El idioma de la IA y la del cerebro son diferentes a nuestro lenguaje común
El cerebro humano y la inteligencia artificial comparten una lógica interna veloz y compleja que luego se traduce en un lenguaje más lento para comunicarse
El lenguaje del cerebro y el de la inteligencia artificial (IA) son distintos del idioma que usamos cotidianamente. Lo hablado y lo escrito funcionan como instrumentos para canalizar la intersubjetividad, es decir, para comunicarnos con otros. Este sistema suele ser más lento que el pensamiento, ya que pensamos mediante un lenguaje propio del sistema nervioso, mucho más veloz que los procesos necesarios para articular palabras: mover el sistema fonatorio y activar áreas práxicas, semánticas y prosódicas de la corteza cerebral.
Con la IA ocurre algo similar: aunque solemos interpretarla como un sistema de lenguaje convencional, en realidad opera con un idioma informático que solo se ralentiza cuando interactúa con nosotros, al mismo tiempo que aprende continuamente de ese intercambio.
El lenguaje neuronal: un sistema complejo y dinámico
El lenguaje es una herramienta para comunicar ideas, relacionarnos y tomar decisiones. En el caso humano, posee características altamente complejas e intersubjetivas. Sin embargo, el lenguaje neuronal difiere del lenguaje cotidiano: se asemeja más al funcionamiento de una supercomputadora.
Aún estamos lejos de replicar algo similar a un cerebro, aunque existen proyectos internacionales que intentan descifrar su lógica, como el Proyecto Cerebro Humano en Europa, el Proyecto Brain en Estados Unidos y el Proyecto Brainnetome en China. Todos buscan comprender un idioma que, hasta la llegada de la IA, resultaba inaccesible en profundidad.
Un ejemplo claro es la afasia: cuando una persona pierde la capacidad de lenguaje, no pierde el pensamiento, sino la posibilidad de expresarlo o comprenderlo. Es como estar en un país cuyo idioma desconocemos: el razonamiento permanece intacto, pero la comunicación falla.
Neuronas, sinapsis y un idioma casi infinito
Las estructuras del cerebro se comunican mediante sinapsis, utilizando electricidad y neurotransmisores. Este sistema constituye un lenguaje propio que abarca desde funciones básicas hasta las más complejas.
El cerebro humano posee aproximadamente 100 mil millones de neuronas, y cada una puede conectarse con unas 50.000 más. Esto genera una cantidad extraordinaria de combinaciones posibles, incluso con un número limitado de neurotransmisores que funcionan como "letras" de este lenguaje.
Las neuronas operan con señales de activación e inhibición, formando un sistema similar al binario de la computación. Sin embargo, la complejidad surge de las múltiples variables: tiempo, intensidad, ubicación cerebral y tipo de receptor. Así, un sistema basado en pocas señales puede multiplicarse en millones de combinaciones, dando lugar a fenómenos como la conciencia y el pensamiento abstracto.
De las ideas al lenguaje y la construcción de la subjetividad
Los estudios de resonancia magnética funcional muestran que el área de Broca se activa al hablar, pero la comprensión y el pensamiento involucran muchas más regiones cerebrales. Esto evidencia que pensar no es lo mismo que hablar: las palabras son solo la expresión final de procesos más complejos.
Las ideas se organizan como nodos semánticos (animales, flores, comidas) desde la infancia temprana. Luego, se les asignan palabras como representación acústica, mucho antes de la escolarización formal. Investigaciones de Patricia Kuhl demostraron que los bebés pueden percibir hasta 800 fonemas, aunque luego seleccionan y memorizan solo los necesarios según su entorno social.
El aprendizaje del lenguaje depende fuertemente de la interacción social: los niños aprenden más y mejor cuando interactúan con personas, no solo observando. La información adquirida se almacena en estructuras biológicas, moldeando nuestra subjetividad e identidad única.
En este sentido, el lenguaje humano es central para la cognición y la transmisión cultural. Funciona como herramienta de nuestras ideas: para comunicar correctamente, necesitamos no solo palabras, sino también procesos mnésicos, articulatorios y procedurales.
En síntesis, tanto el cerebro como la IA procesan información mediante sistemas internos rápidos y complejos, que luego traducen a un lenguaje más lento y comprensible. El idioma, así, se convierte en el puente entre el pensamiento y la intersubjetividad.
* Neurocientífico, PhD. Profesor Titular y Decano, Facultad de Ciencias Médicas (UBA). Director de @alzheimerargentina.

