Un panorama sobre ingresos, inflación y cuidados
Hay una brecha de ingresos de aproximadamente catorce veces entre las familias que más y menos perciben
En los últimos días de 2024, el INDEC publicó los datos sobre la distribución del ingreso correspondientes al tercer trimestre del año y no fueron para nada alentadores de cara a los primeros meses de 2025.
Según indicó el informe, el ingreso promedio de la población fue de $414.785, una cifra considerablemente inferior a los USD1.100 mencionados días atrás por el Presidente. Incluso el promedio alcanzó los $1.018.694 entre los sectores de mayores ingresos, lo que equivale aproximadamente a USD904 tomando como referencia la cotización del dólar MEP al momento de la publicación del documento. A su vez, se registraron 9,8 millones de asalariados, destacándose una alarmante brecha de ingresos entre los que aportan al sistema jubilatorio y los que no.
Los trabajadores formales registraron un ingreso promedio de $810.560, mientras que aquellos en situación de informalidad percibieron apenas $334.819; es decir, un 58,7% menos. Sin lugar a dudas, la mejora de los ingresos de las personas que trabajan en la informalidad es un tema que requiere atención urgente, aunque parece estar ausente en la agenda de los funcionarios de la actual gestión.
En cuanto a la desigualdad de ingresos, el décimo decil (el 10% con más ingresos) concentró el 24,5% del total, mientras que el primer decil apenas alcanzó el 3,2%. Esto refleja una brecha de ingresos de aproximadamente catorce veces entre las familias que más y menos perciben, una cifra que se mantuvo sin variaciones frente al tercer trimestre de 2023. Por otro lado, el coeficiente de Gini, indicador que mide la desigualdad (donde 1 representa la máxima desigualdad), se ubicó en 0,435, mostrando una estabilidad en comparación con el mismo período del año anterior.
En lo que respecta a las brechas de género se observa que las mujeres aportan el 66,2% del ingreso individual dentro del 10% que menos gana, mientras que su participación en el décimo decil se reduce al 32,6%. Este dato refleja fenómenos como el techo de cristal: una barrera invisible pero real que limita el acceso de las mujeres a posiciones de liderazgo en el ámbito laboral, a pesar de su capacidad. Analizando el total de la población relevada, los varones percibieron el 57,4% de los ingresos, lo que significa que las mujeres ganaron un 27,7% menos que ellos. Cabe destacar que esta brecha, que había disminuido en los últimos años (alcanzando un 22,6% en el tercer trimestre del año anterior), se amplió nuevamente desde la asunción de Javier Milei como presidente, evidenciando un claro retroceso en materia de género en nuestro país.
Al analizar los ingresos por hogar, se observa una profunda desigualdad. Los hogares del décimo decil concentran el 30,2% del ingreso total, con un ingreso medio de aproximadamente $3,7 millones y un promedio de 3,3 integrantes por hogar. De este total, el 88,8% corresponde a ingresos laborales. En contraste, los hogares del primer decil reciben apenas el 1,9% del ingreso total, con un ingreso medio de $225.724, un promedio de 1,9 integrante por hogar y solo un 38,4% de ingresos provenientes de fuentes laborales.
Es alarmante que el ingreso medio de los hogares del primer decil sea significativamente inferior a la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que se ubicó en $349.686. Esto significa que muchos de estos hogares no logran superar la línea de indigencia. La CBA tuvo un aumento acumulado del 82,5% en los primeros once meses de 2024 y una variación interanual del 137,4%. Aunque estas cifras son elevadas, deben considerarse en el contexto de una inflación acumulada del 112% y una variación interanual del 166%. Además, al tratarse de una canasta exclusivamente alimentaria, no incluye costos como tarifas, transporte público ni alquileres, que han sido los rubros más perjudiciales para los sectores de menores ingresos.
Un último aspecto a considerar es el costo de la crianza. Según los datos de noviembre, criar un menor de hasta 12 años (incluyendo bienes y servicios necesarios, así como también el costo del cuidado en sí mismo) registró un promedio mensual de $429.858. Este monto pone el costo de la crianza fuera del alcance de las familias de los estratos bajos limitando la posibilidad de criar infancias de una manera digna a las personas de los estratos medios y altos.
Interanualmente, el costo de la crianza creció un 127,57%, un porcentaje inferior al aumento del nivel general de precios. Sin embargo, si se considera únicamente el incremento de los bienes y de los servicios esenciales, la canasta de crianza mostró una suba del 156,49%, impulsada principalmente por el peso de los alimentos en dicha canasta. En este contexto, la situación de los hogares más pobres, especialmente aquellos que son monoparentales, es alarmante y requiere atención urgente para evitar un agravamiento de las condiciones de vulnerabilidad.
