajaron a USD100 millones el martes y se mantuvieron en ese nivel el miércoles y ayer, según fuentes del equipo económico. Una de las compañías, de capital estadounidense, incluso cambió ayer su posición en el mercado de dólar futuro de USD40 millones "vendido" a 20 millones "comprado". Una fichita a la devaluación.

Esos USD100 millones de liquidación diaria del puñado de empresas que explican dos tercios de los despachos al extranjero son casi equivalentes a lo que gasta por día el Estado en importar energía, un ritmo que promete sostenerse durante casi todo el invierno, incluso cuando termine la cosecha gruesa y por ende se frenen los ingresos. Por eso en junio se va a volver a batir el récord de importaciones de más de USD7.500 millones registrado en mayo. Y por eso -entre otras razones- va a ser imposible cumplir con la meta de acumulación de reservas comprometida ante el Fondo Monetario apenas cuatro meses atrás.

El mito del Fondo bueno


Al dejar trascender que tomaría medidas para blindar sus menguantes reservas, el Gobierno se dejó primerear. Miguel Pesce debió vender en tres días casi la mitad de los dólares que trabajosamente había logrado comprar en lo que va del año. Pero independientemente de eso, el paquete que presentó condensa todo lo antipático del pacto con el Fondo sin ningún terrón de azúcar que atempere tanta amargura. Al revés de lo que aconsejó Nicolás Maquiavelo al Príncipe: "Hacer el mal de golpe y el bien de a poco".

Lejos parece haber quedado la Kristalina Georgieva a la cual Martín Guzmán y el Papa Francisco le agradecían su compasión por el país al cual la institución que preside decidió prestarle mucho más de lo que permitían sus estatutos y convenios. El ultimátum fue efectivo: antes del 24, cuando el directorio se reúne a tratar el caso argentino, había que acelerar la suba del dólar (todos los meses de este año ese aumento estuvo por debajo del Indice de Precios al Consumidor), aumentar sensiblemente las tasas de interés y concretar de una vez la suba de la luz y el gas.

La segmentación de tarifas, que el Frente de Todos demoró dos años y medio en implementar, incluirá un tarifazo arangureniano para las familias que juntan más de $333 mil por mes. Para que se registren quienes no lleguen a ese ingreso, sin embargo, habrá apenas dos semanas. ¿Habrán hecho alguna vez un trámite en Edenor, Edesur o Edelap quienes diseñaron el esquema y el jueves  informaron (ay, otra vez en off) sus alcances al caer la noche?

En medio de ese delicado equilibrio, Miguel Pesce decidió responder a las críticas sobre la administración de las reservas que había deslizado en varias oportunidades Cristina Fernández de Kirchner. Por interpósita persona, previamente, hubo un mensaje del Senado al Central: "No es con vos". Pesce respiró aliviado y redactó su defensa en un tono mucho más sosegado que el del intercambio Kulfas-Gerez de la semana previa.

Antes de sacar el informe, desde el Central se lo hicieron llegar a varios economistas que asesoran o hablan con Cristina. Pablo Manzanelli, Andrés Asiain y Hernán Letcher, entre otros. Hubo consenso en que el colador no estaba allí sino entre quienes otorgan los permisos de importación. Por eso el jueves por la tarde también hubo versiones de reemplazo del secretario de Industria, Ariel Schale, por Débora Giorgi. Desmentidas al caer la noche.
 

Remarcar todos los días


Si bien la inflación no nace en el supermercado, las inspecciones que le cayeron a La Anónima esta semana muestran que ese sector al menos se beneficia con su aceleración, como admitió días atrás su CEO, Federico Braun. Los sabuesos de ARBA verificaron que es el que más incumple los acuerdos de precios, en su momento el endulzante que permitió al kirchnerismo hacer este mismo ajuste estabilizador que procura Alberto pero de modo menos cruento.

Hay algo peor: La Anónima parece haber ganado siempre. Con Mauricio Macri tenían resultado operativo negativo en la línea de cajas pero compensaron con ganancias financieras por Tarjeta del Mar, o sea, endeudando a sus clientes. Después, en los últimos dos años, sus balances se salvaron gracias a la exportación de carnes enfriadas a través de sus frigoríficos.

La relación entre esa sola empresa y sus clientes exhibe hasta qué punto la inflación es un problema distrtibutivo y por ende profundamente político. Con el consumo interno de carne en mínimos históricos, la inflación en picos que no se veían desde la hiper y los ingresos perdiendo poder adquisitivo aceleradamente, Braun hace el chiste de remarcar todos los días mientras gana dinero exportando carne, endeudando a sus clientes y remarcando precios.
 

¿Más interna?


Y por si faltaba más internismo y rencores cruzados, el Presidente decidió soltarle la mano a otro de los suyos para contener a Sergio Massa, furioso por la incorporación de su archienemigo Daniel Scioli al gabinete. Designó en la Dirección General de Aduanas a Guillermo Mitchell, un lugar que pretendía el presidente de la Cámara de Diputados desde el comienzo del gobierno del Frente de Todos y que hasta ahora ocupaba Silvia Traverso, una funcionaria de estrecha confianza de Mercedes Marcó del Pont que la acompañó en el Banco Nación y el Central.

Mitchell es abogado y contador pero estuvo en la comida que organizó Massa con sus economistas para exhibir músculo cuando le parecía que podía asumir como superministro. Durante el macrismo trabajó con Miguel Pichetto, a quien abandonó recién cuando el rionegrino inició su fallida campaña vicepresidencial con Macri.

La semana pasada, cuando ENARSA liquidó sus tenencias en el Fondo Pellegrini del Banco Nación y disparó así la corrida contra los bonos en pesos, un funcionario a cargo de una de las mayores cajas del Estado dialogó con BAE Negocios. A la pregunta de cómo coordinaban operaciones de ese tamaño entre el Central, la Comisión de Valores, la ANSES y los demás organismos, su respuesta fue lacónica: "¿Coordinar? ¿Qué es eso?".

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