El atractivo piramidal y la tentación de los incautos

Una estafa piramidal. Defraudación económica y presunta estafa, acusa la fiscalía. Un caso policial. Cambiemos el foco. Una universidad virtual que se especializa en criptos. Coaching. Participantes que exaltan las bondades humanas del esquema. Comunidad. Generación Zoe reclama habitar secciones de política, sociedad, economía y hasta educación. Pensar a Leonardo Cositorto, su creador, con el arquetipo del villano, es desconocer la capacidad comunicacional de los diseños que basan la expansión y el éxito de una organización en su pericia para atraer miembros, a través de la persuasión. ¿Cómo se comunica un Ponzi? ¿Quién participa del ciclo? ¿Cuándo deja de funcionar?

El auge de un esquema piramidal es incierto, como lo son, en la vida, las razones por las que elegís confiar. El ocaso es claro, como los motivos por los que dejás de hacerlo. En el estallido final, se agrega, además, la solidaridad por las víctimas que sufrieron la estafa de turno. La empatía con ellos corre por cuenta de quienes alguna vez fuimos tomados por giles (es decir todos).

La estafa es tema de la física: intervienen un vivo y un desprevenido que, al cruzarse, liberan una energía que cataliza en un negocio. Los roles cambian, alguien puede ser astuto en un vínculo y distraído en otro. La energía producida está basada en la capacidad de generar confianza. A diferencia de la institucionalidad, que reposa el poder en un principio de autoridad formal, en los esquemas piramidales la subordinación se ampara en las condiciones sobre las que el liderazgo es ejercido, y su influencia en lo que se conduce.

Cien millones de argentinos

La construcción piramidal se basa en una premisa: los que estén dispuestos a ganar, lo logran. Solo pierden los que no se animan. Marco cognitivo: el mundo tiene ganadores, activos, y perdedores, pasivos; los que, por falta de audacia o estrechez de miras, viven cuidando el empate. Como nosotros nunca somos ese, el espejo en el que no nos queremos mirar es infalible, decidimos prescindir de la cautela. Volvernos incautos, bah. De los que arriesgan porque el premio lo justifica y la vida es una sola. El coaching manda: solo si te conocés, estás listo para la aventura. Si pensás que te van a embocar, es que todavía no estás preparado. El incauto se alimenta de tres estadios. En el primero, no se siente parte de una piramidal, en el segundo, sospecha que probablemente lo sea, pero que a él no le va a pasar y en el último, confirma que está siendo estafado, pero con derecho a decidir quién lo toma por estúpido. Lo curioso, es que no se trata de tres tipos de incautos diferentes. Es el mismo, en distintos momentos, que van desde la voluntad de vivir emociones fuertes, del inicio, hasta la lucidez resignada del final.

Lo piramidal vive en la democracia representativa. Cedés algo propio para que lo administre un tercero. ¿Por qué? Porque tus bienes, en estado individual, tienen un límite, pero en lo colectivo pueden multiplicarse. Dinero o poder. Esta relación entre potentia, como lo que decidís transferir, y potestas, como institucionalización y administración de tu capital por alguien (salud, querido Dussel), podría ser un Ponzi, pero es la base del sistema institucional. La capacidad de persuasión que nos invita a ceder a la representación, está basada, como nos ilustraron Luciano Elizalde y Tito Ávalos, en un dispositivo que conjuga cuatro mecanismos: líder, equipo, marca y producto (¿todavía no leíste "Las claves para que las cosas sucedan"?).

La marca Generación Zoe, es atractiva, remite a la etimología de la vida, y suena más a metafísica que a finanzas. El equipo, como en cualquier pirámide, acredita identidad y pertenencia. Son aquellos iguales a mí, que han decidido correr el riesgo ¿El producto? Enceguecedor. Rendimiento en dólares, autoconocimiento, pertenencia a una comunidad emprendedora y respaldo en oro. Sí, leelo de vuelta: en oro, ese que está yendo a buscar el Líder, en el Norte grande, tal cuál acredita en sus propias redes. O Cositorto ha leído mucho o es un gran autodidacta.

El ciclo del incauto, y el valor del dispositivo, describe el devenir argentino. Todos piramidalizados, en distintos estadios. Si de verdad confiaste que un peso podía valer igual que un dólar, que guardar un billete en un cajón sin más esfuerzo que ir a comprarlo alcanzaba para que multiplique su valor, o que una Letra del Banco Central puede ofrecer 70 % por un capital inmovilizado, fuiste incauto. La patria también es el que se hace el otro. Detrás de tu comportamiento, la idea de que todo termina bien si te retiras a tiempo (como piensa Schopenhauer y los que van al Casino). Como vos no sos el dueño de la obra ni del telón, no lo podés bajar a tiempo. Es el momento de la metamorfosis: el incauto se convierte en indignado. Lo que te transforma no es que te hayan estafado sino la percepción de que los demás ya se dieron cuenta.

La indignación política es la respuesta a un esquema piramidal colapsado. Millones de argentinos, decidieron, en 1983, que era momento de separar democracia de violencia institucional. En el 89 se retiraron para dar paso a otros compatriotas que apostaron a la revolución productiva; estos se exiliaron con el fin del siglo pasado, reemplazados por quienes querían paridad cambiaria sin tizne de corrupción. Millones, también, corridos por otro 54%, que en el 2011 suscribió las escamas de sintonía fina sobre un colchón nacional y popular. También ellos debieron esconderse, para que renovados actores elijan en el 2015, a la gran esperanza blanca daría vuelta la página del kirchnerismo. Obvio que ninguno de estos que mencionamos en los cinco ciclos anteriores, eligieron a Alberto Fernández en primera vuelta. O nadie se equivocó dos veces y hay 100 millones de argentinos o somos los que estamos, alternando ciclos de incauto e indignado, comportándonos como el cazador del chiste, que insistía con cazar al gran gorila blanco.

El indignado es un incauto que sufre

El incauto político, decidido a creerlo todo, experimenta los tres estadios. El primero, confianza, donde su decisión no puede ser estafada. El segundo, reconocimiento, donde supone que el incauto es el otro (quién toma apuntes sobre amor escuchando a Darío Z, se ríe de Nico Andreoli). El tercero, el de la sospecha, cuando te asumís víctima. La indignación expresa el cuarto estadio: frustración. Asumís la culpa por confiar, te defraudaron, no te vuelve a pasar. Confianza, reconocimiento, sospecha y frustración. Cada indignado es un incauto que ha sufrido. Comunicarse con ellos es gestionar un vínculo sin expectativas, que deja dos alternativas. O elegís el atajo, y sos el vehículo acrítico de toda la ira ciudadana, ofreciéndote a visibilizar la bronca y cuidándote de recordarle al indignado que él avaló la situación que lo victimiza o elegís el camino largo, restituir la confianza, hasta que el ciclo vuelva a empezar. Lo que no podés hacer es tratar al indignado como incauto. No se puede persuadir a quien no está dispuesto a creer.

Todo Ponzi es una pirámide, pero no toda pirámide es un desfalco. Negocio o estafa, depende de la eficacia del dispositivo. La política está desproporcionada. La sobrerrepresentación de los líderes, la centralidad de las marcas ante el colapso de los partidos tradicionales y la prédica posmo sobre la importancia de los equipos, eclipsan al elemento más importante del sistema: No hay política sin producto. El único esquema piramidal que no termina en delito es aquel en el que los participantes perciben el interés brindado por el capital aportado. Si no, por atractiva que sea la promesa, termina en corrida.

Todos somos parte de un sistema, hasta que la nuestra no aparece. Cuando deja de pasar, la diferencia entre Cositorto y un dirigente en gestión, es el tamaño de la pirámide.