Análisis

La amoralidad libertaria en el sofista Walter Block

Walter Block defiende una visión amoral del mercado y justifica conductas penalizadas por la ley, entre la retórica extrema y el sinsentido ideológico.

Defendiendo lo indefendible -cuyo copyright es de 1976- es un libro extraño y curioso; recientemente, ejemplares del mismo fueron regalados por el presidente Javier Milei a los miembros de su Gabinete.

Su autor es el economista estadounidense Walter Block, perteneciente a la Escuela Austríaca, discípulo de Murray Rothbard, quien prologó la obra, y, según reza en su contratapa, uno de los más destacados representantes del libertarismo de línea austríaca.

Si bien, obviamente, se trata de un libro de divulgación respecto del mercado y de su defensa como filosofía económica, el extremismo radical y el estilo buscado lo tornan, en muchos de sus planteos, en un sinsentido que, a veces, por lo absurdo de sus propuestas, parecería ser una burla a la misma ideología que trata de defender.

Ya desde sus primeras páginas afirma que "...el sistema de libre empresa no puede considerarse moral...", aclarando que "...el mercado debería considerarse como amoral, es decir, ni moral ni inmoral."

Es por eso por lo que más adelante se pregunta: "¿Cómo podemos, pues, defender las actividades inmorales de ciertos miembros del mercado? Basándonos en la filosofía del libertarismo, que se limita a analizar cada problema de manera independiente. ... El libertarismo, pues, no es una filosofía sobre la vida: no define las fronteras entre el bien y el mal, lo moral y lo inmoral, lo que es apropiado o lo que no".

No ha sido esa la posición de Ludwig Von Mises, uno de los más importantes pensadores del libertarismo, que en Fundamentos económicos de la libertad reconoce que la libertad no es sólo un postulado político, sino también de toda moral religiosa o secular; ha sido la atmosfera moral y mental del capitalismo en los EEUU lo que facilito el crecimiento de su economía.

Negar la moralidad en el campo de la economía como se plantea en el texto tiene varios contradictores en el campo de la filosofía moral; el economista indio Amartya Sen y el filósofo español Jesús Conill, entre otros, niegan ese hiato entre mercado y moral; de alguna manera, los principios éticos que inspiraron la gestión empresarial del argentino Enrique Shaw, hoy beato, también se oponen a esa radicalidad , cuando sostuvo: "¿Cuál es el máximo que se puede ganar? Si una empresa sube los precios de una manera irresponsable, cobrando el máximo que el mercado pueda pagar simplemente porque tiene poder para hacerlo, está trastornando los valores implícitos en el sistema económico caracterizado por la empresa privada y ante poniendo su afán de lucro al servicio del público consumidor."

Block critica la concepción de la caridad, y en especial a la caridad estatal, afirmando que "Lejos de ser una actividad loable, la caridad puede tener efectos adversos...", contrario senso de lo que el filósofo liberal Robert Nozick sostuvo en sus Meditaciones sobre la vida, reconociendo la importancia de la solidaridad humana puesta en acto por los individuos juntos o a través de los gobiernos; esta concepción resulta muy relevante ya que en Anarquía, Estado y Utopía ese mismo autor había ofrecido una justificación moral del liberalismo y del Estado mínimo libertario, mas tarde madurada y matizada.

El diccionario de la Real Academia Española define a amoral como "Dicho de una persona: Desprovista de sentido moral." Sus sinónimos son inmoral e indecente.

Es por eso que muchos de los personajes que desfilan por las páginas de la obra de Block, que deberían ser calificados, simple y llanamente, como delincuentes en términos del derecho penal, y merecedores por ello de sanciones, para él y "...según los principios del libertarismo, no deberían ser encarcelados, ni se debería ejercer ningún tipo de violencia contra ellos...", aclarando, por supuesto, que ello "...no significa de ninguna manera que las actividades que realizan sean morales, apropiadas, o buenas": estas cuestiones no parecen ser relevantes para el autor.

En defensa de estos, se sostiene que "...no realizan acto alguno de violencia no provocada contra no agresores (...) no son agresores. No fuerzan a nadie a hacer lo que no quiera. Si los otros miembros de la sociedad tratan con ellos, es de forma voluntaria..." y "...dado que el intercambio voluntario ...debe beneficiar a ambas partes, de ahí se deduce que la prohibición del intercambio voluntario resulta en perjuicio de ambas partes."

Como se verá más adelante, la afirmación de inexistencia de actos de violencia en las conductas que se describen minuciosamente en el libro es falaz, salvo que el autor considere, erróneamente, que la única forma de ejercer violencia posible es la física.

El primer "héroe libertario" que aparece en escena - el significado del concepto de "héroe", lamentablemente, ha sufrido una enorme devaluación en los últimos tiempos- es el proxeneta, a quien caracteriza como aquel que "realiza la necesaria función de intermediario, y, al hacerlo, cuanto menos, está siendo más honorable que muchos otros intermediarios, como los agentes bancarios, de seguros, o de bolsa."

Mal que le pesare al escritor, en nuestro país, el Código Penal de la Nación, en su artículo 125 bis sanciona a "El que promoviere o facilitare la prostitución de una persona será penado con prisión de cuatro (4) a seis (6) años de prisión, aunque mediare el consentimiento de la víctima."

El siguiente "héroe" aplaudido por Block es el narcotraficante.

Es público y notorio que el narcotráfico es una conducta calificada como delito en casi todos los países de Occidente; en Argentina, la ley 23.737 incorporó al Código Penal los delitos de "...comerciar con estupefacientes, precursores químicos o cualquier otra materia prima para su producción o fabricación..." y a quien "...Entregue, suministre, aplique o facilite a otros estupefacientes a título oneroso..."

El autor, que en el capítulo El drogadicto, amén de manifestarse tácitamente a favor de la liberalización de ese comercio, sostiene un extraño argumento en defensa del delito y de sus actores, al decir que "el narcotraficante es el responsable de bajar el precio de la droga, mientras que las fuerzas de «la ley y el orden» tienen la culpa de que el precio suba, pues interfieren en la actividad del traficante. Por ello, la figura a la que deberíamos considerar heroica es la del vilipendiado narcotraficante, en lugar de la del muy ponderado agente antivicio...",  agregando más adelante que "...la prohibición de la heroína y otras drogas duras no sirven a ningún propósito útil. Ha causado incontables cantidades de sufrimiento y trastorno social. Para mantener esta ley atroz, los agentes antivicio mantienen elevado el precio de la droga, lo que empeora la tragedia. El narcotraficante, que media para bajar los precios, incluso corriendo riesgos a nivel personal, es el único que salva vidas y alivia el problema de alguna manera."

El narcotraficante encuentra su par en la figura del policía corrupto, siguiente figura del desfile, que contrapone al archi famoso personaje de cine Sérpico, el policía decente por antonomasia.

En el caso del "héroe" libertario - así califica al policía corrupto- Block sostiene, insólitamente, que "...nos encontramos con dos tipos de policías, los que no persiguen a los adultos participantes de actividades voluntarias pero ilegales, y que aceptan dinero de los individuos implicados en dichas actividades; y los que exigen dinero a esos individuos a cambio de permitirles seguir con sus actividades. En el primer ejemplo, suponiendo que las actividades en cuestión sean legítimas, aunque estén prohibidas por la ley, parece totalmente adecuado aceptar dinero a cambio de permitirlas." Agregando más adelante: "...Existen cuatro posibles reacciones de un policía ante una situación ilegal pero perfectamente moral: 1) ignorarla, 2) aceptar dinero a cambio de ignorarla, 3) exigir dinero a cambio de ignorarla (extorsión), o 4) acabar con ella. De las cuatro posibles reacciones, la cuarta es la menos deseable de todas, porque prohíbe una actividad moral -solo porque resulta que es ilegal."

Mas allá que Block confunde el concepto de legitimidad - nunca una actividad contraria a la ley podría ser "legitima", ver al respecto diccionario RAE "legitima: conforme a las leyes"- lo que está haciendo el autor es aplaudir a una conducta especialmente descripta en el artículo 256 del Código Penal que establece que "...Será reprimido con reclusión o prisión de uno a seis años e inhabilitación especial perpetua, el funcionario público que por sí o por persona interpuesta, recibiere dinero o cualquier otra dádiva o aceptare una promesa directa o indirecta, para hacer, retardar o dejar de hacer algo relativo a sus funciones".

La amoralidad de su pensamiento se despliega nuevamente en otro individuo claramente detestable, cual es el chantajista.

Block define al chantaje como "...una oferta de intercambio. Es la oferta de cambiar algo, normalmente silencio, por algún bien, normalmente dinero. Si la oferta del intercambio es aceptada, el chantajista mantiene su silencio y el chantajeado paga el precio acordado. Si la oferta de chantaje es rechazada, el chantajista puede ejercer su derecho a la libertad de expresión y hacer público el secreto. "

La legislación argentina tiene, por supuesto, otra mirada.

El artículo 168 del Código Penal dispone que "Será reprimido con reclusión o prisión de cinco a diez años, el que con intimidación o simulando autoridad pública o falsa orden de la misma, obligue a otro a entregar, enviar, depositar o poner a su disposición o a la de un tercero, cosas, dinero o documentos que produzcan efectos jurídicos"

El autor cree que, además de ser una actividad legitima- nuevamente, su concepción de "legitima" es paupérrima- el chantaje tiene efectos positivos: más allá de "alguna víctima inocente que caiga en la red, las presas de los chantajistas pertenecen a dos grupos; el compuesto por criminales: asesinos, ladrones, estafadores, malversadores, evasores de impuestos, violadores, etc.

El "otro grupo consta de gente que participa en actividades que no son ilegítimas en sí mismas, pero que son contrarias a la moralidad y hábitos de la mayoría: homosexuales, sadomasoquistas, pervertidos sexuales, comunistas, adúlteros, etc. "

En el primer supuesto, la ventaja que brindan los chantajistas a la sociedad es que el chantaje o la amenaza de chantaje actúa como elemento disuasorio a la actividad criminal; su legalización provocaría un aumento de la actividad chantajista, con depredaciones continuas sobre el gremio criminal.

En el caso del segundo grupo, es decir aquellos que "...están en discordancia con las morales de la sociedad en conjunto ...el chantaje ha ayudado a que la opinión pública sea más consciente de la homosexualidad y esté más acostumbrada a ella."

El libro contiene más sandeces - ¿apologías del delito? - como sostener que "la violación no siempre es ilegal. Si la perpetra un hombre contra su esposa, no es ilegal" (ver Código Penal artículo 119. - Será reprimido con reclusión o prisión de seis meses a cuatro años el que abusare sexualmente de una persona cuando ésta fuera menor de trece (13) años o cuando mediare violencia, amenaza, abuso coactivo o intimidatorio de una relación de dependencia, de autoridad, o de poder, o aprovechándose de que la víctima por cualquier causa no haya podido consentir libremente la acción.)

También que "...la institución del trabajo infantil es honorable y poseedora de una espectacular trayectoria de buenas obras, y los malos de la película no son los que contratan niños, sino los que prohíben el mercado libre de trabajo infantil " (Código Penal , artículo 148: bis: Será reprimido con prisión de uno a cuatro años el que aprovechare económicamente el trabajo de un niño o niña en violación de las normas nacionales que prohíben el trabajo infantil, siempre que el hecho no importare un delito más grave.) .

No olvida condenar, por otra parte, a quien denomina "el primer falsificador de moneda", es decir al Gobierno, afirmando que el dinero que éste- el Gobierno- "fabrica" y obliga a usar a los ciudadanos es una falsificación del que llama dinero real, que consiste en el oro y la plata.

Por ello cree que en el caso del falsificador "privado (...) su trabajo no es fraudulento ni mucho menos inmoral, ya que no tratan de hacer pasar dinero falso por verdadero"; solo "copia" dinero ya "falsificado" por el Gobierno.

Claro es que el Código Penal no comparte esa conclusión: "Articulo 282: Serán reprimidos con reclusión o prisión de tres a quince años, el que falsificare moneda que tenga curso legal en la República y el que la introdujere, expendiere o pusiere en circulación."

Finalmente, celebra a otros actores que desempeñan actividades que declara no apreciadas o reconocidas por la sociedad pero que, ab initio, no constituirían acciones penalmente reprochables, como la del avaro, el revendedor, el taxista sin licencia, el acaparador, el casero del suburbio, el comerciante del gueto o el especulador, entre otros.

Lo cierto es que, como se podrá advertir a partir de lo más arriba señalado, el libro es provocador, y a partir de sus proposiciones, claras y concretas, y con aparente lógica, trata de generar en el lector el convencimiento de la razonabilidad de sus planteos, que en sí, distan mucho de serlos.

La retorica expuesta es de una notable habilidad, pero al mismo tiempo peca del poco rigor que, en muchos casos, se atribuía a las enseñanzas sofísticas.

Los sofistas fueron unos pensadores de la Atenas del siglo V AC, contemporáneos de Sócrates y de Platón, que se caracterizaron por no ser ciudadanos atenienses y por cobrar por enseñar a sus educandos; algunos de ellos, se dedicaron a enseñar las reglas de la retórica, es decir el "como hablar bien", el arte de convencer ya fuere en el Agora (el mercado) o en la Eklesia (Asamblea).

Debe recordarse que como todos los ciudadanos atenienses integraban, elegidos por sorteo, la Eklesia, el poder expresarse convenientemente en ella se consideraba una importante virtud y habilidad. La erística era una de las herramientas verbales que los sofistas enseñaban a quienes los contrataban, para lograr vencer al contrincante, en sus eventuales "combates" verbales.

Protágoras y Gorgias fueron dos importantes sofistas de esa época y han merecido sendos diálogos platónicos.

Del primero de ellos es conocida su disputa con un alumno quejoso con la calidad de la enseñanza y moroso en su pago a quien reclamo judicialmente su pago afirmando "Si yo gano, es preciso que por haber ganado me entregues los honorarios; si tú ganas, por haberse cumplido la condición, también deberías pagarme"

De Gorgias se conserva su discurso Elogio de Helena, en donde sostenía que ella fue raptada por Paris contra su voluntad, pero no con violencia, sino a través del poder ejercido sobre ella por las palabras de éste, o por la fuerza que ejerce el decreto divino, o por la seducción y la atracción que operan el amor, o bien por la fuerza del raptor. En cualesquiera de tales casos, ella era inocente.

Maestros de la retórica, componían textos cuya aparente solidez solo se hallaba en la forma en que se planteaban pero que, en verdad, a poco de desmenuzarlos, surgían incongruencias, errores de contenido o, simplemente mentiras.

Aristóteles definió como argumentos sofísticos a aquellos que parecen ser argumentos o refutaciones a éstos, pero que en realidad sólo lo son en apariencias, mas no son más que falacias; los dos casos citados más arriba son perfectos ejemplos de esta técnica sofistica.

El error en que cae Block, con su literatura sofistica, es su endiosamiento del mercado, al que transforma en un tótem freudiano, sin tener en cuenta que aquel sólo existe en función y en beneficio del hombre y de la sociedad, a los que las cuestiones morales y los dilemas éticos no les resultan indiferentes.

Olvida el autor que, por el contrario, "la moral es un asunto que nos interesa por encima de todo lo demás" (David Hume, Tratado de la naturaleza humana).

Abogado (UBA), cursando la licenciatura en Filosofía (UBA). Miembro fundador de la SBM


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