En el segundo trimestre el escenario de empleo tocó fondo. Más allá de que esa realidad es poco probable que se reitere. No en virtud de especulaciones, sino porque veníamos de una crisis producto del gobierno del ex presidente Mauricio Macri, con un grado de volatilidad inusitado y la pandemia acentuó todo ese daño. 

Lo grafican los números de abril, mayo y junio; desempleo del 13,1%, se aprecian allí registros preocupantes sobre todo en algunos núcleos urbanos. La caída está relacionada con el derrumbe de las tasas de actividad a consecuencia del impacto de la emergencia Covid. Tales efectos se pueden apreciar incluso en las discusiones salariales del año en nivel de paritarias postergadas, lo cual junto a otros vectores nos ponen frente a una crisis inédita respecto a producción y consumo. Si nos preguntamos qué se puede esperar a corto y mediano plazo, la única respuesta es la recomposición.

No hay otro sendero, vía u alternativa. En primer lugar para la fortaleza laboral, la cual no está ligada a que se debilite la fuerza sindical, los gremios deben tener un papel preponderante en los mecanismos que se activen para volver a poner en marcha nuestra economía.

El eje de la recomposición salarial también tiene relevancia en esta perspectiva, aún considerando que la misma no podrá desarrollarse a pleno con inmediatez. Para tomar una referencia en el tiempo, los sueldos no tendrán el nivel de 2017, antes del fenómeno de "volatilidad" producto de la "gestión" Cambiemos.

Desde la macroeconomía, se aprecia que tal recuperación no se dará en un año. No se puede pagar más de lo que hay, no se puede mejorar ingresos desde una economía que no crece. Sin dejar de considerar que además gravita la restricción externa. La carencia de dólares influye con su energía conocida frenando cualquier mejora. Es de esperar entonces que la meta a alcanzar con esfuerzo será regresar a la situación pre-pandemia, No estamos diciendo otra cosa que el punto de partida para la recuperación será malo. 

Fijada tal referencia es vital el rol del Estado que –descontamos- dirá presente para dinamizar la promoción de la obra pública, fortalecer todo el tramado regional productivo del país, como también sostener cierta estabilidad para reforzar la producción en el tiempo, entre otros ejemplos.

También debemos considerar que aquí se revela el problema del dólar. A conciencia de que no habrá capitales financieros frescos la generación de divisas deberá provenir de las exportaciones. Por allí puede llegar una mejora, el techo lo constituyen los dólares pero es de esperar algo de oxígeno, volando bajo, tanto para la generación de trabajo como para los salarios. 

(#) Politólogo, economista, miembro de Fundus,  docente UBA y Flacso