El Plan Marshall, cuyo nombre oficial fue European Recovery Program, fue un programa mediante el que Estados Unidos, trató de facilitar la reconstrucción y recuperación de Europa tras la II Guerra Mundial.  Se desarrolló entre los años 1948 y 1952. El plan, que tomó como nombre el del Secretario de Estado que lo diseñó, George Marshall, consistió en proporcionar ayuda por un valor superior a los 12.000 millones de dólares a los países europeos que sufrieron el conflicto.

El presidente de España Pedro Sánchez pidió una acción coordinada de la UE para afrontar “la guerra contra el coronavirus”. El jefe del Ejecutivo dejó clara la postura de España y reclamó a Bruselas un Plan Marshall para lanzar un plan de inversiones públicas en toda la Unión Europea. También defendió los denominados coronabonos, títulos de deuda europea, que ayuden a compartir los riesgos entre todos los países. Sánchez, además, pidió un seguro de desempleo común.

Si esto es para los países rico de Europa que pensar de las naciones pobres y débiles del sur que afrontan la misma “la guerra contra el coronavirus”.

En nuestro país, el presidente Alberto Fernández, que viene liderando la acción con mucha solvencia, advirtió que por la pandemia se deberá hacer un "esfuerzo mayúsculo para levantar la economía" argentina y le dijo al FMI que en los próximos cinco años no les podemos pagar un peso. Antes de la pandemia, le había informado al FMI que no se podía pagar a costa de nuestro pueblo. Y sostuvo que ahora tiene mil razones más.

Inicialmente había trascendido que el objetivo del gobierno era refinanciar deudas con el Fondo hasta 2023, pero el jefe de Estado pareció subir la apuesta, al estirar el plazo al menos hasta 2025.

Ahora que el mundo ha asumido un tono más humano y cooperativo en lo económico ante la pandemia del covid-19, desde el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) solicitaron la condonación de la deuda externa soberana de los países de América Latina por parte de FMI y de otros organismos multilaterales (BID, BM, CAF) e instan a los acreedores privados internacionales a que acepten un proceso inmediato de reestructuración de la deuda que contemple una mora absoluta de dos años sin intereses.

La Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y Desarrollo prevé una pérdida de ingresos globales de 2 billones de dólares como consecuencia de esta crisis. Y, por su parte, la Organización Internacional del Trabajo estima que 25 millones de empleos en el mundo están en riesgo. Sigue la salida de capitales de los países emergentes; ya está en valor récord: 60.000 millones de dólares en menos de dos meses (Instituto Internacional de Finanzas).

Ante tantas dificultades, la condonación de la deuda externa es una acción tan justa como necesaria. Al igual que ocurriera en otros momentos históricos marcados por grandes catástrofes naturales, como guerras o enfermedades y pandemias, esta es una oportunidad única para evitar que el peso de la deuda sea un escollo aún mayor que añadir al complejo reto de superar este momento social y económico tan crítico.

No podemos exigir a los países que hagan políticas efectivas en materia de salud pública para afrontar la actual pandemia y, al mismo tiempo, pretender que sigan cumpliendo con sus obligaciones de deuda

Tal como se hiciera con la resolución aprobada el 10 de septiembre de 2015 sobre los Principios Básicos de los Procesos de Reestructuración de la Deuda Soberana, ahora el CELAG solicita a las Naciones Unidas que, a la mayor urgencia, convoque a la Asamblea General para discutir una resolución que proporcione el marco legal internacional para llevar a cabo esta estrategia efectiva de condonación de la deuda externa de América Latina y fomentar el proceso de reestructuración (con mora de dos años) con los acreedores privados.

Una de las grandes diferencias de esta crisis es que el impacto es secuencial: como si de un tsunami se tratase, el virus golpeó primero a China; luego llegó a Irán y a Corea del Sur; se expandió muy fuerte en Italia y España, y tomó al resto de Europa occidental, ya oficialmente convertida en epicentro de la epidemia. Pero Estados Unidos está pasando liderar sin saber cuál será su techo. Y Latinoàmerica va viendo cómo crece en cada país el contagio universal.

Eso complica la salida, porque se puede prolongar su duración y crear problemas adicionales sobre la economía, lo que indica que se necesita coordinar la ayuda internacional, porque no hay forma de actuar aisladamente.