Día Mundial de la Logística: el trabajo invisible que sostiene la vida en contextos de crisis
La logística humanitaria permite asistir a la gente que más lo necesita
Cuando pienso en lo que significa la logística humanitaria, no imagino una oficina ni un plano. Tengo muy presente mi primera misión con Médicos Sin Fronteras (MSF) en la República Democrática del Congo (RDC), donde construíamos una casa de tránsito para mujeres próximas a dar a luz. En la región de Kivu del Sur, muchas mujeres embarazadas, cuando llegan a término, deben caminar kilómetros, a cualquier hora del día o de la noche, atravesando caminos inseguros y expuestas a todo tipo de violencias, solo para llegar a un centro de salud. Ese espacio que levantamos no era solo una construcción: era la única posibilidad que tenían esas mujeres de planificar su traslado, descansar, ser monitoreadas por un equipo de salud y parir con atención médica.
Llegué a MSF después de varios años trabajando en terreno, convencida de que era el camino para ejercer mi vocación. Cuando conocí a equipos de la organización y me interioricé en los proyectos de construcción en contextos de emergencia, decidí postularme. Tiempo después me llamaron: había quedado seleccionada como logista en construcción. Así comenzó un recorrido que me llevó desde Jujuy a contextos de crisis humanitarias en África y Medio Oriente.
Cuando se habla de logística en emergencias humanitarias, muchas veces se piensa solo en "hacer llegar cosas". Y sí, hacerlas llegar es parte del trabajo. Pero es apenas el comienzo. Lo fundamental es ponerlas en funcionamiento. Una vez que los materiales, equipos e insumos llegan al terreno, entran en juego equipos enteros de logistas: mecánicos, especialistas en agua y saneamiento, constructores, responsables de energía, transporte y almacenamiento. Todo debe coordinarse con precisión, optimizando recursos y tiempo, en contextos altamente volátiles, tanto por razones de seguridad como por la magnitud de las necesidades.
Según el contexto, el trabajo cambia. No es lo mismo responder a una epidemia que operar en medio de un conflicto armado. Pero en todos los casos, la logística es lo que permite que la atención médica sea posible. Cuando la logística funciona, casi nadie lo nota. Cuando no funciona, simplemente no hay condiciones mínimas para hacer nada: ni atender pacientes ni proteger la seguridad de quienes reciben y brindan atención. Desde logística se gestiona el aprovisionamiento de medicamentos, la instalación de estructuras médicas, los espacios donde vive el personal durante la emergencia y parte de la gestión de seguridad para pacientes y equipos. Sin esto, MSF no podría operar.
A lo largo de distintas misiones en lugares como Camerún, Irak o Bangladesh, los desafíos fueron muchos, pero hay uno que se repite: la accesibilidad. Contamos con distintos medios de transporte -helicópteros, barcas, motos, incluso camellos-, pero aun así hay momentos en los que nos enfrentamos a selvas impenetrables o a territorios muy difíciles de alcanzar.
Recuerdo especialmente una misión en Kigulube, también en RCD, donde el acceso era solo en moto y, excepcionalmente, en helicóptero. Pasamos días enteros trasladando combustible en moto a través de la selva para alimentar los generadores de un hospital. En otra ocasión, tuvimos que mover un generador completo: bajarlo desde la cima de un cerro donde había aterrizado el helicóptero y llevarlo hasta el hospital, montándolo sobre troncos para hacerlo rodar cuesta abajo. Fue un trabajo colosal y, al mismo tiempo, minucioso. De esos que no se ven, pero sin los cuales nada funciona.
Mirando hacia atrás, desde Jujuy hasta estos contextos de crisis, aprendí que la logística es un trabajo meticuloso. Es una cadena formada por cientos de engranajes que deben coordinarse para que un medicamento llegue a un paciente en tiempo y forma. Exige adaptación constante, coordinación interna y externa, y la capacidad de dar respuestas urgentes en escenarios que cambian todo el tiempo.
Es un trabajo agotador y tremendamente desafiante. Pero también es profundamente significativo. Porque cuando ves que un concentrador de oxígeno está funcionando en una pediatría en el medio de la selva y que un niño vive gracias a eso, todo cobra sentido. O cuando una paciente víctima de violencia puede descansar en un espacio seguro y recibir atención médica después de una situación traumática.
En este Día Mundial de la Logística, me gustaría transmitir que detrás de cada acto médico en una emergencia hay equipos que trabajan para que eso sea posible. Personas que, muchas veces en silencio, sostienen las condiciones básicas para cuidar la vida. Esa logística no siempre se ve, pero está ahí, haciendo posible lo esencial.
*Médicos Sin Fronteras (MSF) es una organización médico-humanitaria internacional sin fines de lucro que brinda atención a personas afectadas por conflictos armados, distintos tipos de violencia, catástrofes naturales, brotes epidémicos, pandemias, enfermedades olvidadas y desplazamientos forzados, sin ninguna discriminación por pertenencia étnica, de género, religión o ideología, y guiándose siempre por los principios de independencia, neutralidad e imparcialidad. Más información en www.msf.org.ar

