La industria de FCI enfrentó, sin dudas, varios golpes en los últimos años. No obstante, sigue siendo un instrumento válido para el pequeño y mediano inversor, producto de la diversificación que permite esta alternativa en una cartera, y sus mínimos de inversión bajos.

De hecho, y detrás de cada golpe, la industria en general ha demostrado su capacidad de reinventarse; o en otras palabras, readaptarse rápidamente a la volatilidad del mercado y la coyuntura económica-financiera.

Un breve repaso por su historia reciente reflejó que su primer desafío fue justamente rearmarse luego de la desaparición de las Lebacs del BCRA en diciembre de 2018 -instrumento que les permitió crecer de forma exponencial entre 2015/2016-. Así los fondos de renta fija en pesos tuvieron un primer reordenamiento, y lo hicieron en base a Lecaps, y Letes que llevó a sumar fondos en dólares que se identificaban con bajo riesgo. Pero no pasó mucho tiempo para que tuvieran un nuevo golpe: el reperfilamiento justamente de estas letras. Estos hechos, más allá del comportamiento de los bonos soberanos hoy en proceso de reestructuración, desafiaron a la industria y llevaron a modificar las estrategias de los FCI para sobrevivir.

En este camino, es que aparecieron como una de las respuestas a la coyuntura propia, los fondos con activos latinoamericanos. La razón es simple: dar una opción por fuera del riesgo argentino, y permitir así que los FCI sean una alternativa para diversificar riesgo.

Todos cambios igualmente que, según el momento de la coyuntura local o externa, fueron impactando sobre el tamaño de la industria y su composición general.

De hecho, hoy los fondos de liquidez –denominados T+0- son la estrella del mercado, cuando hace un año atrás eran los de Renta Fija.

Así, y en un marco en donde la liquidez manda, los T+0 ya representan más de la mitad del total de la industria. Puntualmente, del total administrado de unos $1.200 billones (con un salto en el último mes del 21%, y alcanzando un nivel máximo en pesos), los Money Markets representan ya el 51% del total. Esto incluso, en un contexto de baja de tasas, donde los rendimientos superan levemente el 15% anual promedio, contra el 22/25% de hace un mes atrás.

La razón: a pesar de su tasa de interés real negativa (es decir, ajustada por inflación), son una opción de bajo riesgo –para perfiles muy conservadores- y permiten una rápida disponibilidad para quien quiera o necesite mantener un flujos en pesos. Algo que, en los tiempos actuales, no hay dudas que es un punto valioso.

Recordemos que, estos fondos invierten en Cuentas Remuneradas, Plazos Fijos, Cauciones u otros Fondos de Liquidez.

Ahora otra opción como alternativa para los pesos, y en busca de rentabilidad unos puntos más alta, son los T+1. Hoy, estos representan poco menos del 10% de los activos bajo administración, pero van creciendo. No obstante, es importante considerar que dada la estrategia de estos fondos, se identifican con un riesgo mayor a los T+0.

Si vemos su composición, básicamente estos invierten en Lebads, Lecer, ONs y FFs. Su rendimiento promedio en el último mes fue del 2% (con algunos máximos por sobre el 2.7%).

Un dato igualmente a tener acá en cuenta, es que el universo es amplio, con lo cual es importante analizar la estrategia de cada una de las opciones. Pueden existir así diferencias en las carteras, que impacten sobre la duration promedio, como su volatilidad; y en consecuencia, en su retorno.  

Por otra parte, no menor en los tiempos en que la brecha cambiaria se dispara (por razones varias), son las opciones que los fondos ofrecen como cobertura a un salto en el dólar. Sea FCI en pesos (pero con cartera en USD), o directamente en dólares. En estos últimos, los LATAM  se mantienen como interesantes, aunque una vez más debiendo diferenciar por su cartera. No es lo mismo hoy, por ejemplo, un fondo con mayor exposición a Brasil que Chile; ni tampoco si está exposición es a riesgo soberano, o corporativo.

Un nuevo round para los FCIs

Esto nos mete, sin ir más lejos, en la interpretación de la última regulación (la RG835/2020) conocida a fines de la semana pasada.

Si bien hubo durante varios días existieron rumores de todo tipo y tenor, lo decidido no terminó teniendo gran impacto sobre la industria –ni tampoco sobre el comportamiento de la brecha-. Según se mencionó, la resolución apuntaba a reducir el ánimo "especulativo" sobre la depreciación de la moneda local por parte de las estrategias de inversión de algunos  portfolios. Así esta nueva resolución buscó limitar (hasta un 25%) los márgenes de liquidez en dólares para los fondos denominados en pesos; a la vez que eliminó la bimonetariedad en la que había avanzado la industria.

No obstante, y esta vez como buen punto, el impacto de esta nueva normativa fue mínimo. Esto principalmente porque los niveles de liquidez de las carteras estaban en concordancia con la norma, y porque también la industria es hoy otra diferente a la de tiempo atrás.

De hecho, su tamaño medido en USD, es actualmente sólo 70% del promedio del primer semestre del año pasado.  A la vez, que como dijimos, más del 50% son fondos de Money Markets o liquidez en pesos.