Cerebro, informática y ADN
Desde hace tiempo se sabe que es posible clonar seres biológicos a partir de una célula madre
Los adelantos científicos generan situaciones realmente sorprendentes, como acumulación y la transferencia de la información. En ese marco, la bioinformática está avanzando más rápidamente que lo pensado, alcanzando límites imaginados hace años por solo unos pocos científicos.
Por ejemplo, un grupo de científicos creó una red computacional neuromórfica formada por neuronas de silicio, procurando que se conecten entre sí de forma similar a un cerebro. Por ejemplo, la Deep Blue, el ajedrecista de silicio; o lo último en inteligencia artificial llamada Spaun, que cuenta con dos millones y medio de neuronas y cuyos creadores, neurocientíficos teóricos de la Universidad de Waterloo, tienen todo el tiempo resolviendo tests de inteligencia.
Estos estudios se plantean a través de imitar el material biológico con elementos inorgánicos. Sin embargo, ocurrió una gran revolución en los últimos tiempos que implica utilizar el material biológico al servicio de la informática. Específicamente es usar el ADN como material bioinformático, sabiendo que es el material de transmisión más antiguo, más complejo y con el que se puede generar un mayor volumen de información.
Hace tiempo se sabe que sería posible clonar cualquier ser biológico desde una célula madre. De hecho, se está probando clonar órganos humanos con el fin de generar trasplantes autólogos (es decir, de uno mismo). También se generaron organoides complejos, como por ejemplo minicerebros para poder introducir diferentes terapias. Incluso se pueden producir órganos desde células muy básicas, como las de la piel (fibroblastos) y reprogramarlos con las correcciones genéticas que puedan mejorar patologías.
Se avanzó así con la posibilidad de fragmentar la información patológica y mejorarla con el fin de evitar enfermedades a través de un método llamado CRISPR, que corta el ADN y reemplaza genes patológicos por otros sanos. Dicho esto, actualmente se puede producir un órgano o clonar un ser biológico, además de corregirlo. No obstante, esto provoca un justificado temor de que dichos métodos puedan generar decisiones reñidas con la ética.
Pero lo que más sorprende últimamente es un trabajo de la Facultad de Medicina de Harvard, publicado recientemente en la prestigiosa revista Nature, que demostró cómo el ADN permite acumular información para memorizar cuestiones externas y además reproducirse.
Este grupo de investigadores pudo grabar una famosa película de principio de siglo en el ADN en una bacteria (obviamente traducido al idioma genético). También sumaron un libro de Shakespeare en el ADN de bacterias intestinales (escherichia Coli) y encima la hicieron reproducir millones de veces. Es decir, le hacen memorizar otras cuestiones con la técnica utilizada para cortar genes patológicos y además reproducirse.
Pero no contentos con este método, se plantearon incursionar en la memoria neuronal a través de la copia de genes cerebrales que sintetizaron nuevas proteínas como consecuencia de lo experimentado (por ejemplo, hechos meramente biológicos pero también podría ser lo aprendido culturalmente), pues la memoria es proteínas y las mismas son sintetizadas por el ADN.
Se propone que las bacterias puedan extraer la información producida en nuestras células. Podría no solo ser información inmunología o farmacológica sino también de la misma expresión proteica de nuestro aprendizaje e incluso de nuestra conciencia.
Parece ciencia ficción, pero también lo es clonar animales y modificarlos. Quizá podría pensarse en la clonación humana, pero aportando la información aprendida. Entonces podríamos conseguir una copia bastante parecida de nosotros mismos. Si bien parece difícil acercarse a esta cuestión, actualmente no lo es tanto.

