¿Y si Putin entregó a Maduro?
El ex líder venezolano era aliado estratégico del Kremlin. ¿Hasta que Trump resultó ser un mejor aliado?
A tres semanas de la espectacular extracción de Nicolás Maduro por fuerzas especiales estadounidenses, el mundo sigue preguntándose cómo el hombre más custodiado de Sudamérica fue capturado en apenas 47 segundos. Mientras el Pentágono celebra el éxito de la "Operación Resolución Absoluta", una tesis cobra fuerza en los pasillos de la inteligencia internacional: la inteligencia rusa no fue derrotada, sino que decidió apartarse o incluso, fue clave en la provisión de información a los norteamericanos para el éxito de la operación.
Durante años, la seguridad de Maduro no dependió solo de lealtades internas, sino de un robusto andamiaje técnico y humano proporcionado por el Kremlin. Se estima que, hasta diciembre de 2025, el volumen de la presencia rusa en Venezuela incluía más de cien asesores de inteligencia de los temibles GRU y SVR), muchos de ellos especializados en contrainteligencia y guerra electrónica encargados de blindar las comunicaciones presidenciales.
Además, existían en el terreno contratistas militares privados, efectivos vinculados a estructuras derivadas del Grupo Wagner, quienes funcionaban como el último anillo de seguridad en búnkeres y casas de seguridad.
Y, por otro lado, el régimen venezolano contaba con defensa antiaérea rusa. El sistema S-300VM y una red de radares que, en teoría, hacían de Caracas un espacio aéreo impenetrable.
Sin embargo, el 3 de enero, este "escudo" colapsó, o se relajó, o jugó otro rol. La inteligencia estadounidense neutralizó los radares sin disparar un solo misil, lo que ha llevado a expertos a sugerir que Washington poseía las "llaves" del software, posiblemente facilitadas por una filtración desde el propio origen.
Analistas y fuentes de inteligencia sugieren que la captura de Maduro no fue una falla técnica, sino un movimiento pragmático de Vladímir Putin. Con la economía rusa bajo presión y la necesidad de negociar un nuevo equilibrio en el conflicto de Ucrania, Maduro podría haber pasado de ser un aliado estratégico a una moneda de cambio.
El papel de las fuerzas rusas en Venezuela era, ante todo, preventivo. Su presencia servía como un "cable trampa": cualquier ataque contra Maduro corría el riesgo de herir a personal ruso y provocar una crisis global. El hecho de que la administración Trump procediera con la operación sugiere que existían garantías previas de que Rusia no respondería militarmente.
La reacción oficial de Moscú, que calificó el arresto como un "acto de brutalidad", contrasta con su inacción en el terreno. Hoy, mientras Maduro enfrenta cargos en Nueva York, los asesores rusos han comenzado un discreto repliegue desde las bases de La Guaira y Maracaibo, dejando tras de sí la incógnita de si fueron superados por la tecnología de la CIA o si, simplemente, decidieron que el ciclo del chavismo había terminado.

