La Patagonia argentina, eje caliente de la disputa por la hegemonía global
Por recursos naturales y relevancia geopolítica, la Patagonia es la región de mayor proyección estratégica de nuestro país. Pero se encuentra hoy cruzada por una serie de conflictos sociales y económicos, que tienen como eje el aprovechamiento y la ocupación efectiva de territorios poco poblados, que replican esencialmente conflictos globales sobre los que Argentina tiene muy poca incidencia y que esencialmente mira desde lejos.
Un rápido relevamiento por las noticias que llegan desde el Sur muestra: el conflicto con los autodenominados mapuches en la Cordillera; la presencia militar de las dos potencias globales en nuestro territorio -China en Neuquén y la OTAN en las Islas Malvinas-, pesca ilegal extranjera en nuestro Mar Argentino e intentos de bloquear emprendimientos productivos por parte de grupos ambientalistas violentos financiados por fundaciones europeas y estadounidenses.
Ante un vasto y rico territorio que el mundo ve como vacío, se multiplica la presencia irregular extranjera, que pretende mediante acciones violentas concretas disolver la presencia del Estado argentino en la región. Los grupos indigenistas, con mal disimuladas oficinas de fundrising en Londres, son la punta de lanza de un movimiento que busca reemplazar a la población afincada allí desde hace casi dos siglos. En la meseta central, la fundación Rosa Luxemburgo del partido Die Linke de Alemania -que se financia con aportes estatales- moviliza en la defensa de difusos derechos ancestrales de esos grupos el bloqueo violento a los proyectos de desarrollo económico en la zona con la excusa de calentamiento global.
Mientras tanto, se refuerza la presencia militar británica en el Atlántico Sur y Chile retoma la cooperación militar con Estados Unidos, en un avance que incluyó al final del invierno un inédito ejercicio militar de alta montaña poco difundido a metros de la frontera argentina. En paralelo, lanza una ofensiva diplomática para cerrar el acceso argentino al mar austral y proyectarse al Atlántico.
La situación es tan grave que, con solo mirar un mapa, cualquiera puede darse cuenta que por estos días el futuro de la Argentina se juega en la Patagonia. Si estos conflictos no se resuelven favorablemente, nuestro país quedará sin acceso directo a la Antártida y encajonada casi como un país mediterráneo al tener bloqueado por potencias extranjeros su acceso al mar abierto. Si la situación con los grupos terroristas indígenas no se resuelve rápidamente, se cierne también una amenaza sobre el efectivo control de territorio continental.
Como bien señala el profesor Juan Tokatlián de la Universidad Torcuato Di Tella, en su artículo Eje de una política para Malvinas, Argentina necesita imperiosamente, además de fortalecer sus Fuerzas Armadas, “acumular recursos tangibles que puedan trasladarse al terreno internacional. No usó el largo ciclo democrático de tres décadas para constituirse en una potencia emergente del Sur. Estado y sociedad deberían entender que, a mayor prosperidad socioeconómica, mejores probabilidades de recuperar pacíficamente las islas.” (La Nación, 12 de mayo de 2014)
Un buen primer paso será dejar de mirar con candidez las acciones terroristas indígeno-ambientalistas, que tienen por objetivo tornar ingobernable -y por lo tanto facilitar luego la ocupación extranjera- a la región de mayor proyección estratégica de nuestro país. Porque Argentina sin la Patagonia está condenada a la absoluta irrelevancia internacional, la pobreza y el atraso. Argentinos, oficialistas y opositores, a las cosas.
* Hernán Etchaleco es consultor e Integrante de Ipe21

