El buque de bandera argentina es el instrumento físico de nacionalización del comercio exterior. Es el vector marítimo que permite transportar la producción en bodega nacional, vendiendo en destino y comprando en origen. Tan importante es la actividad de transporte, que incluso, muchas operaciones de comercio entre países se acuerdan con el cliente mientras el barco está con carga completa y navegando.

Es el eslabón estratégico en la cadena de valor del comercio exterior y aunque su facturación no es mayor al 15% del valor CIF (Costo, seguro, flete), su acción es determinante de los términos del intercambio con las naciones del mundo. Porque el flete marítimo defiende los precios del producto bajo el apotegma belgraniano que reza “los recursos del Estado Productor quedan en manos de los recursos del Estado Navegante”.

La actividad naviera es capital intensiva y suma el valor agregado del flete a las exportaciones y resta valor a sus importaciones. Aquí está la caja del negocio del mar, el flete marítimo que ronda los 7.000 millones de dólares al año. Corresponde a la Nación Argentina el 50% de Reserva de Cargas y facturar 3.500 millones de dólares en buques de bandera nacional.

El proyecto de ley “Transporte por Agua con Reserva de Cargas, 2965-D-2020” crea el mercado para armadores nacionales y exige a los mismos construir los barcos en Astilleros nacionales. De este modo equilibrado transforma el comercio exterior en comercio interior y mercado interno. Para ello el “Fondo de Desarrollo de la Industria Naval Nacional 2966-D-2020” completa el financiamiento necesario para estos grandes bienes de capital que son los barcos. Mediante un gravamen del 2% a todos los fletes marítimos el FODINN recauda cerca de 400.000 dólares por día para crear cuota 60% y subsidio 40% para destinarlos a la industria naval mano de obra intensiva y mediante el retorno de las cuotas de crédito, alcanzar una masa de financiamiento de hasta 350 millones de dólares al año para reactivar o crear lo equivalente a Astilleros Corrientes, Astarsa, Sanym, Príncipe Menghi y Penco, Alianza.

Los países centrales subsidian esta industria con: un 20% Japón y Korea, 30% Europa y EEUU. Argentina, para equipararse con las potencias, debe subsidiar con un 40% la construcción en Astilleros para entregar el buque al mismo precio final que los demás países. Sin reserva de cargas no hay navegación nacional; sin subsidio no hay industria naval nacional. Aquí y en cualquier parte del mundo.

Magdalena Sierra, Hugo Yasky, Claudia Bernazza entre otros diputados, mantienen con estado parlamentario estos proyectos esperando su tratamiento y aprobación en el Congreso de la Nación Argentina.

El Plan Naval Argentino presentado a la ex Presidenta CFK desde 2012 en adelante establece la construcción de 120 graneleros, 40 petroleros, unos 15 portacontenedores, 840 pesqueros, 2400 barcazas acorde al tamaño de la bodega nacional en flete marítimo y fluvial. Trabajo naval que saturará la capacidad instalada en ciclos de 35 años de producción ininterrumpida (5 buques panamax por año). Creando así 25.000 puestos de trabajos directos en astilleros, 35.000 en proveedores y 90.000 por el reflejo salarial que los trabajadores “derraman” en la sociedad donde consumen bienes y servicios.

El heroico sobreviviente Astillero Río Santiago, padre de la industria naval nacional, puede y debe obrar hoy como cabecera de contratos y desarrollando proveedores PyME navalpartistas, mediante órdenes de compra, transferencia tecnológica, garantía de calidad y triangulación de deuda por anticipo bancario de factura. Este ha sido el Modelo Argentino de Desarrollo que permitió superar la inicial tarea de construir el casco, para luego fabricar (AFNE) grandes motores diesel y maquinaria de cubierta por 6 veces el valor del mismo.

La cadena de valor naval habla por sí misma: el acero naval cotiza a 1 U$/kg. Si con esos laminados en caliente se construye el casco, pasa a unos 3 U$/kg. Si se transforma en una pieza fundida como ser un ancla,  pasa a unos 5 U$/kg. Y si la forjamos con prensas como ser una cadena, crece a 7 U$/kg. Si se la mecaniza como a las válvulas o bielas, alcanza entre 9 o 12 U$/kg. Si luego los mecánicos montan en motor, compresor, motogenerador, puede llegar a pagarse entre 18 y 28 U$/kg. Siendo siempre la misma materia prima (acero grado naval) su valor agregado se explica en la transformación fruto del trabajo de hombres y de máquinas. Trabajo, solo trabajo, eje organizador de la persona, la familia, la comunidad y la Patria.

* Presidente del Foro Naval Argentino Hipólito Bouchard; referente de Social 21, La Tendencia