Estar bien con uno mismo es la clave del bienestar
¿Por qué no dejar de huir de nosotros y comenzar a conocernos?
Aunque parezca mentira, muchos adultos son incapaces de estar consigo mismos, y esto puede llevarles a caer en una dependencia emocional. La soledad les genera tal incomodidad que, constantemente, buscan la compañía de alguien más sin reparar, muchas veces, en si esa compañía es de calidad o no. Es importante que tengamos muy claro este mensaje: "aprender a estar contigo mismo es la clave de tu bienestar".
Estar a solas nos genera malestar porque no estamos acostumbrados. Vivimos inmersos en el ruido externo, enfocados en los otros y desconectados de nuestro propio ser. Es importante resaltar que buscar el contacto social y establecer relaciones es totalmente sano y natural. Somos seres sociales y necesitamos de la interacción con los otros para mantenernos saludables física y emocionalmente. No obstante, pasamos la mayor parte del tiempo con nosotros mismos, ¿por qué no dejar de huir de nosotros y comenzar a conocernos?
Con frecuencia, la dependencia emocional nos lleva a estar excesivamente pendientes de otras personas. Nos desvivimos por conocer sus necesidades y expectativas y cumplirlas al instante. Depositamos toda nuestra energía y nuestro tiempo en su bienestar y, por ende, nos olvidamos de nosotros. No podemos amar sanamente, cuidar y atender a alguien más si no nos amamos, cuidamos y atendemos primero a nosotros mismos.
Estar bien con nosotros mismos es el arte de hacer de nuestra identidad el camino, sin importar lo que digan o piensen los demás. No hay mejor atractivo que el que se siente al estar bien consigo mismo. No hay mejor satisfacción que la que se obtiene tras haber navegado en las aguas del autoconocimiento para descubrir valías, fortalezas y necesidades. Solo entonces tomamos las mejores decisiones, esas con las que sentirnos libres, realizados y dotados de esa belleza particular que nos hace únicos, auténticos.
Un maestro zen nos recuerda que no hay persona más bella que aquella que actúa siempre en conexión con su interior. Esa que no busca ser aceptada por otros, sino validada y acogida por el propio corazón, por la propia esencia que nos define. Sin embargo, podríamos decir, casi sin temor a equivocarnos, que son muchos los que se miran cada día al espejo sin encontrarse.
Es casi como un extraño sortilegio. Sólo nos apreciamos a nosotros mismos cuando son otros los que nos validan, cuando son los demás los que nos dan un refuerzo positivo con sus palabras, gestos, comentarios y reconocimientos. Si eso no se da o no sucede con excesiva frecuencia, caemos en el abismo de la invisibilidad, de la no presencia, de esa autoestima que se va deshilachando de forma progresiva.
Estar bien con uno mismo hace que los lastres de los convencionalismos queden atrás, al igual que esas cadenas que a menudo colocábamos sobre la mente, el corazón y los pies, en nuestro afán por quedar bien con todo el mundo, por no defraudar, por ser tal y como los demás esperaban.
Nuestra sociedad de consumo e incluso nuestra educación nos orientan hacia ese éxito material y alineado que nada tiene que ver con la realización personal. Porque para estar bien con uno mismo debemos conquistar otros territorios, otros escenarios más invisibles.
Debemos tomar las riendas de nuestra realidad y para ello hay que reconocer valías, competencias y capacidades propias. Cada éxito o error cometido depende solo de la propia persona. Por tanto, un modo de estar bien con nosotros mismos es ser capaces de reconocer lo que valemos, lo que podemos conseguir, donde están nuestras fortalezas y también nuestras limitaciones. No hay belleza más deslumbrante que la de quien deja a un lado los convencionalismos para ser uno mismo en cualquier momento y circunstancia.
"Un cuervo vivía muy feliz en el bosque. Pero, de repente, vio en el lago un ave hermosamente blanca: era un cisne. Y le dijo: -Eres tan hermoso, me encantaría poder vivir tu vida. Y el cisne le respondió: -Hay alguien mucho más lindo, un perico, que tenía dos colores muy brillantes. -Lo buscaré, dijo el cuervo, y salió volando hasta que lo encontró. -Tenía razón el cisne; son colores maravillosos; pareces una obra de arte! Seguramente eres el ave más afortunada de la tierra. El perico sonrió pero dijo: -He visto a un pavo real; él sí que es un ave majestuosa, yo quisiera ser como él.
El cuervo voló al zoológico. Al ver el pavo real quedó atónito con su belleza. -Eres mágico, fascinante a la vista; seguramente serás el ave más feliz del mundo!
-Ay cuervo, yo siempre pensé que era el ave más bonita y feliz. Pero, por mi belleza, estoy atrapado en esta jaula. Recorriendo el zoológico me he dado cuenta que al único a quien no ponen en jaulas es al cuervo. Si yo fuera como tú volaría libremente, sería testigo de todas las maravillas y viviría feliz.
El cuervo aprendió, entonces, que compararse con los demás lo hacía sentirse menos, además de no valorar su verdadero tesoro: la libertad! Algo que, a veces, los humanos no terminamos de entender".


