Hace pocos días trascendieron imágenes y comunicados sobre la las primeras acciones para relanzar la constitución de un Consejo Económico y Social que aportará al diseño del escenario de pospandemia en nuestro país. En Casa Rosada, el Ejecutivo Nacional recibió a representantes de cámaras patronales y de las centrales obreras. Entre las primeras, la Unión Industrial Argentina; la Cámara de la Construcción; y el Consejo Agroindustrial.

Si bien este suceso debería despertar entusiasmo en tanto comienza a ofrecer ciertas perspectivas más concretas sobre la reactivación de la economía, lamentablemente vuelve a poner en evidencia la magra representatividad que tiene el sector de las pequeñas y medianas empresas a la hora de planificar nuestro futuro. Y esta ausencia no puede ni debe ser considerada una responsabilidad de los organizadores, sino un síntoma de nuestra pobre performance institucional.

Parece impensable querer discutir la reconstrucción de nuestro entramado productivo y hablar de generación de puestos de trabajo en un tablero donde las empresas nacionales quedan apartadas. Pero es muy cierto que la vorágine en la que suceden las cosas en la actualidad no admite la vacilación de un sector que, aunque determinante, ha demostrado un pésimo desempeño a la hora de canalizar las necesidades y propuestas de sus representados.

Si la unidad hace la fuerza es justamente porque dicha unidad obliga a la postergación de las diferencias en pos de construir una postura sólida que logre convertirse en la voz de los pequeños y medianos empresarios nacionales. La unidad hace a la representatividad, y entonces a la fuerza. La fuerza es en tanto haya legitimidad. Y esta condición no solamente aplicará hacia el interior de la discusión estructural, sino que también respecto a las representaciones que la sociedad toda haga sobre nuestra actividad.

Necesitamos una entidad gremial empresaria que represente las voces de decenas de miles de hombres y mujeres que ponen a nuestro país en funcionamiento a diario. Necesitamos constituirnos como un actor indiscutible. Un interlocutor constante y permanente que pueda dar a su voz la magnitud que su volumen de producción y empleabilidad respalda. Indefectiblemente, el único camino para lograr esto es la consagración de una unidad que finalmente postergue todos los nombres para dar lugar al único colectivo capaz de pensar una economía soberana, justa e inclusiva.

 

Empresario Pyme Textil

Centro Estratégico para el Crecimiento y Desarrollo Argentino (CECREDA)