Separatismo

Trump empuja a Canadá a un proceso de descomposición nacional

Quebec se prepara para un posible tercer referéndum de independencia, y una tormenta política estalla en el Oeste tras revelarse contactos secretos entre separatistas de Alberta y la administración norteamericana.

La noticia ha sacudido los cimientos de Ottawa esta semana. Líderes del Alberta Prosperity Project (APP), un grupo que busca la secesión de la provincia petrolera, han mantenido reuniones con funcionarios del Tesoro de los Estados Unidos a la búsqueda de una línea de crédito de $500.000 millones de dólares para financiar la transición hacia la independencia.

Jeff Rath, asesor del APP, fue tajante: "Estados Unidos está entusiasmado con una Alberta libre". Esta cercanía ha provocado reacciones furibundas; el premier de Columbia Británica, David Eby, calificó estos contactos como "traición", acusando a los activistas de invitar a una potencia extranjera a romper el país.

Mientras el Oeste mira hacia Washington, el este vuelve a sus raíces soberanistas. El Parti Québécois (PQ) encabeza las encuestas de cara a las elecciones de finales de 2026. Su promesa es clara: si ganan, habrá un tercer referéndum. A diferencia de 1995, el discurso se centra en la "supervivencia cultural" ante el fracaso del modelo federal, con un apoyo que ya roza el 35% y sigue subiendo.

Vale la pena hacer un repaso: hubo dos referendums anteriores. Uno en 1980, que proponía una independencia política con asociación económica con Canadá, y fue rechazado por casi el 60% de los votos. El segundo fue mas reciente y también mas ajustado. En 1995 con una participación histórica del 93.5% de los electores, el no a la independencia se impuso con el 50,6% contra el 49,4% de los independientistas, apenas 54.288 votos.

Pero es la posible independencia de Alberta la que mas inquieta al gobierno canadiense, porque su eventual autonomía implicaría una amenaza existencial para su economía. Analistas financieros de Toronto y Wall Street advierten sobre un "Efecto Dominó" en los mercados.

Es que Alberta contribuye con miles de millones anuales al sistema de coparticipación que sostiene a las provincias más pobres. Sin este flujo, Canadá enfrentaría una crisis de servicios públicos sin precedentes. Por otro lado, podría producirse una parálisis del petróleo, dado que Alberta es una nación sin litoral. Sus exportaciones dependen de oleoductos que atraviesan suelo canadiense. Una secesión hostil permitiría a Ottawa imponer peajes asfixiantes, obligando a Alberta a una "dolarización" y a una integración total e irreversible con el sistema energético de EE. UU.

En la misma línea y ante la incertidumbre política, el dólar canadiense (loonie) ha mostrado una volatilidad inusual, fluctuando cerca de los 1.37 por dólar estadounidense. En Wall Street, el sector energético observa con cautela; una Alberta independiente bajo el ala de Trump significaría petróleo más barato para Estados Unidos, pero una desestabilización masiva del índice S&P/TSX de Toronto.

El destino de la Confederación Canadiense se decidirá en los próximos 18 meses. Entre las presiones de Washington y el descontento regional, el país del arce se enfrenta a un dilema de corte existencial, ¿puede Canadá seguir existiendo como una sola nación?.

* Director de Relaciones Institucionales de Grupo Crónica

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