La memoria también es económica
El golpe de 1976 redefinió la economía: menos industria, más finanzas y desigualdad persistente
Por María Pia Nicocia
El 24 de marzo ocupa un lugar central en la memoria colectiva como recordatorio del terrorismo de Estado y de las graves violaciones a los derechos humanos cometidas durante la última dictadura cívico-militar. Sin embargo, la memoria también tiene una dimensión económica que con frecuencia queda en segundo plano.
El golpe de 1976 no sólo instauró un régimen represivo, sino que también inauguró un programa de transformación profunda del modelo productivo, impulsado por el ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz.
A medio siglo de aquel proceso, y en un nuevo contexto político, algunas de las orientaciones centrales del actual programa económico encabezado por Javier Milei y Luis Caputo invitan a revisar esas experiencias históricas.
Recordar, entonces, no es sólo un ejercicio político: es también una herramienta para comprender las continuidades y rupturas en los proyectos económicos que han marcado el rumbo de la Argentina.
Del plan de 1976 a hoy: las similitudes que reabren el debate
Muchas de las decisiones económicas tomadas en ese período no se limitaron a solucionar problemas coyunturales de la economía argentina sino que redefinieron los incentivos que organizaban la economía argentina y dejaron interrogantes que el debate sobre el desarrollo todavía no logra resolver.
A 50 años del golpe, la pregunta sigue abierta: qué economía está construyendo la Argentina
A partir de fines de los años setenta comenzó a consolidarse un esquema en el que la valorización financiera ganó terreno frente a la producción, tanto en la Argentina como en buena parte del mundo.
En otras palabras, el capital comenzó a encontrar mayores niveles de rentabilidad en las operaciones financieras que en la inversión productiva.
Este proceso estuvo acompañado por una pérdida de peso relativo de la industria, el cierre de miles de fábricas y una fuerte caída del empleo en el sector manufacturero.
No se trató de una consecuencia inevitable de ninguna crisis económica, sino del resultado de decisiones concretas de política económica.
En ese marco, durante los meses posteriores al golpe militar de 1976 se intervinieron cientos de sindicatos y se suspendió la negociación colectiva, lo que funcionó como un mecanismo de disciplinamiento de la clase trabajadora, en paralelo con la persecución, el encarcelamiento y la desaparición forzada de dirigentes sindicales.
El resultado fue una profunda transferencia de ingresos desde el trabajo hacia los sectores más concentrados del capital, algo que empezará a ocurrir nuevamente cuando la Ley de Modernización laboral esté en plena vigencia.
La apertura importadora, la reforma financiera de 1977 y el sostenimiento de un tipo de cambio apreciado convergieron en un mismo resultado: una economía menos industrial, más dependiente de la renta financiera y crecientemente orientada a la exportación de materias primas.
Durante los meses posteriores al golpe militar de 1976 se intervinieron cientos de sindicatos y se suspendió la negociación colectiva, lo que funcionó como un mecanismo de disciplinamiento de la clase trabajadora
Lejos de agotarse con el final de la dictadura, esas definiciones de política económica dejaron interrogantes que reaparecieron años más tarde, en particular durante la década de 1990. Entre ellos, uno sigue siendo central para analizar la coyuntura actual: qué sectores están traccionando el crecimiento y qué tipo de estructura económica comienza a consolidarse detrás de ese proceso.
Apertura, valorización financiera y caída industrial: las claves que conectan pasado y presente
Según el Informe de Coyuntura Macroeconómica N°11 del IIEP-UBA, la economía argentina habría crecido 4,4% durante 2025.
El dato, observado en términos agregados, resulta positivo, aunque su composición revela una dinámica más compleja.
Más del 80% de esa expansión se explica por el arrastre estadístico, es decir, por el elevado nivel de actividad con el que cerró el año anterior. El crecimiento efectivo generado durante 2025 aportó apenas 0,8 puntos porcentuales.
A su vez, la trayectoria a lo largo del año fue marcadamente irregular: se registró una caída significativa en marzo, otra durante el segundo trimestre y una nueva contracción en octubre y noviembre, en un contexto atravesado por la incertidumbre previa a las elecciones legislativas.
Pero el punto más revelador aparece al observar qué sectores están detrás de ese crecimiento. Los que más avanzaron fueron la intermediación financiera, la minería y el agro. En el caso del sistema financiero, buena parte del salto se explica por el aumento del margen entre las tasas que los bancos cobran por los préstamos y las que pagan por los depósitos, el llamado spread financiero, más que por una expansión significativa del crédito hacia la economía real.
En cambio, sectores como la industria (-4%), la construcción (-1%) y el comercio que se mantuvo sin cambios, mostraron un desempeño débil hacia el cierre del año.
Visto de esta manera, el crecimiento reciente parece apoyarse más en actividades vinculadas a los recursos naturales y a las rentas financieras que en una expansión sostenida de la producción y el empleo.
Estas diferencias se reflejan en la vida cotidiana: en industrias que todavía no logran recuperar sus niveles de actividad, en comercios de barrio que venden menos que hace un año y en hogares que comienzan a mostrar mayores niveles de morosidad en créditos de consumo básico, algo que no se observaba desde 2020.
Detrás de los promedios macroeconómicos, la dinámica sectorial expone una economía donde la recuperación no se distribuye de manera homogénea.
A medio siglo del golpe, el 24 de marzo sigue siendo una fecha para recordar lo que ocurrió, pero también para reflexionar sobre las consecuencias que dejaron aquellas decisiones y sobre las que se toman en el presente.
La memoria, en ese sentido, no sólo interpela a la política y a los derechos humanos, sino también a la estructura económica que comenzó a gestarse en aquellos años.
La pregunta que esta fecha vuelve inevitable es qué tipo de economía estamos construyendo hoy y quiénes quedan dentro, y quiénes fuera, de ese proceso.

