Las metáforas en peligro
La velocidad digital y la inteligencia artificial podrían estar cambiando nuestro lenguaje y que entender lo figurado sea cada vez más complejo
¿Es posible que, con el advenimiento de las nuevas tecnologías, la inteligencia artificial, la velocidad aumentada de casi todas las acciones, el multitasking y las exigencias de la sociedad, que impactan en la intolerancia al diálogo, en la ansiedad y en el "todo ya", haya sido afectada la comprensión de las metáforas?
El lenguaje retórico de las metáforas, figuraciones e ironías genera en nuestro cerebro posibilidades diferentes y mucho más complejas que el lenguaje convencional. Las contradicciones son un constructo permanente de nuestro discurso.
Muchas veces aparecen como instancias justificables, consecuencia de nuestras vidas; otras, como hipótesis de trabajo o como metáforas. Aunque, en ocasiones, constituyen trampas lingüísticas típicas de las mentiras o de las tretas de quienes conocen los sesgos cognitivos y los utilizan para falsear y/o ocultar información, generando mentiras completas o verdades a medias.
Las metáforas políticas
Por ejemplo, en la política se utilizan permanentemente metáforas. Existen las de tipo bélico: "la madre de todas las batallas", "frente político", "cruzada"; otras médicas: "cirugía mayor", "terapia intensiva", "precisión quirúrgica"; y otras despreciativas, como las xenófobas: "interceptar" o "detectar inmigrantes", entre otras. Muchas de ellas constituyen lo que el lingüista George Lakoff llama "metáforas zombies", que se repiten a destajo a partir de su instalación lingüística en los medios de comunicación.
Es muy interesante citar a George Lakoff y a su coautor Mark Johnson en su libro Metáforas por las que vivimos: "La mayoría de la gente piensa que puede arreglárselas perfectamente sin metáforas. Nosotros hemos llegado a la conclusión de que la metáfora, por el contrario, impregna la vida cotidiana, no solamente el lenguaje, sino también el pensamiento y la acción".
Algo similar sucede con los oxímoron, como por ejemplo "muerto viviente" o "noche blanca", que contienen funciones cognitivas que activan zonas diferentes a las del lenguaje convencional. En principio, debemos conocer dos premisas importantes. La primera es que las frases metafóricas ingresan como una unidad diferente a las palabras individuales. La segunda es que este tipo de expresiones activa partes del cerebro en redes de ambos hemisferios.
El neurolingüista alemán Dieter Hillert plantea que las oraciones figurativas y/o polisémicas activan zonas del hemisferio izquierdo, especialmente el lóbulo frontal y el temporal superior, pero también encienden regiones frontales y temporales derechas. Además, es interesante observar que los niños pequeños, que tienen inmadura la conexión interhemisférica del cuerpo calloso, no comprenden correctamente las consignas figuradas. Algo parecido sucede en personas adultas con adelgazamiento de esta estructura por cuestiones patológicas.
Las figuras retóricas generan, entonces, un proceso que impacta en otros sectores del cerebro. Las metáforas conciben el "es como que"; es decir, modismos que presentan un significado figurativo, como "en casa de herrero, cuchillo de palo". Existen además frases figuradas imposibles, pero con un significado preasignado, como "cabeza llena de pajaritos", que activan un solo concepto semántico, como si se tratara de una sola palabra.
Qué zonas se activan
Estas oraciones figuradas activan más zonas hemisféricas y además lo hacen de forma más duradera, dada la complejidad de las conexiones que implican. Es decir, incluyen más áreas cerebrales, incorporan ambos hemisferios y muy probablemente zonas afectivas subcorticales amigdalinas, impactando en los sistemas emocionales y de creencias.
Un oxímoron es una contradicción gramatical que consiste en utilizar dos conceptos de significado opuesto en una sola expresión, por ejemplo "muerto viviente". En la revista NeuroImage, científicos del Basque Center on Cognition, Brain and Language publicaron que el oxímoron generaría una intensa actividad eléctrica en el área frontal izquierda del cerebro, una función que no se activó cuando se trató de una expresión neutra o incorrecta.
En un trabajo realizado por Nicola Molinero en ese mismo centro, observaron que las oraciones convencionales duran en electroencefalografía apenas 150 milisegundos, activando únicamente las zonas del lenguaje características, como el temporal izquierdo. Sin embargo, las frases paradójicas u oxímoron, como por ejemplo "monstruo-hermoso", activan otras zonas del hemisferio temporal y frontal derecho, y durante más tiempo. Algo parecido sucede con los pleonasmos, que refuerzan una idea, como "monstruo-horrible".
Existe un conocido trabajo de un grupo de Harvard coordinado por Jean-Baptiste Michel, que describió que más de la mitad de las palabras halladas en Google sobre una base de cinco millones de libros en inglés, exceptuando nombres propios, no tiene correlato en el diccionario, constituyendo lo que denomina "materia léxica oscura".
El cerebro recibe información no solo de los sentidos, sino también de toda la actividad motora consciente e inconsciente, creando un ciclo de retroalimentación. Las respuestas motoras y emocionales pueden ser detectadas incluso antes de que nuestra conciencia las registre, lo que sugiere que poner una "buena cara" no solo tiene beneficios sociales, sino que también mejora nuestro estado emocional.
La comprensión de cómo las sensaciones corporales influyen en el aprendizaje es crucial. Diversos estudios han demostrado que el uso de metáforas corporales y el aprendizaje a través del tacto mejoran significativamente la comprensión y la retención de la información.
El lenguaje humano es una premisa central de la intersubjetividad y de la posibilidad de intercambiar información aprendida para luego transmitirla a generaciones sucesivas, ampliando su contenido y variabilidad. Este modo acumulativo de aprendizaje, a través de su "impulso cultural", ha servido para el desarrollo de la cognición del Homo sapiens.
Durante un diálogo, primero surge la idea en las cortezas cognitivas de asociación, como el lóbulo prefrontal. En segundo lugar, se activan las cortezas cerebrales del lenguaje, como las áreas de Wernicke y Broca. Finalmente, intervienen las estructuras cerebrales vinculadas con lo social, como la corteza cingulada posterior, la amígdala -que emociona y favorece la empatía- y la corteza del precúneo, que activa funciones de integración sensorial y de contexto interno-externo, vinculadas con el self y la cognición social.
Todas estas áreas se activan en las resonancias magnéticas cerebrales en el contexto del diálogo social y también lo hacen cuando se imagina una conversación.
Las contradicciones en el discurso son habituales en la construcción del lenguaje interior y también en el diálogo intersubjetivo. Conocerlas y poder discernirlas ayudará a descubrir conceptos que impactan en nuestras decisiones. Las contradicciones son utilizadas frecuentemente para generar posverdades que producen espacios discursivos carentes de verdad, pero capaces de generar tendencias sociales de alto impacto. El concepto de verdad es complejo, pero adquiere validez en la posverdad porque, justamente, sus creadores intentan instalar conceptos que ellos mismos consideran falsos.
¿Es posible, además, que la musicalidad de nuestro lenguaje, la velocidad del diálogo o la falta de escucha -como parte esencial de la comunicación- y, fundamentalmente, la imposibilidad de transmitir esa musicalidad en WhatsApp y en las redes sociales, donde no se perciben las entonaciones ni las exclamaciones que pueden modificar absolutamente el significado de las expresiones, también impacten en la metáfora y en la capacidad de comprenderla en la sociedad?
Es así como quizás se han perdido las metáforas, los "es como que" y la posibilidad de entender que una idea semántica no siempre se expresa mediante un lenguaje directo y lineal. La pérdida de estas metáforas puede ser decisiva en las relaciones humanas y en la intersubjetividad que acompañó al Homo sapiens durante toda su existencia.


