Pocas veces en mi vida profesional he visto tanto nerviosismo en el mercado argentino. Y con razón. Primero, porque en una movida magistral del "team-Fernandez", la renegociación se desarrolla en un mutismo absoluto gracias a que se decidió manejarla fuera de Argentina y con "actores" de impensado papel protagónico: Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía en el 2001 y Jorge Bergoglio, máximo representante de la Iglesia Católica y peronista.

Segundo, porque lo que diferencia los tres grandes "incumplimientos" incurridos por Argentina en los últimos 40 años, es que en este caso los tenedores de la deuda privada son mayoritariamente argentinos.

Stiglitz y el Papa Francisco

El diagnóstico de Stiglitz: Mauricio Macri hereda un bajísimo nivel de endeudamiento, recorta prematura e innecesariamente las retenciones, paga deudas antiguas a los fondos buitre con retornos desmesuradamente altos en busca de señales favorables para el "mercado" esperando llegara una ola de inversión extranjera que estimulara el crecimiento. No funcionó. Las cosas fueron de mal en peor y Macri agravó los errores cayendo en el FMI cuya receta de austeridad solo para el sector privado y productivo terminó por generar un sobreendeudamiento con más inflación, más desempleo e imposición de controles de cambio que desalientan cualquier nueva inversión en Argentina.

La "escuela" de Stiglitz promueve una responsable administración de los limitados recursos y abiertamente se define en contra de medidas de austeridad como salida del problema de recesión y desempleo, ya que cada recesión siempre conduce a una mayor contracción económica y pobreza.

Quien mejor que el Papa Francisco para "ablandar" al acreedor privilegiado del país, el FMI?

La "madre" de ese nerviosismo

La declaración del equipo técnico del FMI el 19 febrero, el respaldo recibido por Argentina en la Cumbre de Riad de sus pares del G20 y posteriores reuniones de grupos técnicos, evidencian un enorme avance al afirmar la insostenibilidad de la deuda pública Argentina, y que el país requiere que los acreedores privados contribuyan a restaurar su sostenibilidad. En buen criollo, "hacele mas quita a los privados y pagame a mí".

El FMI y los diferentes actores lo saben. A diferencia de los defaults del 1982 y 2001, en este caso los tenedores de la deuda son mayoritariamente argentinos. Durante el gobierno de Macri fueron muy pocos del exterior los que compraron deuda para quedársela. Quien se quema con leche hirviendo, ve la vaca y llora.

Hoy, los tenedores privados de deuda argentina incluyen tres participantes y estos son mayoritariamente argentinos:.

  • "Macri-believers" que compraron ciegamente y sin medir los riesgos de esa misma deuda que estaba generando el Gobierno
  • "Sincerados en el blanqueo del 2016" : quienes aprovechando la exención de Bienes Personales compraron deuda argentina -asegurándose fuera Ley New York- y no reaccionaron cuando los mercados de capitales se cerraron para Argentina. Están "comprados" y con fuertes pérdidas.
  • "Traders, especuladores": que, aprovechando valores de distress, compraron a precios muy bajos

Los fondos extranjeros invirtieron casi exclusivamente haciendo carry trade que implicaba hacer colocaciones en pesos a tasas de usura, con una soft-promesa del Gobierno precedente de darles salida si la cosa iba mal. Y eso fue lo que hicieron a partir del 28 de diciembre del 2017, comenzando a dilapidar reservas e ingresos de deuda, por lo que en algún momento, luego de la negociación, seguramente deberán dar explicación de ello.

Y esta es la madre del nerviosismo. Por más buena voluntad que exista del Gobierno Nacional de respetar los compromisos asumidos por Macri, lo que se habrá de pagar de la deuda tendrá que hacerse con recursos fiscales genuinos, los cuales incluso después de la Ley de Solidaridad Social son insuficientes para garantizar los pagos.

La propuesta del FMI de "colaboración significativa" de privados afectará el capital de la deuda y/o intereses y/o una extensión de plazos que la hagan sustentable y sostenible en el tiempo.

La gran oportunidad argentina

Esta negociación tiene que ser win-win para las cuatro partes interesadas.

Para Argentina, una gradual consolidación fiscal, un alivio de los pagos de cupones, -especialmente corto plazo-, una mayor probabilidad de acceso al mercado, un menor riesgo de holdouts y una mayor credibilidad debido al apoyo y monitoreo del FMI.

Para el FMI, tener el alivio de la deuda de los tenedores de bonos y una mayor confianza en que su préstamo pueda eventualmente ser reemplazado por el mercado con financiación.

Para los tenedores de bonos, quienes ya asumen tendrán que pagar buena parte del costo con estos cotizando cerca del 40%, el apoyo del FMI a la reestructuración reduce riesgos y da un upside potential en el caso que el FMI participe.

Para el Presidente Donald Trump, co-responsable de buena parte del endeudamiento político del Gobierno de Macri con el FMI, de no tener un nuevo frente de entropía en el año de su potencial reelección.

Qué debería incluir

Ser simple hace que se pueda negociar más fácilmente con partes interesadas bajo un cronograma muy ajustado. Para ello ayudaría que fuera familiar para los tenedores de bonos dados los canjes de deuda 2005/2010. Debería conseguirse alguna mejora en tasas de cupón promedio, las que deberían ser más altas con vencimientos son más cortos. En el 2005 los vencimientos finales eran 28 y 22 años.

Es muy importante sean aplicables de manera uniforme y ofrecer a todos los tenedores de bonos los mismos instrumentos de salida para permitir el uso de la Cláusula de Acción Colectiva (CAC) de ley extranjera bonos emitidos a partir de 2016. El CAC requiere una participación del 75% del total agregado y no tiene un umbral serie por serie.

Los potenciales inversores en una nueva Argentina buscarán que los flujos de los bonos cumplan con las restricciones de flujo de efectivo de Argentina. La reestructuración debería incluir gradualismo necesario en pagos para ser percibida como sostenible y las futuras necesidades de financiación como manejables.

Argentina necesita seducir a nuevos inversores, a multinacionales que cansadas de ver vaivenes cuestionan estar en el país.

Esta negociación delineara el país que tendremos por las próximas décadas y cuanto antes se arregle este problema y sea correctamente explicado, mejor para todos.

* Ingeniero con un posgrado en la Universidad de Harvard y asesor de empresas e individuos @TweetsMillenia

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