Neurociencia

Cerebro, felicidad y el yo que no descansa

La felicidad es un proceso biológico, emocional y cognitivo que el cerebro activa por instantes. Estudios recientes revelan por qué es tan efímera

"El sujeto contemporáneo no descansa ni siquiera cuando descansa."

Byung-Chul Han

El mecanismo de felicidad es una función que puede investigarse a pleno en los humanos. Aunque también se expresa de diferentes maneras en animales, como cuando un perro salta o mueve la cola. 

La alegría puede estudiarse en distintas especies y por diferentes métodos. Sin embargo, existen sentimientos antagónicos a la felicidad, siendo el más importante la tristeza máxima observada en la depresión mayor, que implica un estado de repentina e insoportable melancolía.

Los grises afectivos: de la depresión a la angustia cotidiana

En realidad existe una gama de grises afectivos que van desde las depresiones graves hasta situaciones de leve angustia crónica, con estados de tristeza muy moderada asociados muchas veces a ideas obsesivas o temores, como sucede en los trastornos de ansiedad. 

Del otro lado de la moneda afectiva se encuentra el ser feliz, algo que también es muy estudiado, aunque menos. 

En esta situación se observa que cuando una persona logra un objetivo o soluciona un problema, la euforia dura muy poco tiempo.

El miedo a la felicidad y sus raíces psicológicas

Paul Gilbert, del Hospital Kingsway en Derby, observó que estos sujetos tratan de limitar esa sensación que saben temporaria y que perderán. Ante ese riesgo la limitan en forma consciente e inconsciente. También existen otros que no demuestran euforia por temor a la envidia, algo que sucede con mayor frecuencia en los países asiáticos. Gilbert describió que el temor a la felicidad se asocia con personalidades depresivas o ansiosas, sea como causa o consecuencia.

En estudios cerebrales sobre procesos de felicidad se ha detectado que intervienen sectores del cerebro relacionados con la recompensa, ubicados en el núcleo subcortical accumbens y en el núcleo amigdalino, que contiene la memoria emocional.

 Esa memoria recuerda los momentos que impactan en nuestra historia, sean positivos o negativos, y ayuda a presentificar en forma inconsciente nuestra historia emocional. Estos eventos emotivos pueden asociarse posteriormente a algún acontecimiento actual, como cuando un perfume recuerda una historia pasada y genera una emoción.

Neurotransmisores, hormonas y el delicado equilibrio emocional

Existen mecanismos rápidos que generan esta emoción y otros que ayudan a recordarla y a asociarla para posteriormente hacerla consciente. 

La felicidad se ha relacionado con diferentes sustancias: neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, hormonas como la oxitocina y opioides internos como las encefalinas. Estos productos internos intervienen en los procesos emocionales. Por ejemplo, muchos antidepresivos incrementan la serotonina y se ha observado aumento de oxitocina en procesos de alegría animal, como cuando el perro juega con su dueño.

¿Demasiada felicidad puede ser un problema?

Existe sin embargo controversia, ya que la relación de estas sustancias con el sistema cerebral es muy compleja. 

Existen muchos receptores celulares y su distribución en el encéfalo es muy heterogénea. También vale aclarar que las personas excesivamente felices pueden tener más descuidos, peor memoria y podrían ser algo más injustas que las moderadas o directamente las tristes. 

Si bien es real que la felicidad es efímera y que el excesivo optimismo puede conllevar ciertos riesgos, muchos estudios muestran la necesidad de un moderado nivel de alegría para reducir el estrés y mejorar la calidad de vida.

El cerebro consciente de la felicidad

Desde el punto de vista neurocientífico, la felicidad contiene un proceso emocional y otro cognitivo. Se le adjudica a la corteza cingulada anterior y a la prefrontal orbitaria la función consciente de la felicidad, y a la amígdala subcortical los factores emocionales negativos. Algunos investigadores describen que existe un aumento de las cortezas emocionales en las mentes positivas. Cuanto mayor sustancia gris en estos lugares, mayor visión positiva de la vida.

Incluso se ha planteado su incremento luego de instancias neuroplásticas como la meditación, con disminución de la sustancia gris amigdalina cuando el paciente se vuelve más optimista. Las emociones positivas dejan no solo engramas sinápticos, sino también información en proteínas del citoplasma, condicionando en parte los efectos afectivos posteriores.

En otros estudios, Wataru Sato, de la Escuela Superior de Medicina de la Universidad de Kyoto, relacionó el proceso subjetivo de la felicidad con una zona cortical antes descuidada: el precúneo. Es un sector parietal interno del encéfalo humano que puede variar de tamaño y que está muy relacionado con los procesos más internos de la sensación autoempática de felicidad, es decir, la metacognición de las sensaciones alegres.

Reposo mental, creatividad y bienestar

Este sector tiene además relación con los procesos de reposo cerebral y de meditación, instancias que permiten mejorar los estados anímicos y han sido asociadas a mayor tamaño y conexión gris de esta zona. Estas personas pueden también poseer mayor capacidad creativa y cognitiva.

Dice el filósofo coreano Byung-Chul Han que vivimos en una "sociedad del logro" donde el éxito y la productividad se convierten en obligaciones internas. Vivenciamos así una autoexigencia interiorizada que no valora la contemplación ni el reposo y que convierte cada día en una prueba de autoexigencia personal, generando pseudo-felicidades transitorias.

En ese sentido, Sato et al., investigadores de la Universidad de Kioto y del RIKEN Center for Brain Science, publicaron en 2025 en Human Brain Mapping un estudio clave sobre felicidad y cerebro. Usando magnetoencefalografía, mostraron que la felicidad subjetiva se relaciona con una menor actividad espontánea del precúneo cuando el cerebro está en reposo. 

Las personas menos felices exhiben un precúneo hiperactivo incluso cuando no hacen nada. En cambio, quienes reportan mayor bienestar muestran un cerebro capaz de silenciar el yo en reposo.

El hallazgo sugiere que la felicidad no depende de hacer más, sino de pensar menos en uno mismo cuando se descansa. Algo que Han expresa desde la filosofía cuando afirma: "El capitalismo tardío colonizó incluso el tiempo interior del sujeto."

Esta nota habla de: