Crédito y morosidad

El laberinto del sobreendeudamiento familiar: diagnóstico y salida en tres niveles

Hay que discutir tasas, spreads, criterios de otorgamiento, información disponible y mecanismos de refinanciación

Dante Nicolás Quaglia
Dante Nicolás Quaglia
Director de la Licenciatura en Finanzas de Universidad Siglo 21
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Las familias no se endeudaron pensando que no podrían pagar. Lo hicieron para atravesar una situación que esperaban que fuera transitoria, no permanente.

Superar el sobreendeudamiento exige que la política económica, el sistema financiero y los hogares actúen de manera coordinada en tres niveles.

El contexto del shock

Para una familia, una caída persistente de sus ingresos combinada con un aumento sostenido de los precios de sus gastos fijos es un shock externo. El hogar no fija las tasas de interés, no determina la política económica, no establece los precios ni decide las condiciones generales del mercado laboral; simplemente recibe las consecuencias y tiene que adaptarse. Sin embargo, ese mismo shock resulta endógeno para el sistema económico en su conjunto.

No necesariamente estamos frente a una guerra, una pandemia o una catástrofe natural que proviene del exterior. Las condiciones que afectan a los hogares surgen de la interacción entre las decisiones de política económica, el funcionamiento de los mercados y las expectativas. La distinción importa: para las familias, la perturbación fue externa; para el sistema económico, no. Y si el origen del deterioro está dentro del propio sistema, tampoco debería considerarse un fenómeno inevitable ni permanente.

Las políticas económicas no afectan solamente las grandes variables macroeconómicas que suelen debatirse acaloradamente en el debate público; también terminan impactando directamente en el presupuesto de cada hogar. Cuando cae el ingreso real, una familia tiene menos margen para absorber aumentos de precios. Si a la caída del ingreso se le suma el persistente aumento de los principales gastos del hogar -como vivienda, servicios, transporte, educación y salud-, el cóctel resulta demoledor.

El crédito como trampa: tasas, riesgo y regulación

En este contexto, las tasas de interés y las condiciones del crédito adquieren una importancia todavía mayor. Una familia que perdió capacidad de ahorro y necesita financiarse queda mucho más expuesta al costo de ese financiamiento. Allí es donde entra en juego la regulación financiera.

En la arquitectura financiera, el riesgo se traslada al precio. Un cliente con mayor probabilidad de incumplimiento debería pagar, en principio, un costo mayor. Pero existe un punto en el que vale la pena hacerse una pregunta diferente: si el análisis de una entidad determina que para prestarle dinero a una persona necesita cobrar una tasa del 600% anual, ¿el problema es solamente que el cliente es demasiado riesgoso, o también hay que preguntarse si ese crédito debería otorgarse?

La paradoja es evidente: cuanto mayor es el riesgo, mayor puede ser la tasa necesaria para compensarlo; pero cuanto mayor es la tasa, menor puede ser la capacidad real de repago del deudor. En algún punto, el precio que pretende cubrir el riesgo se convierte en una fuente adicional de riesgo. 

En ese sentido, sería saludable reconocer que existe un límite a partir del cual el crédito deja de ser una herramienta válida. La pregunta regulatoria, entonces, no debería ser solamente cuánto puede cobrarse, sino qué crédito tiene sentido otorgar.

Es tentador responsabilizar a las empresas fintech por el aumento del endeudamiento, pero sería confundir el instrumento con los incentivos. Las fintech responden a las oportunidades que existen en el mercado y a las reglas que establece la regulación. 

Si existe demanda de crédito, información disponible sobre los clientes y un marco que permite ofrecer determinados productos, las empresas van a responder. Por eso, la discusión no es regulación sí o no, sino qué mercado de crédito se quiere construir: uno que permita la innovación y la competencia, pero que al mismo tiempo evite que el acceso al financiamiento termine convirtiéndose en acceso al sobreendeudamiento.

Estrategia de recuperación en tres niveles

Si el problema se construyó en distintos niveles, la solución también necesita actuar en tres planos complementarios e insustituibles:

  • El nivel macro (recomponer la capacidad económica): Una familia no puede salir de un endeudamiento estructural solamente administrando mejor sus gastos si sus ingresos no alcanzan para cubrir sus necesidades y sus obligaciones financieras. La recuperación requiere crecimiento, empleo, ingresos reales, capacidad de ahorro y previsibilidad.

  • El nivel financiero y regulatorio (construir crédito sostenible): El mercado de crédito tiene que funcionar dentro de un marco regulatorio que contemple tanto la competencia como la capacidad de repago. Hay que discutir tasas, spreads, criterios de otorgamiento, información disponible y mecanismos de refinanciación, fijando límites cuando el costo financiero resulta incompatible con la capacidad de pago.

  • El nivel familiar (volver a planificar): Reconocer las responsabilidades macro no elimina la responsabilidad individual. Las familias también tienen que actuar: la educación financiera es necesaria, pero no alcanza con saber qué es una tasa de interés. Hay que proyectar a doce meses: evaluar ingresos, gastos y deudas, planificando contingencias. Si los números no cierran, habrá que reorganizar la estructura de gastos e ingresos.

Ninguno de estos niveles puede sustituir a los otros. Una familia puede administrar correctamente sus finanzas y, aun así, sufrir una caída persistente de sus ingresos. Un banco puede diseñar correctamente sus productos y enfrentar una cartera deteriorada si sus clientes pierden capacidad de pago simultáneamente. Y las condiciones macroeconómicas pueden mejorar, pero no pueden decidir cuánto consume, ahorra o se endeuda cada hogar.

Por eso, no se trata de elegir entre la responsabilidad individual y la responsabilidad del sistema: ambas coexisten con márgenes de acción diferentes.

 El desafío central para los próximos meses es conseguir que el shock deje de ser permanente, permitiendo que los ingresos vuelvan a generar ahorro y que el crédito regrese a su función esencial: financiar el futuro en lugar de cubrir el déficit del presente.

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