Las extraordinarias le dieron al Gobierno más alegría por las formas que por los contenidos

El Presupuesto se aprobó, pero muy lejos de los cánones libertarios. El Gobiereno debe definir cómo reasigna partidas 

gbuttazzoni

El primer capítulo de las sesiones extraordinarias dejó una celebración por parte del oficialismo que denota un aprendizaje de las reglas de la política muy por encima de los logros alcanzados en el cierre del año. El Presupuesto 2026, el primero de la gestión libertaria, fue sancionado por ambas Cámaras. Junto a la vital iniciativa también se aprobó el proyecto de Inocencia Fiscal, a partir del cual el oficialismo espera que, de una vez, aparezcan en la economía los dólares que los argentinos "guardan en el colchón".

A primera vista, el caluroso diciembre justificó la compra de un buen champagne. Y si bien los títulos lo ameritan, el hilado fino dejó dudas que La Libertad Avanza supo disimular fingiendo jolgorio.

Por el lado de la celebración, el dato más trascendente pasó por la confirmación de que el nuevo mapa del Congreso dejó al peronismo globalmente debilitado, una realidad nunca antes vista en la Argentina democrática. Esta realidad tiene su punto culminante en el Senado, donde el oficialismo alcanzó 46 votos para aprobar el Presupuesto, generando fisuras en Popular, el interbloque que conduce José Mayans, que poco a poco se va inmolando, cada vez más en minoría, por priorizar los mandatos de Cristina Fernández.

Tal vez sea el motivo más importante de celebración para Javier Milei. Y no es poco. Sin embargo, el contenido del Presupuesto está lejos de las aspiraciones presentadas por el Gobierno. El rechazo del estratégico capítulo XI en Diputados había dejado al Presidente sin nada. Ratificadas las leyes de financiamiento universitario y emergencia en materia de discapacidad, entre otros puntos, el rezo del superávit fiscal se hizo añicos.

Un Milei auténtico hubiera reaccionado a los gritos, pleno de ira. En cambio, pasó de recitar la fe libertaria a la alegre celebración de la herejía populista. "Se terminó la estafa de la política a los argentinos de bien", sentenció luego de la aprobación. Tras la estrepitosa mala praxis en Diputados, donde tenía todo para ganar, Milei hizo, a lo sumo, un máster el política argentina.

La realidad dirá, el próximo año, qué tan dolorosos serán los ajustes a poner en marcha para compensar la caída del capítulo XI. Será problema de 2026 (otra lección aprendida). La construcción de la mayoría, en especial en Diputados, no parece afín a la convalidación sumisa de los imperativos del Ejecutivo.

"Se podrán reasignar partidas, pero el Presupuesto debe salir sí o si", había señalado Diego Santilli horas antes de la sesión en el Senado. Y así salió, a imagen y semejanza de uno de los principales referentes de la realpolitik argenta. Con los convencidos del modelo poniendo cara de alegría.

Tampoco salió como estaba previsto el tratamiento de la reforma laboral, que fue pateada para febrero, en la búsqueda de cerrar acuerdos que garanticen los votos para aprobarla. La dilación, claro está, solo puede preanunciar otro paquete de sonrisas forzadas en el capítulo 2 de las extraordinarias. Pero todavía está por escribirse.

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