Las grandes mayorías que no optan por los extremos
Para el razonamiento lineal y economicista de Milei, lo más preocupante debe ser el constante plebiscito del mercado del dólar
A esta altura de la "soirée", desconocer que el fenómeno encarnado por Raúl Alfonsín en 1983 culminó una serie de coincidencias mayoritarias en el diagnóstico social (guerra en Malvinas, terrorismo de Estado, desaparecidos, violaciones sistemáticas a los derechos humanos, destrucción del tejido social y productivo de -la nación, pacto sindical-militar para sostener la autoamnistia dictada por Reynaldo Bignone, fin de la censura) es gastar tiempo y saliva inútilmente.
Aún así, algunos rasgos anécdoticos de la campaña electoral siguen instalados en el imaginario colectivo como puntos de quiebre o vértices definitorios del abrumador resultado obtenido por el líder de la Unión Cívica Radical.
La denuncia del pacto sindical-militar recibió como respuesta un paro sorpresivo de los gremios del transporte el día en que Alfonsín se presentaba en un multitudinario acto celebrado en Ferro. La Juventud Radical que llenó el estadio, las gradas y las inmediaciones llegó en su mayoría caminando, aún desde la provincia de Buenos Aires, entonando un viejo eslogan futbolero y escatológico " ....el paro se lo meten en el c...." No creo que Javier Milei, de a penas 13 años, dictara el guión de aquel cántico. Todo eso un mes antes del batacazo en las urnas. Pero más anecdótico aún resultó la quema del cajón fúnebre pintado de rojo y blanco y con la sigla UCR ante una marea humana durante el acto de cierre del PJ realizado en la 9 de Julio. El candidato a gobernador Herminio Iglesias le puso la frutilla a la torta que la sociedad venía amasando para elegir quién sería el encargado de conducir la reposición de las libertades y la democracia en el país.
En época de vapeo, sin encendedores a mano, el Presidente olvidadizo o muy mal asesorado retomó la metáfora mortuoria de aquella imagen de la derrota. Es verdad que el PJ, afecto a las cercanías de ritos y prácticas ocultistas, ya había sufrido el derrotero del cadáver de Evita y la desaparición de las manos de Perón en ocasiones históricas, más cercanas a las proscripciones, los mensajes mafiosos y las brujerías que a las elecciones, pero siempre con un aura cercana a la muerte y algún culto o fetiche referidos a ella.
Volviendo al presente, fue el anarcolibertario quien propuso ponerle el último clavo al cajón del kirchnerismo y recibió un golpe brutal en la elección bonaerense. La furiosa polarización política doméstica, filosofada por Laclau y potenciada por los CEO de las grandes tecnológicas, con algoritmos que fijan su objetivo empresarial en el lucro generado a través de la interacción constante multiplicada en la controversia y el odio, dejan oculto un porcentaje mayoritario de la sociedad que no opta por los extremos y se expresa de múltiples formas fuera de las pantallas y de las encuestas.
Partidos u opciones minoritarias, en muchas ocasiones con personalismos que no construyen alternativas, (como en el último balotaje o en la reciente elección bonaerense), el voto en blanco y el impactante ausentismo conforman una mayoría silenciosa que no quiere definirse por la descripción antagónica del enemigo.
Para el razonamiento lineal y economicista de Milei, lo más preocupante debe ser el constante plebiscito del mercado del dólar. Kicillof deberá sopesar el desafío de cortar cuerdas con la indiscutible líder de un sólido (aunque minoritario) porcentaje de la ciudadanía y sumarse como uno más de los mandatarios provinciales a un espacio en el que no es mayoría y le guardan mucha aprehensión. Un monton de dudas y de expectativas que apenas se empezarán a disipar después del 23 de octubre. Un rumbo previsible con acuerdos duraderos.
Porque los muertos que vos matais, gozan de buena salud.

