Suicidio y juventud: el desaf韔 de una sociedad en peripandemia
La salud mental juvenil es un desaf韔 colectivo. No alcanza con la atenci髇 cl韓ica individual. Se necesitan pol韙icas p鷅licas que reduzcan desigualdades.
"La esperanza es el sue駉 del hombre despierto"
-Arist髏eles
Este jueves 10 de septiembre se conmemora el D韆 de la Prevenci髇 del Suicidio. En los 鷏timos tiempos han aparecido datos que muestran que, en nuestro pa韘, el suicidio entre adolescentes y j髒enes est� creciendo hasta alcanzar e incluso superar par醡etros de mortalidad vinculados con los accidentes viales, que hist髍icamente constituyeron una de las principales causas de muerte en este grupo etario.
Al mismo tiempo, las muertes por suicidio llegan a triplicar las producidas por hechos violentos, particularmente los homicidios.
Este escenario resulta especialmente alarmante. No solo exige profundizar las estrategias de prevenci髇 y detecci髇 temprana, sino tambi閚 avanzar hacia un verdadero diagn髎tico social y cultural que permita interrogarnos acerca de por qu� nuestra sociedad est� atravesando una problem醫ica de semejante gravedad. Comprender las causas que subyacen a este fen髆eno -sociales, familiares, educativas, econ髆icas y culturales- constituye un paso indispensable para dise馻r respuestas eficaces y sostenidas.
Probablemente, el mayor fracaso de los tratamientos de la salud mental sea el suicidio de las personas. Existen grupos con mayor riesgo. Ancianos, hombres solos y personas con estr閟 cr髇ico presentan mayor riesgo de autoagresiones.
Es tarea de los m閐icos aprender a descubrir estos problemas a tiempo y tratarlos adecuadamente, as� como reconocer a las poblaciones de riesgo para prevenir estos fracasos y ofrecer una mayor posibilidad de rehabilitaci髇 psicosocial.
Conciencia de la muerte
El ser humano es el 鷑ico ser biol骻ico que tiene una clara conciencia de que va a morir. De ah� que el fil髎ofo existencialista Heidegger haya planteado el mayor problema del humano como la angustia de finitud. El sistema nervioso es una estructura que toma decisiones en pos de la supervivencia. Sin embargo, existen circunstancias que llevan a las personas a terminar con su vida, es decir, a autoagredirse. En estas circunstancias se estar韆n eludiendo funciones instintivas de supervivencia.
Existen situaciones que determinan una tristeza tan importante e incoercible que llevan a las personas a tomar decisiones fatales. En cierto modo, el suicidio es la imposibilidad de encontrar una soluci髇 adecuada y a tiempo.
Se sabe que existen marcadores de riesgo para la autoagresi髇. Uno de ellos es la edad, pues aumenta en la vejez y la adolescencia. Otro factor de riesgo detectable es padecer una enfermedad ps韖uica acompa馻nte, especialmente depresi髇 o esquizofrenia, m醩 a鷑 si est� asociada a alguna adicci髇. Por ejemplo, el alcoholismo aumenta claramente el riesgo. Adem醩, la soledad incrementa el riesgo de autolesi髇.
John Mann, psiquiatra de la Universidad de Columbia en Nueva York, describi� alteraciones de la funcionalidad de la serotonina en pacientes suicidas, m醩 marcadas que en depresivos sin intento de autoagresi髇. Asimismo, estudios post mortem revelan disminuciones de este neurotransmisor.
La adolescencia se ha convertido en una etapa central para comprender los desaf韔s de la salud mental. Es un mundo en construcci髇, donde confluyen los cambios biol骻icos, emocionales y sociales m醩 intensos del ciclo vital.
Adolescencia prolongada
A diferencia de otras especies, los seres humanos atravesamos una adolescencia prolongada. El l骲ulo prefrontal, encargado de planificar, controlar impulsos y tomar decisiones, alcanza su madurez reci閚 hacia los 25 o 30 a駉s. Mientras tanto, predomina el sistema l韒bico, regulador de las emociones. Esta asincron韆 explica la impulsividad, la b鷖queda de sensaciones y la intensidad emocional caracter韘tica de los adolescentes.
Un punto clave para comprender la situaci髇 actual fue el proyecto OLA (Optimising Local Adolescent Mental Health), una investigaci髇 internacional llevada adelante en Buenos Aires, Bogot�, Lima y Londres, con la participaci髇 de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, la Queen Mary University of London, la Universidad Javeriana de Colombia y la Universidad Peruana Cayetano Heredia.
El estudio incluy� a m醩 de 2.000 j髒enes en barrios vulnerables y mostr� que la ansiedad y la depresi髇 estaban estrechamente vinculadas con la exposici髇 a violencia, el consumo de drogas y el uso excesivo de redes sociales. En contraste, la pr醕tica deportiva y las redes de apoyo social actuaron como factores protectores fundamentales. Un hallazgo inquietante fue que solo el 40% de los adolescentes con malestar se recuperaba en dos a駉s, lo que evidencia la tendencia a la persistencia de los s韓tomas en este grupo.
El entorno social puede agravar o mitigar estas vulnerabilidades. La pandemia de COVID-19 fue un ejemplo claro: el aislamiento social, la interrupci髇 de la escolaridad, la incertidumbre global y la angustia de finitud incrementaron la fragilidad emocional. Hoy nos encontramos en "peripandemia", pues, si bien el proceso infeccioso termin�, impactan fuertemente los factores sociales y culturales de la pandemia.
La prevenci髇 requiere detectar marcadores de riesgo: intentos previos, se馻les verbales de desesperanza, aislamiento y consumo problem醫ico de alcohol o drogas. Existen muchos m醩 intentos que muertes. Por cada suicidio existir韆n de 10 a 20 intentos de autoagresi髇. Es clave la necesidad de acompa馻miento en la red social de la persona, dado que la soledad incrementa el riesgo de autolesi髇.
Se consideran marcadores los antecedentes de haber padecido un intento previo o de estar comentando o dando se馻les de no querer vivir m醩. La principal causa de suicidio es la depresi髇 grave, pero tambi閚 los trastornos de la personalidad, situaciones graves de estr閟, esquizofrenia y adicciones, entre otras, son situaciones de riesgo. Especialmente en personas que se encuentren sin red social, en situaciones de estr閟 grave, con dificultades laborales o monetarias.
La salud mental juvenil es un desaf韔 colectivo. No alcanza con la atenci髇 cl韓ica individual. Se necesitan pol韙icas p鷅licas que reduzcan desigualdades y garanticen educaci髇, empleo y vivienda digna; acci髇 comunitaria que abra espacios para el deporte, el arte y el encuentro social; prevenci髇 educativa en escuelas sobre regulaci髇 emocional, autocuidado y resiliencia; y servicios de salud accesibles, con rapidez de respuesta.
Hablar de salud mental adolescente no es solo atender s韓tomas, sino transformar condiciones de vida que generan sufrimiento: pobreza, violencia, inseguridad y desigualdad. Ahora, especialmente, juegos en l韓ea y endeudamiento.
La prevenci髇 del suicidio recuerda la urgencia de actuar antes de que el dolor se cronifique. Mejorar la salud mental juvenil es una de las tareas m醩 urgentes de nuestra 閜oca. Es un compromiso que involucra a la ciencia, la pol韙ica y la sociedad entera, para sostener a quienes transitan el complejo viaje de convertirse en adultos en un mundo incierto.


