Cerebro y medios de comunicación
Es clave entender a los medios como uno de los factores más influyentes sobre el cerebro y la conducta humana
Los medios de comunicación convencionales continúan ocupando un rol muy importante en un contexto en el que los múltiples estímulos sensoriales, la información proveniente de las redes sociales y la inteligencia artificial han ganado un espacio temporal y subjetivo creciente, con influencia sobre el pensamiento, las metáforas y las emociones de las poblaciones.
La influencia de los medios sobre el cerebro
Uno de los procesos más novedosos en neurociencia y de gran estudio actual es la influencia que los medios de comunicación producen sobre el cerebro humano. Es decir, cómo el medio ambiente influye sobre el sistema nervioso. Más específicamente, en este caso, cómo lo hacen los medios creados por el ser humano para comunicar información a su propia especie.
Existe una disciplina llamada "psicología de los medios" que investiga las conductas relacionadas con estos procesos y su impacto cerebral.
Los primeros medios de comunicación han sido probablemente las pinturas rupestres de la prehistoria, pasando por el lenguaje, la escritura y el arte, hasta arribar hoy a internet, a los motores de búsqueda en línea y a las redes sociales, que generan estos nuevos paradigmas.
Los estudiosos de la psicología de los medios de comunicación, como Marcus Appel, plantean que estos producen un mecanismo de extensión de la persona. Así como el tren o el avión extienden nuestro cuerpo a lugares antes impensados, los medios de comunicación extienden profundamente el cuerpo sobre el mundo. Dirían los existencialistas que ayudan a "arrojarnos sobre el mundo", pero sin el riesgo de exponernos corporalmente (aunque sí psíquicamente). Esta disminución de la tensión corporal probablemente genera mayor empatía con los medios, dado que el cuerpo queda excluido y aumenta la carga mental, emocional y cognitiva.
Mucho se ha hablado también sobre los procesos subliminales que se han relacionado con mensajes de muy pocos milisegundos. Actualmente se conoce que estos han sido sobredimensionados. Sin embargo, existen otros impactos subliminales con los cuales se transmiten mensajes "silenciosos". Uno de ellos es la asociación de acontecimientos racionales con otros emocionales, sean negativos o positivos. Esta vinculación afecta la actividad inconsciente y refuerza emocionalmente un concepto o idea.
Otro de los fenómenos utilizados en el aprendizaje es el del reforzamiento por suma; es decir, estudiar la lección más de una vez para aprenderla. En este caso, se produce la acumulación de igual información en diferentes escenas (en eso se basa "miente, miente, que algo quedará"). Otra alternativa de suma es la utilización de muchas voces en la misma escena con igual tendencia ideológica. Esto reforzará un concepto y, además, generará la idea de mayoría en nuestro cerebro.
Posverdad, creencias y sesgos cognitivos
Existe abundante y heterogénea información específica, con gran dispersión de temas, que se ofrece en muy poca unidad de tiempo a nuestro cerebro. Esta "dispersión cognitiva" dificulta la toma de posición específica sobre contradicciones, especialmente sobre aquellas que contengan términos que coincidan con el pensamiento de la persona receptora, pues será menos crítica.
Su cognición, muy frecuentemente, tratará con amabilidad a la noticia más por la familiaridad emocional que por la razón. Queda así mucha población desprotegida.
Se plantea que la posverdad interviene en el "razonamiento motivado", cuyo funcionamiento se asemeja al de los sistemas de creencias. Es decir, se trata de ideas que tienen algo de razón, pero que contienen componentes emocionales, como la identificación partidaria o religiosa, o de otro tipo, como la política o el deporte.
Los sistemas de creencias producen la expectativa de confianza e impactan sobre la función emocional, racional y corporal de las personas. Se generan sobre alguna idea, es decir, creer en algo o en lo contrario, la idea negativa. Este sistema puede originarse sobre algo visible o también sobre cuestiones no observables. Funciona especialmente a través de la amígdala, que abre la emoción inconsciente, y del lóbulo prefrontal, que permite concientizar las creencias.
Aparece, entonces, un "sesgo partidista", que sería como una desviación cognitiva hacia el grupo con el que se identifica la persona. En consecuencia, existe lo que los investigadores del tema llaman un "sesgo de confirmación", con una tendencia a interpretar las propias expectativas, y que refiere a la propia ideología.
Las redes virtuales van ganando lugar en foros virtuales que reafirman ideas que, aun estando equivocadas, podrían cambiar los criterios de veracidad basados en los sistemas de creencias. Es decir, se valora más la fe que la verdad basada en la evidencia. En este contexto, cobran mayor valor los medios convencionales, mucho más identificables.
Algunas investigaciones muestran que pequeños grupos detectan aún más las mentiras que una persona sola, pero solo si hablan entre ellos sobre el tema. Esta cuestión no sucede en grandes masas y menos en las redes, donde los algoritmos de confirmación basados en las creencias solo unen a tribus que comparten nuestras mismas ideas.
La reiteración del engaño y el impacto del odio
La reiteración de las mentiras desensibiliza a largo plazo al insincero, que se adapta a engañar. Esta habituación también puede suceder en la persona receptora de la mentira, ante la reiteración o variación de las mismas. Al convertirse en costumbre esta aceptación afectiva del engaño en un grupo familiar, político o social, las personas pueden defender posturas forzadas y generar argumentos que finalmente cambian la comprensión subjetiva de la verdad, de manera peligrosa. Se genera así un relativismo de lo que algunos cognitivistas llaman el "tribalismo de la verdad".
Los mensajes permanentes de odio sensibilizan a las personas que, por sus procesos de personalidad, sus instintos primitivos y sus sistemas de creencias, presentan mayor susceptibilidad para sentir odio. Los eventos observables de agresiones verbales, peleas públicas constantes, juegos virtuales violentos y contenidos visuales con gran carga agresiva aumentan aún más el bombardeo mediático que recibe la población a través de los medios convencionales.
El odio es una emoción basada en la venganza y la violencia, primitivamente arraigada en la defensa tribal y gregaria de nuestros ancestros. Invocarlo en forma reiterada pone a la sociedad en riesgo.
Los medios tradicionales tienen responsables: directores, periodistas formados y comunicadores. Existe una base instalada a través de estructuras clásicas, como diarios, televisión, radio e incluso las páginas web, que pueden ser chequeadas con mayor factibilidad. De ahí, la proliferación mundial de las empresas de chequeo que intentan neutralizar las contradicciones comunicacionales, aunque tampoco están exentas de influencias pragmáticas.
Los medios de comunicación convencionales cuentan, en este sentido, con mayores posibilidades de chequeo de la información y con procesos jerárquicos de revisión y supervisión, en los que la intervención de las nuevas tecnologías puede ser menor, a veces inexistente. Adquieren así un valor central, no solo como fuentes de información confiable, sino también por su potencial influencia en la forma en que la sociedad interpreta, procesa y afronta sus procesos emocionales y las tomas de decisiones.
Quizá la competencia sea más compleja y se deba asumir como un proceso de aprendizaje, pues es clave entender a los medios como uno de los factores más influyentes sobre el cerebro y la conducta humana.


