Una batalla tras otra: Trump y el desafío de las elecciones en las Américas
Este año hay cinco elecciones presidenciales en la región, incluidos dos países claves: Colombia y Brasil
El hemisferio occidental volvió a consolidarse como un territorio de conquista. La asistencia económica decisiva que Donald Trump otorgó a la Argentina -más precisamente al gobierno de Javier Milei- y la incursión en Venezuela con el objetivo de capturar a Nicolás Maduro son dos hechos relevantes que se explican por una misma lógica estratégica de Washington: la necesidad de construir aliados políticos regionales para frenar la expansión de China y garantizar el acceso a la explotación de recursos naturales.
En este tablero, lo útil y lo agradable pueden ir de la mano.
Trump dejó en claro su capacidad para influir en elecciones, condicionar agendas públicas y redefinir liderazgos políticos en América Latina. Sucedió de modo más directo, en lo verbal y en la intervención, como en los casos de Venezuela y de Cuba.
Incluso ya anticipó movimientos de cara a un calendario electoral cargado como lo hizo con las advertencias al presidente de Colombia, Gustavo Petro. Brasil aparece como la pieza más difícil de mover.
En 2026 hay cinco elecciones presidenciales en la región. Brasil cierra el calendario en octubre
A diferencia de otros procesos recientes en la región, en los que se verificó un giro hacia la derecha o la centroderecha, el escenario brasileño ofrece una resistencia inesperada a esa lógica.
Un informe de Balanz señala que, al menos por ahora, las chances de un cambio político en la principal potencia sudamericana son poco probables, incluso en un contexto regional favorable a discursos conservadores alineados con Washington.
Brasil no sigue el libreto regional
Mientras países como Argentina, Chile, Ecuador y Bolivia atravesaron procesos electorales con resultados del gusto de Estados Unidos -condicionados además por crisis económicas de distinto grado-, Brasil se encamina hacia 2026 con una dinámica distinta. No está exento de tensiones políticas, pero exhibe variables macroeconómicas que juegan a favor del oficialismo.
La convergencia de la inflación al rango meta del Banco Central durante los últimos meses de 2025 es uno de los factores centrales. Más aún si se considera que las expectativas inflacionarias tanto para 2026 como para 2027 se mantienen dentro de la banda de tolerancia, un dato clave para un electorado particularmente sensible a la cuestión económica.
Ese ordenamiento macroeconómico comenzó a reflejarse también en el humor social. Tras un marcado deterioro de la imagen del gobierno a comienzos de 2025, la tendencia se revirtió.
La depreciación del real hacia fines de 2024, asociada a los temores generados por la política fiscal, había golpeado a la administración de Luiz Inácio Lula da Silva. Sin embargo, ese impacto comenzó luego a disiparse. Las elecciones presidenciales en Brasil se celebrarán en octubre.
Lula, medio del conflicto con Trump
De acuerdo con una encuesta elaborada por la consultora Quaest, la imagen del gobierno de Lula mostró una recuperación sostenida durante la segunda mitad de 2025.
En diciembre, la aprobación alcanzó el 48%, mientras que la desaprobación se ubicó en el 49%, reduciendo de manera significativa la brecha negativa que en mayo había llegado a los 17 puntos porcentuales.
La imagen positiva del gobierno escaló ocho puntos entre mayo y diciembre, hasta alcanzar el 34%, mientras que la negativa cayó cinco puntos, hasta el 38%. Paradójicamente, el conflicto con Trump terminó jugando a favor de Lula. Los aranceles impuestos por Estados Unidos a Brasil, en simultáneo con los avances judiciales contra Jair Bolsonaro, reconfiguraron el escenario político interno.
Lejos de debilitar al mandatario brasileño, la presión externa reforzó su perfil como defensor de los intereses nacionales, un activo político clave en un año preelectoral.
Trump y la estrategia hemisférica
Trump no oculta su objetivo político y comercial, basado en una lógica de alineamientos explícitos. América ya no es solo Estados Unidos: son las Américas, concebidas como un espacio estratégico en el que Washington busca imponer condiciones.
Durante este año se celebrarán varias elecciones presidenciales en la región:
- 1° de febrero en Costa Rica
- 2 de abril en Perú
- 31 de mayo en Colombia
- 30 de agosto en Haití
- 4 de octubre en Brasil
Brasil representa el premio mayor, tanto por su peso económico como por su rol dentro de los BRICS, su relación estratégica con China y su influencia decisiva sobre el Mercosur.
El país gobernado por Lula fue, además, uno de los principales impulsores del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea que acaba de concretarse. Por eso no resulta casual que Javier Milei, principal aliado regional de Trump, se haya convertido también en el primer adversario político de Lula en este nuevo escenario hemisférico.

