El roble y el junco

La apertura mental como fortaleza

Es necesario pensar diferente para liberarse de las limitaciones

Ocurre con la gente de mente pequeña lo mismo que con las botellas de cuello estrecho. Cuanto menos contienen, más ruido hacen al vaciarlas. Podríamos decir sin equivocarnos, que una buena parte de la población mundial, mantiene una tendencia que no va precisamente hacia la apertura mental. Intereses personales, fanatismos políticos y religiosos, machismo, feminismo, discriminaciones hacia otras etnias... es quizá un dato triste, pero es bien conocido el hecho de que muchas personas se mueven exclusivamente en sus propios intereses.

La intolerancia, los estereotipos, el prejuicio, el autoritarismo o el dogmatismo son conceptos totalmente opuestos a una mente abierta. Personas incapaces de cambiar de opinión y que, de algún modo, presentan una actitud verdaderamente destructiva para todos aquellos que están a su alrededor.

Pero más que preocuparnos por los demás, es esencial que nos centremos en nosotros mismos. Toda mejora empieza por uno mismo, así que no dudemos en practicar un sano ejercicio diariamente por el bien de nuestra salud emocional e intelectual: practicar la apertura mental.

Es posible que tengamos nuestra propia opinión, nuestras propias creencias. Pero nos gusta escuchar cualquier idea y buscar nuevas informaciones para tener una visión más amplia de las cosas. Una visión más integradora de la realidad. Si disponemos de una mente abierta, no nos molestará ver evidencias que son contrarias a nuestras creencias u opiniones.

Quienes tienen una mente abierta no sufren el miedo a equivocarse, no se sienten ofendidas cuando ocurre esto; su principal finalidad es siempre conocer la verdad sobre las cosas, de ahí que no sólo acepten correcciones, sino que además se interesan por buscar más evidencias y evaluar continuamente lo que ven, revisan toda idea, no creen ciegamente todo lo que les dicen, leen o escuchan. Buscarán más opiniones, contrastarán información y estarán abiertos a otros puntos de vista.

Las personas que no poseen apertura mental son poco o nada flexibles y les asusta demasiado lo desconocido. No tienen la habilidad para modificar la opinión propia y aceptar las ideas de otros; se los considera "cerrados" o "estructurados".

Es necesario pensar diferente para liberarse de las propias limitaciones. Hombres y mujeres de mente abierta arriesgan, se atreven, exploran, no se quedan con la opción más fácil. Son buscadores incansables, inconformistas serenos, siempre dispuestos a aprender de todos y de todo. La mayoría de los avances y logros alcanzados por la humanidad han sido llevados a cabo por aquellos que tenían la fortaleza de una mente abierta, cuestionadora y sin límites.

Permanecer mentalmente en apertura significa cuestionar lo que ya conocemos y lo que ya hemos construido. Es estar preparados a pensar, sentir y actuar, adaptándonos a las situaciones y olvidándonos de antiguos esquemas, modelos o patrones adquiridos en nuestra trayectoria de aprendizaje.

Es saber que, más allá de nuestro punto de vista, existen otros muchos, muy diferentes, no necesariamente erróneos o confundidos; miradas complementarias sobre un mismo objeto. Es muy común que estemos amoldados a unos hábitos, a una rutina, y solo veamos las cosas en blanco o negro porque estamos "cómodos" con nuestra forma de pensar. Sin embargo, el mundo está lleno de colores, de matices, y las posibilidades son infinitas.

Una actitud rígida nos dificultará avanzar en la vida; muchas estrategias, opiniones y creencias pueden transformarse en obstáculos. Por eso se hace necesario la flexibilidad mental y el abandono a intentar caminar sobre seguro.

Nadie llega a este mundo con una aptitud innata para aplicar el pensamiento crítico a lo que sucede en su contexto. Esta habilidad se entrena, se aprende, se interioriza y se transforma en base a nuestras necesidades, personalidad y experiencias.

"A la orilla de un río, un roble fue derribado por una tormenta. Arrastrado por la corriente, una de sus ramas se encontró con un juncal crecido cerca de la ribera. El impacto produjo un gran desconcierto en el roble. No pudo evitar preguntarle a uno de los juncos, cómo había logrado mantenerse sano y salvo, en medio de una tempestad que, por su furia, incluso había sido capaz de arrancar de raíz un roble. El por qué, dijo el junco, es muy simple: yo logro mi seguridad mediante una habilidad opuesta a la tuya. En lugar de permanecer inflexible y testarudo, me adapto ante las ráfagas del viento y, sin dejar de ser quien soy, no sucumbo".

Esta nota habla de: