El flamante ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, incorporaría bajo su órbita a la Dirección Nacional de Vialidad, encargada de llevar adelante las licitaciones para construir y reparar las rutas federales en todo el país, una de las mayores cajas presupuestarias del gobierno central.

De esta manera, el área saldría del control del ministerio de Transporte, como ocurrió durante los últimos cuatro años, en el marco de la atomización de la antigua cartera de Planificación que implementó Mauricio Macri.

Según pudo averiguar BAE Negocios, Katopodis planea traer como secretario de Obras Públicas a Carlos Rodríguez, hasta ahora a cargo de esa esfera en San Martín, municipio que gobierna desde 2011. Aunque en el sector de la construcción ninguno de estos nombres generaba demasiado entusiasmo. Todavía siguen a la espera de algún tipo de contacto oficial, que hasta ahora no tuvieron, a diferencia de los industriales.

Uno de los principales interrogantes es cómo funcionará la balcanización que el presidente Alberto Fernández decidió continuar. Es que mientras que si bien la cartera de Transporte, en la que fue designado Mario Meoni, perdería Vialidad, por otro lado tendría la tarea de administrar las concesiones viales y los peajes, lo que incluiría la renegociación de los fracasados contratos de Participación Público Privada ( PPP).

Mientras tanto, María Eugenia Bielsa está a cargo del flamante ministerio de Vivienda y Hábitat -área que Macri había delegado a Interior-, que ayer en su discurso de asunción Fernández adelantó que será clave para encarar el problema habitacional del país.

Este plan de "pico y pala" se verá acompañado de la reactivación de la obra pública, que se encuentra frenada por el ajuste fiscal, sobre todo en la esfera del agua potable, educación y energía.

Alberto apuesta a que el sector pueda levantar rápidamente su nivel de actividad y de empleo. En lo que va del año, acumuló una contracción del 8,3%, producto no sólo del recorte en las partidas sino también del parate en el sector privado, que sufrió la volatilidad en el tipo de cambio, tasas de interés exorbitantes, la destrucción del crédito hipotecario y en los últimos meses recibió la estocada final con el cepo.

Sin embargo, la reactivación también dependerá del margen fiscal que tenga el Gobierno a partir de la renegociación de la deuda con los acreedores privados y el Fondo Monetario Internacional, que pedirán un mayor superavit primario para hacer frente a los intereses.

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Ignacio Ostera

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