Educar en Finanzas es dar derechos
*Economista. Dip. Administración Pública y Políticas Sociales.
Dip. Economía social
Se despejó una gran incertidumbre, ya tenemos nuevo gobierno. Pero mejor que eso es que quienes tomarán decisiones comparten una cosmovisión de la política, un norte, y, además, es común su objetivo máximo: disminuir el hambre y la pobreza. ¿Cómo ayuda la educación financiera a eso?
No hay inmoralidad más grande en Argentina que el hambre, desde el nuevo gobierno lo saben y pondrán en marcha un plan para empezar a combatir ese flagelo. Acá no hay grandes secretos ni tecnicismos, la gente tiene que comer. Según los últimos datos de la UCA, la inseguridad alimentaria alcanza al 22% de la población argentina. Es decir, que 1 de cada cinco personas no se está alimentado bien y un 9,4% directamente pasa hambre. Una alerta para el próximo Gobierno, que con conciencia social definió ese tema como prioritario.
La pobreza es otro dolor en nuestro país, según los mismos datos, la pobreza en la Argentina alcanzó al 40,8% de la población durante el tercer trimestre del año. Se trata del dato más alto de la década y cierra el último año de gestión de Mauricio Macri con 2,8 millones de nuevos pobres. Con estos números, 4 de cada 10 argentinos es pobre y totalizan 16 millones.
La nueva gestión ya esbozó sus principales líneas de acción, no solo para combatir el hambre con el programa “Argentina contra el Hambre”, sino que ya comunicó, en términos generales que atacará la pobreza con crecimiento económico, sustentado en el despertar del consumo interno y mejoras en las exportaciones. Aunque no tengo dudas que será así, porque ya se ha
hecho antes, lo que vale la pena preguntarnos es como mantener fuera de la pobreza a aquellos argentinos que con mucho esfuerzo saldrán de ahí.
La propuesta es con educación financiera. Alrededor del mundo, distintos organismos han demostrado que el crecimiento económico trae consigo la necesidad de que las personas sepan cómo manejar sus finanzas personales y beneficiarse de los mercados financieros más desarrollados. En este sentido, las iniciativas de educación financiera pueden convertirse en un complemento importante de los procesos de inclusión, de reducción de la pobreza y de mayor igualdad.
Según la OECD, la educación financiera se define como: el proceso por el cual los consumidores mejoran su comprensión de los productos financieros, los conceptos y los riesgos, y, a través de información, instrucción y/o el asesoramiento objetivo, desarrollan las habilidades y confianza para ser más conscientes de los riesgos y oportunidades financieras, tomar decisiones informadas, saber a dónde ir para obtener ayuda y ejercer cualquier acción eficaz para mejorar su bienestar económico.
La educación financiera comienza con incorporar o, en algunos casos, cambiar una serie de hábitos, costumbres que tenemos como consumidores, unas nociones muy básicas, y terminan convirtiéndose en habilidades y actitudes para la gestión de las finanzas personales, las cuales generan cambios positivos en el comportamiento de las personas. La educación financiera puede empoderarnos al permitirnos administrar de mejor manera nuestros recursos y las finanzas de nuestras familias.
Un reciente informe de dicho organismo señala que los beneficios de la educación financiera también pueden extenderse a la economía en general. “La educación financiera puede promover las competencias necesarias para tomar decisiones informadas y apropiadas, así como proporcionar herramientas para que las personas tengan la capacidad de defender sus
derechos como consumidores financieros”.
En síntesis, la educación financiera se basa en la idea de que consumidores más educados e informados tomarán mejores decisiones financieras a lo largo de su vida, evitando caer en males de los que luego es muy difícil salir, como las deudas impagables.
Mientras la política genera crecimiento y empleo, la educación financiera (que es solo un cambio de hábitos) debe brindar a los sectores más vulnerables, aquellos que reciben alguna ayuda del Estado, herramientas para que transiten su día a día de mejor manera. Una vez que las políticas públicas mejoraron la situación de estas personas, la educación financiera debe darle los instrumentos para no volver ahí.
En definitiva, un plan de educación financiera es conceder derechos, porque en una primera instancia ayudará a mejorar la cotidianidad de los argentinos y una vez se supere la pobreza, hará que esa política sea sustentable y no se vuelva a caer en esa situación. Esto último es el mayor desafío de los gobiernos populares.

