Ya era martes en Beijing cuando sonó el celular de Sabino Vaca Narvaja. Era Santiago Cafiero desde la noche porteña del lunes. El canciller ya había salido a aclarar por radio que el embajador en China no estaba autorizado a "señalar visitas o misiones de terceros países" y que la Argentina solo se proponía "seguir llamando a desescalar conflictos". Fue apenas horas después de que Vaca Narvaja calificara el sorpresivo desembarco en Taiwán de la presidenta de la Cámara de Representantes estadounidense, Nancy Pelosi, como "una provocación para China y un problema para toda la comunidad internacional". Desde esa visita, día y noche, los portaaviones y submarinos chinos maniobraban más cerca que nunca de Taipei, en una escalada de consecuencias aún imprevisibles entre las dos mayores potencias del mundo, ambas con poderío nuclear.

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- ¡Pero no hacía falta ser tan peluches, Santiago! El principio de "una sola China" lo venimos sosteniendo hace 50 años y hasta Estados Unidos lo apoya en la ONU. Para ellos es como Malvinas para nosotros. Acá está muy sensible el tema y un gesto como el que tuvimos nos ayuda a destrabar mucho de lo que queremos destrabar. ¿Para qué recular?

Las versiones sobre la respuesta de Cafiero difieren. Según fuentes del kirchnerismo, la alusión a los ositos Winnie The Pooh con los que Guido Di Tella procuró acercarse a los kelpers en los 90 disparó un intercambio destemplado donde hasta se revoleó algún improperio. En el Palacio San Martín, en cambio, confirman la comunicación pero niegan altisonancias. Y juran que tampoco Washington había protestado formal ni informalmente por los dichos de Vaca Narvaja, de los que Cafiero tomó distancia "por una cuestión de formas y protocolos".

Como sea, después de consultarlo por Telegram con Cristina Kirchner y mientras el embajador chino Zou Xioli sumaba su propia presión con una inusual conferencia de prensa por Zoom para destacar los beneficios mutuos de una cooperación que incluye al estratégico swap de monedas entre los bancos centrales, Vaca Narvaja habló el mismo martes con Alberto Fernández. La vice no quiere que nada perturbe el precario equilibrio que logró el oficialismo gracias a su pacto con Sergio Massa y el consecuente desplazamiento del Presidente del centro de las decisiones. El canciller, Claudio Moroni y Vilma Ibarra son los últimos albertistas con botonera propia del gabinete y se saben asediados. Aun solapada y con un bando muy disminuido, la interna sigue.

El choque de gigantes en el estrecho de Taiwán llegó justo en medio del trasvasamiento interno del poder en el FdT y de la entronización como virtual primer ministro de Sergio Massa, un dirigente a quien todo el sistema político identifica más con los intereses de Washington que con los de Beijing. Pero contra lo que podría suponerse, la letra chica de su pacto con CFK incluyó retomar la histórica política argentina de no alineamiento y remover el tapón que (ahora) todos coinciden que colocó la Casa Blanca en la Casa Rosada para frenar cualquier atisbo de colaboración con el gigante asiático: Gustavo Beliz.

Liberado de Beliz y de Martín Guzmán -a quien está a punto de conchabar como asesor especial en temas de deuda la Open Society Foundation, financiada por el magnate George Soros-, Massa consiguió centralizar la interlocución cotidiana con el Tío Sam y sus más fieles servidores, como el trumpista Mauricio Claver-Carone. Cristina, por su parte, consiguió destrabar dos obras con financiamiento chino que, de haberse terminado a tiempo, habrían ahorrado este invierno miles de millones de dólares en las importaciones de gas natural licuado que vaciaron las reservas del Banco Central: el complejo hidroeléctrico santacruceño Kirchner-Cepernic y la central nuclear Atucha III.

El nuevo equilibrio, sin embargo, incluye guiños cruzados a ambos hemisferios en los que manda el pragmatismo y se desdibujan las ideologías. El embajador estadounidense Marc Stanley, por caso, se paseó el lunes por Vaca Muerta con el mameluco de YPF de la mano de los cristinistas Pablo González (presidente del directorio) y Pablo Iuliano (CEO). Antes se había fotografiado con Massa. La reactivación formal de las represas santacruceñas la firmó Silvina Batakis al final de su breve interregno, pero como parte de las instrucciones que antes de asumir empezó a impartir el tigrense.

En el caso de Atucha III y su reactor Hualong, cuyos U$S 8.300 millones China ya aceptó financiar en un 85%, la pregunta es si la remoción de Beliz implicará el fin del boicot interno que documentaron con pelos y señales los cristinistas del área energética, que incluye deliberados faltazos a reuniones y sugestivos olvidos a la hora de girar expedientes. Si bien en el Senado destacan el compromiso que mostró Massa hasta ahora, el jefe del Palacio de Hacienda absorbió la Subsecretaría de Relaciones Financieras Internacionales para el Desarrollo, antes bajo Beliz, y mantuvo hasta ahora al frente suyo a Leandro Gorgal, con quien trabaja buena parte del plantel que durante el gobierno de Macri había reclutado Fulvio Pompeo. Es el hermano de Diego Gorgal, antiguo colaborador de Juanjo Álvarez, a quien Massa -vaya premonición- ubicó en 2019 como jefe de Seguridad de la YPF cristinista.

Liquidaciones

Lo que obliga al Frente de Todos a replantear su marco de alianzas global es la fragilidad de la economía. El plan que empieza a desplegar Massa incluye ingredientes de un plan de ajuste ortodoxo (tope al gasto, suba de tasas de interés, aumento de tarifas para reducir subsidios y concesiones al capital para que invierta) pero procura excluir una devaluación brusca, que es por lo que más presiona el mercado. Por eso empezó a intentar reducir el déficit también por el lado de la recaudación.

Tal como se adelantó en esta columna el jueves 28 de julio, Carlos Castagneto firmó ayer la resolución de la AFIP que crea un pago a cuenta extraordinario del Impuesto a las Ganancias para captar parte de los beneficios extraordinarios percibidos por algunas de las principales empresas del país a partir de la crisis global. Son las 2.000 compañías que más facturan, que adelantarán en total unos 200 mil millones de pesos que recién iban a pagar en 2023.

El fisco, sin embargo, se perdió de recaudar un monto semejante por no haber prorrogado un artículo del impuesto a las Ganancias introducido en 2017 que permitía ajustar los balances por inflación pero aplicar ese ajuste (que reduce el pago del impuesto) en tres cuotas anuales en vez de una. Massa discutió con Guzmán sobre este tema cuando naufragó en el Congreso el proyecto de Presupuesto, donde intentó colar esa prórroga que Economía había olvidado. El resultado, según datos que circulan entre tributaristas top de la City, es que entre quienes más redujeron su liquidación de Ganancias de 2021 frente al ejercicio anterior hay varios bancos. Entre ellos el Galicia, el ICBC y el Patagonia. El mismo sector de la economía que esta semana se benefició con el reperfilamiento de la deuda en pesos con bonos duales, que los cubren de la inflación y de la devaluación.

Massa también evalúa una nueva concesión para que los agroexportadores liquiden los granos que guardan en sus silos. Como el "dólar soja" no los tienta, les va a ofrecer un upgrade: que accedan al dólar ahorro por un 40% de lo que vendan, en vez del 30%. Será cuando finalmente pueda sentarse a negociar con la Mesa de Enlace. Además, les reclamó a los grandes acopiadores que se apuren: en su equipo estiman que tienen almacenados granos por cerca U$S 3.000 millones con "precio a fijar".

Francos

La presión sobre los sectores donde Massa identifique capacidad contributiva para aplacar el dolor que promete generar su ajuste va a seguir. El titular de la Aduana, Guillermo Michel, cuya área de incumbencia excede en mucho al edificio de Azopardo y Belgrano, ya envió inspectores a las compañías que obtuvieron cautelares para importar al dólar oficial durante este año. Seguirá con las zonas francas. En la de La Plata, por ejemplo, hubo un furor difícil de explicar: desde Ezeiza durante el primer cuatrimestre ingresó mercadería en tránsito por U$S 485 millones. En el mismo lapso de 2021 no habían superado los U$S 180 millones.

Lo que no va a poder Massa es echarle la culpa a terceros, como ocurrió hasta ahora. Los permisos del Sistema integral de monitoreo de importaciones (SIMI), que habilitan a importar al dólar oficial y que hasta un mes atrás otorgaba Ariel Schale, quedaron bajo la lapicera de Matías Tombolini. El flamante secretario de Comercio concentrará así la lucha contra la inflación y la chequera más preciada del Estado. Suena lógico para poder condicionar el uso de esas preciadas reservas del Central a que no haya abusos con los precios. Pero en la oposición ya empezaron a monitorear la modificación del organigrama con la sospecha de que allí puede activarse un polo recaudador de campaña. Porque si hay algo que no oculta el ministro son sus ambiciones presidenciales. Y si hay algo que necesita un candidato es efectivo, como sospechaban quienes intrusaron su casa en 2013.

Tombolini se reunirá la semana próxima con representantes de dos de las empresas que más demandaron dólares en la primera mitad del año: Newsan y Mirgor. Les pedirá que se conformen con menos divisas que hasta ahora, lo cual los obligará a ensamblar menos electrónicos y electrodomésticos y, quizás, a mandar los primeros telegramas de despido del ajuste massista. Antes de ese duro trance, el economista tuvo su bautismo de fuego en el cargo: pulseó con José Ignacio de Mendiguren por el amplio despacho que ocupaba Matías Kulfas en el edificio de Producción, en Diagonal Sur y Alsina. Perdió.

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Alejandro Bercovich

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